Los hermanos Benjumea Benjumea vertebran su nuevo holding para invertir en centros de datos
Rafael y José Benjumea, nietos del fundador de Abengoa y reputados inversores en renovables, han activado sociedades para desarrollar centros de datos
Montaje realizado por Economía Digital.
Los hermanos Rafael y José Benjumea Benjumea, nietos del fundador de Abengoa, acaban de dar el salto al mercado de los centros de datos, según ha podido conocer este medio.
Según consta en el Registro Mercantil, ambos han asumido la administración solidaria de varias sociedades, entre ellas Aquilon Project Iberia y CSM Holding, cuyo objeto social ha sido reescrito para centrarse exclusivamente en el desarrollo, diseño, gestión, construcción y explotación de edificios acondicionados como centros de proceso de datos (CPD).
El movimiento, discreto en las formas pero relevante en el fondo, convierte a los Benjumea en el último gran nombre en sumarse a la carrera por el liderazgo digital de España, un mercado que pasará de 314 MW de capacidad instalada en 2025 a más de 2.166 MW en 2030.
La operación se ha articulado mediante la adquisición de shelf companies ya constituidas a Paula García Zabala.

El contexto no podría ser más favorable. Madrid se ha consolidado como hub digital entre América, Europa y África, y la demanda de capacidad de computación no da señales de moderarse, impulsada por la explosión de la inteligencia artificial generativa.
Los centros de datos ofrecen rentabilidades superiores a las del inmobiliario tradicional, con contratos de arrendamiento de entre 15 y 20 años firmados con inquilinos de máxima solvencia como Microsoft, CoreWeave o Google.
La estructura de varios vehículos diferenciados bajo una misma administración sugiere una arquitectura modular, donde cada sociedad podría vehicular un activo o una fase distinta.
Nombrar a los Benjumea ha sido durante años sinónimo de Abengoa, la multinacional sevillana que presidió su tío Felipe. Pero Rafael y José llevan tiempo escribiendo su propio capítulo.
Rafael es hoy presidente de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) y socio fundador de Benbros, la plataforma de inversión familiar que junto a Great Capital gestiona activos por valor de miles de millones de euros. Su credencial más valiosa es Fotowatio (FRV), una de las mayores empresas de renovables del mundo, que fundó y vendió con una rentabilidad ejemplar.
José, por su parte, es CEO de Powen, compañía líder en autoconsumo solar en España, y representa el perfil operativo del tándem: especialista en el despliegue de infraestructuras energéticas a gran escala. Juntos han trabajado junto a gigantes como Qualitas Energy o ACS, lo que da una medida exacta del calibre de sus operaciones.

Su entrada en el mercado de centros de datos no es solo la diversificación de una familia de inversores. Es, ante todo, una señal de que el principal cuello de botella del sector en España, el acceso a potencia eléctrica, puede tener solución.
Los centros de datos necesitan megavatios masivos en puntos muy concretos de la red, y conseguirlos implica navegar un sistema regulatorio y administrativo que Rafael Benjumea conoce mejor que casi nadie. Décadas negociando conexiones para cientos de megavatios fotovoltaicos le han dado el conocimiento, las relaciones y los tiempos que en este mercado valen tanto como el propio suelo.
Los Benjumea, cara a cara con los grandes
El campo de juego en el que aterrizan los Benjumea está ya muy poblado. Amazon Web Services construye en Zaragoza el mayor centro de datos del país, con 369 MW previstos para 2030.
Blackstone, a través de su filial QTS, despliega otros 162 MW también en Zaragoza. Merlín Properties, con su ambiciosa Diagonal Digital Ibérica que conecta activos en Bilbao, Barcelona, Madrid, Zaragoza y Lisboa, prevé alcanzar los 730 MW en 2032 e incluso estudia un megaproyecto de hasta 1,4 gigavatios en Navalmoral de la Mata con una inversión que podría rozar los 15.000 millones de euros.

ACS, Iberdrola e Iron Mountain completan un mapa competitivo donde los seis grandes operadores suman ya más de 1.100 MW de capacidad comprometida.
El motor de todo ello es la inteligencia artificial: según McKinsey, el 70% de la demanda futura de procesamiento provendrá de cargas de trabajo de IA avanzada, y escalar la infraestructura necesaria costará siete billones de dólares a nivel global.