La morosidad da un respiro a la banca, pese a la alerta de los supervisores

Empresas y familias, por ahora, están pagando sus préstamos, pero los bancos vigilan cómo les afectará la tormenta perfecta de inflación y subida de tipos

Pago con tarjeta bancaria. Foto: Pixabay.

Pago con tarjeta bancaria. Foto: Pixabay.

La amenaza de que subirá la morosidad lleva meses sobrevolando al sector bancario. Sin embargo, pese a las voces de alerta, las cifras que van conociéndose son optimistas. Ahora, la duda es qué ocurrirá en 2023 cuando a la galopante inflación se sume la subida de los tipos de interés y todo pueda acabar desembocando en mayores problemas, tanto para las familias como para las empresas.   

Los últimos datos del Banco de España, muestran una tendencia a la baja de la tasa de morosidad. Una línea descendente que contradice los peores augurios. Concretamente, en los bancos españoles este indicador se redujo hasta situarse en el 3,68 %, la cifra más baja desde diciembre de 2008, cuando registró un 3,37%. La cifra de noviembre también supuso una caída frente al dato de un año antes, un descenso de 61 puntos básicos, frente al 4,29% que marcó en noviembre de 2021.

Diversas voces venían alertando de posibles repuntes de este indicador dado que, una vez superada la pandemia, la guerra de Ucrania iniciada en febrero había hecho descarrillar todas las previsiones. Sin embargo, los datos macroeconómicos parecen haber resistido, con unas previsiones de crecimiento de PIB en 2002 alrededor del 5% y un mercado laboral que ha aguantado. 

En la última ronda de presentación de resultados de las entidades bancarias, los máximos directivos de las grandes entidades españolas defendieron que los datos, por el momento, estaban contenidos y relativizaron el problema que podría acabar generándose, por ejemplo, en el terreno hipotecario. Uno de los grandes negocios de la banca en España.

Onur Genç, consejero delegado de BBVA en la rueda de prensa posterior a la presentación de los resultados, descartó que el encarecimiento de las hipotecas se pueda convertir en un “problema excesivamente grave”.  En términos similares el que era consejero delegado de Santander, José Antonio Álvarez, también minimizó el impacto que podrían tener las subida de tipos en las hipotecas.

Qué pasará con el empleo  

Los expertos consultados ponen la vista ahora en el futuro. La duda está, por un lado, en ver qué ocurre con las previsiones económicas. Si se cumplen las perspectivas más optimistas, como la del Gobierno que pone el foco fuera de la recesión, o si el escenario macro más adverso acaba ganando terreno.  

“Es cierto que llevamos esperando esos siete males desde que se acabó la pandemia”, apunta Santiago Carbó, catedrático de Estudios Financieros de la Universidad de Valencia y director de estudios de Funcas, a Economía Digital. Carbó considera que suele ser necesario un detonador para que acabe por aparecer un problema como los impagos. En este caso, recuerda que entre 2008 y 2012 fue la explosión de la burbuja del ladrillo. Ahora, no parece haberlo.  

Por su parte, Joaquín Maudos,  director adjunto del IVIE y catedrático de la Universidad de Valencia, señala a varios factores que pueden contribuir a que no se haya dado este repunte. En el caso del préstamo a las familias (hipotecas y consumo), la tasa de paro se ha reducido en paralelo a un buen comportamiento del empleo. Así lo demuestran los datos de afialiados a la seguridad social. Por tanto, si el empleo agunta, también la capacidad de pago de las familias, explica el experto.

Respecto a la evolución de la morosidad en el caso de las empresas, el experto destaca que se han implementado medidas para amortiguar el impacto de la crisis, como moratorias. «Eso sin duda disminuye la vulnerabilidad financiera de las empresas y por tanto la morosidad», explica y añade que la intensidad de la recuperación en 2022 ha sido «mayor de lo inicialmente esperado, y eso afecta positivamente a la capacidad de pago de empresas y familias».

Con unos balances más saneados, según recordó el presidente de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), José Manuel Campa, los bancos han mostrado una cara más prudente en sus últimos años para tratar de evitar problemas de solvencia de cara a futuro.  

Aún así, Campa destacó que el entorno macroeconómico es “incierto” y que el devenir de este será el marque cómo afectarán los datos a la banca, por lo que volvió a pedir prudencia a las entidades y un aumento de las provisiones para estar preparados.  

La evolución de la deuda de las empresas

Los expertos de EY prevén que la morosidad sufra un repunte en 2023 y que se sitúe en el 4,5%, según estiman en el informe Ey European Bank Lending Economic Forecast. Eso sí, los datos están todavía lejos de los máximos que se alcanzaron en la anterior crisis cuando en 2013 se llegó a registrar un 13,61%.  

En general, Carbó apunta que ante la desaceleración que se va a producir, hay empresas endeudas y familias que pueden tener problemas, pero considera que si la economía no entra en recesión, o si esta es muy corta, y aguanta el mercado de trabajo, la morosidad puede resistir o repuntar, pero no de una manera significativa.  

Hay varios factores que pueden hacer repuntar los impagos. Por un lado, los vencimientos de los créditos avalados por el ICO, cuya carencia volvió a ser alargada por el Gobierno, a esto se suma que el contexto de elevada inflación complica la llegada a fin de mes de los hogares, pero también de las empresas, y sobre todo, de pymes.  

«De momento, los datos más recientes de variables que dan pistas sobre la evolución futura de la morosidad se están comportando bien. Por ejemplo, la tasa de refinanciación se está reduciendo así como el porcentaje de préstamos en especial vigilancia», señala Maudos.

En este sentido, el Banco Central Europeo ya ha puesto el foco en los préstamos bancarios que están en vigilancia, aquellos que pueden entrar en impago si no se solucionan los problemas o se renegocian. Los últimos datos regulador mostraron que el importe de los préstamos en vigilancia especial en el tercer trimestre alcanzó los 1.434 millones frente a los 1.399 millones del trimestre anterior, lo que supuso un aumento del 2,5% de un trimestre a otro.  

«Pero la evolución futura va a depender del cuadro macreconómico, y 2023 va a ser un año de intensa ralentización del crecimiento, y eso puede impactar al alza en la morosidad. Donde más problemas puede haber es en los préstamos con garantía pública que fueron concedidos a empresas en sectores vulnerables. De hecho, en esos préstamos la tasa de morosidad y sobre todo de especial vigilancia es mucho más alta. La buena noticia es que la banca tiene una elevada capacidad de resistencia con un buen colchón de provisiones constituido sobre todo en 2020», añade Maudos.

En el caso de España, hay que tener en cuenta que el tejido empresarial español está fuertemente marcado por las pymes que representan alrededor de un 99% de las firmas en nuestro país. La subida de precios unida al incremento del endeudamiento son los condicionantes que pueden hacer que estas empresas pasen por mayores dificultades.