Salvador Alemany: «Un sistema de retribuciones que incentiva el corto plazo es perverso»

El presidente de Abertis defiende una mayor transparencia en las empresas y asegura que "lo que legitima el beneficio es la asunción de la pérdida"

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La prudencia y el sentido común van de la mano. Equivale a buscar los diferentes ángulos de un problema, no a esquivarlos para no quedar salpicado. Salvador Alemany (Barcelona, 1944), aplica ese principio para abordar los retos de las empresas, que deben moverse en los mercados globalizados. Es presidente de Abertis, desde 2009, tras diez años como consejero delegado, una compañía que, según él mismo afirma, «ha construido un relato propio», con un objetivo a largo plazo. El grupo de infraestructuras vive ahora en un clima de optimismo, con inversiones en Francia, Brasil y Chile

El relato que defiende Alemany pasa por «respetar la dignidad de las personas», en compañías que, pese a todas las prevenciones, tienen un objetivo: generar riqueza y satisfacer a sus accionistas.

Proyectos a largo plazo

Alemany reflexiona sobre ello en el libro Inteligencia Empresarial, (Plataforma Editorial), en un toma y daca con el periodista económico Martí Saballs, director adjunto de Expansión. Una de las claves que Alemany defiende es que los proyectos empresariales deben tener «una base industrial». Se trata, como apunta en una entrevista con Economía Digital, de dotar a las compañías de un discurso de largo alcance, que «se transforma generando valor y que se orienta al largo plazo».

En esa tesitura, el presidente de Abertis considera que «un empresario que no pretenda que su empresa ayude a transformar y mejorar la sociedad tendrá muy poco recorrido».

Alemany, presente siempre en los foros de reflexión de la sociedad catalana, entiende que la sociedad se ha transformado en los últimos años de forma veloz, y que la exigencia para que el mundo económico, político y social sea mucho más transparente, se debe atender sin demora.

¿Cómo se retribuye a los directivos?

Una de las cuestiones que están sobre la mesa es la retribución a los altos directivos. El economista coreano Ha-Joon Chang, profesor en Cambridge, reflejó en su libro 23 cosas que no te cuentan del capitalismo (Debate), que satisfacer a los accionistas, con más y más beneficios, podía poner en peligro a la propia empresa a largo plazo. Y que los altos directivos acaban inflando los resultados, o buscando el beneficio rápido, para que los accionistas aprueben sus bonos.

Salvador Alemany considera que, efectivamente, las compañías deben saber reaccionar. «Acepto la gran influencia que tienen los directivos, pero el sistema ya camina hacia una gran transparencia, ante la Junta de accionistas, y ante el propio mercado. La transparencia puede llegar a ser incómoda, y crear sensación de inseguridad personal, pero permite el control, tanto de los accionistas minoritarios, como un control por parte de la sociedad».

No se puede vivir «con la necesidad del éxito permanente»

Este directivo huye de las generalizaciones. «Caso por caso», repite una y otra vez. Pero presenta algunas líneas rojas. «Sobre las retribuciones, la empresa privada si se equivoca, acabará recibiendo la consecuencia. La empresa que piensa de forma inteligente, debe respetar la dignidad de las personas, y tratar de conseguir que el incentivo sea razonable, siempre pensando en el corto, el medio y el largo plazo, con un relato de futuro».

Es decir, para el presidente de Abertis, una compañía cotizada, que él mismo define como «de marcha tranquila», y que ofrece unos dividendos al accionista que no suelen rebasar el 4%, «las empresas no pueden vivir con la necesidad del éxito permanente». Los premios, por tanto, a los directivos, deben guardar esa prudencia de la que hace gala. «Un sistema de retribuciones que incentiva el corto plazo es perverso», asegura, insistiendo en la necesidad de tener un «proyecto industrial de largo plazo».

El impuesto de sucesiones «no se puede eliminar del todo»

Alemany ha presidido estos años el Carec, el consejo de ‘sabios’ que impulsó el President Artur Mas para reactivar la economía, y que ha tenido una suerte desigual, porque el Govern ha acabado tomando medidas en función de las circunstancias y de los pactos entre CiU y ERC. Pese a ello, Salvador Alemany defiende con pasión controlada su visión de la política fiscal. Y critica que se perciba peor la riqueza que se logra en una sola generación, que la conseguida por una herencia. Eso afecta al largo debate que se vive en Cataluña sobre el impuestos de sucesiones.

«No se puede desincentivar a los que trabajan y que piensan en ayudar a los que vengan después, porque eso equivale a hacer empresa, pero también creo que una sociedad necesita recursos públicos, y, con mucha ponderación, entiendo que negar el impuesto del todo, no casa con una sociedad del bienestar», asegura. La solución para Alemany es «armonizar el impuesto en Europa, porque debería significar lo mismo vivir aquí que en Francia, o en otra autonomía española».

Los errores, si se asume el riesgo, «se deben asumir»

Con un paisaje empresarial en el que se alaban las ganancias, con grandes empresas con altos beneficios, a pesar de que el conjunto de la sociedad todavía no percibe la mejora económica que se ha producido en los últimos meses, Alemany sostiene que cuando van mal dadas, las compañías, los accionistas y los inversores deben asumir también las consecuencias.

«Las empresas deben asumir el riesgo, porque el elemento que legitima el beneficio es la asunción de la pérdida». Y eso vale, para el presidente de Abertis, para los bancos y los inversores que apostaron por las autopistas radiales, que afecta directamente a la empresa. «No se puede compensar por cometer errores, porque se conocían de antemano los riesgos», asegura.

Prudente, pero siempre presente, Salvador Alemany, concluye, con una larga trayectoria empresarial, a modo de lamento, que «se ha generado más talento del que se está aprovechando», en alusión a las nuevas generaciones que quieren acceder al mundo laboral. Pero cree que, tanto la economía española como la catalana, «tienen recorrido», tras la superación de una larga crisis.

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