Trinitario Casanova: cae el último de los ‘señores del ladrillo’ por el concurso de su empresa Trabis
Trinitario Casanova ha sido inhabilitado para administrar empresas durante los próximos ocho años tras ser calificado como culpable el concurso de acreedores de su antigua empresa Trabis.
Trinitario Casanova, con abrigo blanco, el pasado mes de diciembre antes de entrar en los Juzgados, en la Gran Vía de Madrid.
Trinitario Casanova, el último de los ‘señores del ladrillo’, el último superviviente del estallido de la burbuja del sector hace ya cerca de dos décadas, ha caído por el concurso de acreedores de una de sus antiguas empresas.
El empresario orcelitano ha sido recientemente condenado a no poder administrar empresas durante ocho años, al haber sido declarado culpable el concurso de acreedores de Trabis Edificación Avanzada, así como a responder del déficit generado, unos 20 millones de euros, como publicó en exclusiva este diario el miércoles.
Casanova fue uno de los ‘señores del ladrillo’, los empresarios que, a principios de siglo, controlaban el sector inmobiliario español; entre otros, Joaquín Rivero (Metrovacesa), Enrique Bañuelos (Astroc), Luis Portillo (Colonial), Fernando Martín (Martinsa Fadesa), Domingo Díaz de Mera o Rafael Santamaría (Reyal Urbis).

Enrique Bañuelos, en la salida a Bolsa de su compañía Astroc, en 2006.
Mientras que la mayoría de ese grupo vio quebrar sus compañías y esfumarse su fortuna con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, Trinitario Casanova logró salvarse de la quema.
Al filo de la explosión de la burbuja, en julio de 2008, Casanova vendió su grupo Hispania a otro empresario del sector, José Ramón Carabante, por 650 millones de euros.
Tras unos años a resguardo de la crisis, Trinitario Casanova reapareció en el tablero inmobiliario español cuando las cosas comenzaban a mejorar.
En los últimos tiempos, Casanova estaba tratando de meter baza en la Operación Chamartín
A mediados de 2015, a través de su grupo Baraka, Casanova se adjudicó una sucursal de Bankia situada en la Gran Vía de Madrid, por 20 millones de euros. Al cabo de un mes la revendió logrando una ganancia de 2,6 millones.
A finales de 2016 acordó la compra del Edificio España en Madrid al grupo chino Wanda, por 272 millones y, en cuestión de unas horas, lo revendió a la cadena hotelera RIU por 300 millones, según se publicó entonces.
En los últimos tiempos, el empresario de Orihuela, instalado en Murcia, estaba tratando de meter baza en la conocida como Operación Chamartín, el mayor planteamiento urbanístico contemplado en la actualidad en una capital europea, en Madrid.
Según aseguró en una entrevista el pasado año, representaba los intereses de 1.200 familias propietarios de terrenos en la zona afectada por el desarrollo, litigando contra el BBVA y amenazando con paralizar el proyecto.
Pero fuentes consultadas en las empresas que trabajan en la operación señalan que, en los próximos meses, comenzarán a comercializarse esos terrenos, y que la iniciativa de Casanova «no iba a ninguna parte».
Tras la sentencia que inhabilita al empresario a administrar empresas durante ocho años, se pone prácticamente punto y final a una carrera desaforada en la industria inmobiliaria española.
Trinitario, concurso culpable
La reciente sentencia del Juzgado Mercantil número 14 cuenta cómo Casanova, viendo que su empresa se encaminaba a la quiebra, sacó de la misma diez millones de euros para repartir dividendos, injustificados dada la situación de la compañía, y traspasó la sociedad a un antiguo colaborador suyo, también chófer.
De esa manera, Casanova agravó la situacion concursal de la compañía, sacando de la misma activos y dinero con los que hubiera podido compensar, en parte, a los acreedores.
El esquema de ese agravamiento de la situación de Trabis, la actuación de Trinitario Casanova, fue grotesca, tal como se evidenció en la vista previa a la sentencia, celebrada el pasado mes de diciembre.

Tanto la administración concursal designada por el Juez en el concurso de Trabis como el Fiscal, sostienen que Casanova impulsó el reparto de 10 millones de euros de la empresa como dividendo a cuenta de Baraka Global Invest y Baraka Capital Group, de su propiedad.
También se sacaron 4,3 millones de euros de la concursada en favor de Baraka Capital Group. «Se vació literalmente la sociedad«, afirman.
Los diez millones de euros repartidos como dividendo provenía de la venta de una nave industrial de Trabis al grupo francés Corum, acordada el 5 de junio de 2018, por 14,2 millones.
El mismo día que Casanova firmó aquella venta, Trabis arrendó la nave con opción de compra por un periodo de diez años, una renta anual de un millón de euros, y un precio de compra al término del plazo de 14,2 millones.
Cinco días después de aquella operación, el 10 de junio de 2018, Trabis celebró junta general de socios en la que se acordó repartir 10 millones de euros en dividendo.
El 19 de diciembre de 2018, la empresa comunicó situacion de insolvencia, y en junio de 2019 fue declarado el concurso de acreedores.
Los abogados de Casanova dicen que están recurriendo la sentencia que ha inhabilitado al empresario
Durante el proceso concursal, Trinitario Casanova ha defendido que el reparto de dividendos no fue irregular, independientemente de la declaración posterior del concurso.
Sin embargo, afirman la administración concursal y el Fiscal, «el acuerdo es irregular porque se apoya en beneficios inexistentes«.
Puesto que el inmueble de la concursada se vendió a Corum con arrendamiento financiero posterior, «Trabis no podía reconocer beneficios derivados de dicha transacción, ni proceder a su reparto. En consecuencia, el acuerdo se apoya en beneficios inexistentes».
Trinitario Casanova no ha querido hacer declaraciones tras la sentencia del Juzgado madrileño.
Desde el departamento jurídico del grupo Baraka se ha indicado a este diario que la sentencia «está siendo recurrida» y que, en cualquier caso, «no cambia en nada el día a día de las empresas [de Casanova] ya que no es firme«. «Además», añaden, «los argumentos de nuestros servicios jurídicos son contundentes».
Trinitario Casanova y su chófer
De lo más grotesco que resulta de lo acontecido en el concurso de acreedores de Trabis se encuentra el papel de la persona a la que le fue traspasada la empresa de Trinitario Casanova, unos meses antes de que fuera declarada en concurso.
José Antonio Benimeli, inhabilitado para administrar empresas durante los dos próximos años, fue designado administrador de Trabis Edificación Avanzada en enero de 2018, sustituyendo en el cargo a Casanova, quien se mantuvo como apoderado de la sociedad.
Según la memoria de la empresa del ejercicio 2018, el capital social de Trabis estaba controlado en más de un 90% por Baraka Global Invest y Baraka Capital Group, ambas titularidad de Casanova.
En enero de 2019, unas semanas después de que la empresa reconociera situación de insolvencia, Trabis Edificación Avanzada fue transmitida a José Antonio Benimeli.
Pero ese traspaso no ha confundido a nadie. Quien estuvo a los mandos de Trabis todo el tiempo fue Trinitario Casanova; Benimeli aparentemente no fue más que un testaferro, una persona utilizada por Casanova dispuesta a comerse el marrón del concurso de acreedores.
Trinitario Casanova, afirman la administración concursal y el Fiscal, debe ser calificado culpable «por ser el verdadero responsable de la situación de la concursada, era el administrador de hecho y el verdadero director de la concursada hasta la declaración del concurso». Fue «el único beneficiario del vaciamiento de la sociedad«.
En la vista celebrada en Madrid el pasado mes de diciembre por la calificación del concurso de Trabis, la mascarada de la relación entre Trinitario Casanova y Benimeli fue expuesta con toda crudeza.

La vista tenía que haberse celebrado en septiembre de 2024, pero los abogados de Casanova han ido retrasando su celebración en varias ocasiones, hasta cinco, alegando enfermedad, problemas de agenda, o coincidencia de fechas con otros procesos.
En el Juzgado Mercantil número 14 de Madrid, José Antonio Benimeli, de edad avanzada, contó que conocía a Casanova «de hace muchos años, de cuando vivíamos en Orihuela«.
Reconoció que había sido nombrado administrador de varias sociedades del grupo Baraka por ser «persona de confianza».
En la vista, sobre la administración de Trabis, comentó que tenía un «socio catalán», del cual no recordaba el nombre, y que no sabía por qué no se habían reconocido sus poderes.
El Juez condena a Casanova a la cobertura total del déficit en el concurso de Trabis
De las declaraciones de Benimeli y de Casanova en el Juzgado se sugirió que el primero habría tenido la condición de chófer del segundo.
A toda esta apariencia de farsa en el traspaso de Trabis se suma la actuación del dueño de Baraka en el contrato de arrendamiento con obligación de recompra celebrado entre Trabis y el grupo francés Corum, en junio de 2019.
En ese contrato, como subrayaron la administración concursal y el Fiscal, aparece una cláusula en la que Trinitario Casanova entrega una garantía personal para garantizar el contrato. «Esta actitud concluye que el Sr. Casanova era el administrador de hecho mediante la garantía personal cuando ya había cesado en el cargo».
Benimeli se ha salvado de responder con su patrimonio al déficit generado en Trabis Edificación Avanzada. En su reciente sentencia, el Juez condena únicamente a Trinitario Casanova «a la cobertura total del déficit».
La administración concursal solicitó la condena por las cantidades recibidas como dividendo (10 millones), más los 4,3 millones traspasados de Trabis, y los intereses legales acumulados.