Francisco González, expresidente de BBVA.  EFE/Sergio Barrenechea
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Torres Vila resiste a las presiones para echar de BBVA a Francisco González, que sigue con despacho y chófer pese al escándalo de Villarejo

Barcelona, 22 de enero de 2019 (04:55 CET)

Los días corren, BBVA se acerca a la presentación de resultados, en la que tendrá que responder ante prensa y analistas, y la agonía de Francisco González se alarga. El nuevo presidente, Carlos Torres Vila, resiste a las presiones del BCE y el Gobierno para que descabalgue a su predecesor de la presidencia de honor por el caso de las escuchas de Villarejo. Y FG no está dispuesto a salir por su propio pie.

Este lunes debía celebrarse un consejo de administración de BBVA decisivo para el futuro de su expresidente y de la entidad. Al menos, así se había filtrado. Pero no hubo reunión alguna del consejo. Según aseguraron fuentes financieras, nunca estuvo en la agenda de Torres Vila, Onur Genç, nuevo consejero delegado, y el resto de integrantes del órgano de gobierno del banco.

La no celebración del consejo supone que el problema de BBVA, especialmente reputacional, sigue enquistado. ¿Hasta cuándo? La entidad tiene consejo, este es inamovible, el 31 de enero, para aprobar los resultados de 2018, que presenta el viernes 1 de febrero.

En principio, no está convocado para tomar decisiones como la continuidad de FG, pero puede hacerlo si Torres lo tiene claro y genera unanimidad, o si hay acuerdo previo entre la entidad y su expresidente. Esperar al consejo supondría diez días más de incertidumbre, pero, al fin y al cabo, a los inversores parece no importarles demasiado el asunto, al menos por el momento.

FG no se va y Torres no lo echa

La situación está, por ahora, enquistada. FG no quiere dar su brazo a torcer. Sería tanto como admitir culpabilidad, y se juega casi 80 millones de euros de sus planes de pensiones, que, según El Confidencial, se llevó a otro banco para evitar el bloqueo por parte de BBVA. Sea como fuere, si el banco le reclamase estas remuneraciones, entrarían en una guerra que no les beneficiaría.

Torres Vila no parece decidido a tomar las riendas de la crisis y cortar con su antecesor y valedor. No lo ha hecho hasta el momento para ganar tiempo y obtener las conclusiones de la investigación interna iniciada en el banco, pero las presiones crecen cada día. El Gobierno ha dicho públicamente que espera que se depuren responsabilidades cuanto antes y, en este sentido, lo fácil es señalar a González.

También el BCE estaría mandando mensajes de preocupación a BBVA respecto a lo que hizo su presidente: presuntamente, espiar a políticos, directivos de otros bancos, del suyo propio, de la CNMV e incluso al Rey de España, cuando el cargo lo ejercía Juan Carlos I. Además, la CNMV y la Fiscalía Anticorrupción han abierto investigaciones por el caso. Torres Vila no puede, pues, tener más ojos encima.

Mientras el tiempo pasa y BBVA no toma ninguna decisión, el banco vive una situación de falsa normalidad con FG como presidente de honor de la entidad y de su fundación. En virtud de estos cargos, el expresidente tiene despacho en la sede de la fundación, así como secretaria, coche y chófer.

A lo que no tendrá acceso este año FG es al Foro Económico de Davos, que se celebra esta semana en dicha ciudad suiza. Torres Vila, en cambio, sí que participará en la reunión, hacia la que asiste desde este martes.

Villarejo pide que se desclasifique el caso BBVA

Mientras BBVA decide qué hacer con su expresidente, el caso puede avanzar en los juzgados. José Villarejo dijo este lunes, a través de su abogado, que pedirá al Consejo de Ministros que le descalifique la información de las escuchas realizadas para el banco. El excomisario no pudo declarar este lunes sobre las mismas porque Anticorrpación “impide dar datos concretos”.

Lo que sí dijo el abogado de Villarejo, Antonio José García Cabrera, es que el caso de las escuchas para BBVA es mayor de lo que hasta ahora se cree. Aseguró que no se trata solo de un “encargo provisional privado” sino que habló de intereses estratégicos relacionados con el Estado, e incluso llegó a vincularlas con el cierre “en falso” del 11M.

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