¿Segunda oportunidad para que Caruana sea presidente?. EFE

Caruana y Genç, en la recámara de BBVA para un relevo forzoso

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La posible imputación de los consejeros de la era de Francisco González pueden ser una segunda oportunidad para que Caruana sea presidente del banco

Madrid, 17 de julio de 2019 (16:41 CET)

La presunta colaboración profesional entre el Comisario Villarejo y el BBVA cuestiona cada vez más el papel de la actual cúpula del banco. Las últimas informaciones apuntarían a que esa relación se mantuvo incluso hasta 2017. Por el momento, el juez de la Audiencia Nacional que instruye el caso ha imputado a ocho directivos de la entidad financiera, entre ellos al ex consejero delegado Ángel Cano. Varios de los investigados se encuentran en activo en la entidad, y el banco ha señalado que no tomará medidas a la espera de que se aclare el proceso judicial.

La situación es cada día más crítica para BBVA porque su posible imputación como entidad jurídica -la Fiscalía Anticorrupción estaría valorando solicitarla-, podría venir acompañada de los consejeros de la entidad hasta 2017, según Expansión. El diario apunta a que la empresa de Villarejo habría trabajado durante 13 años para el banco, por lo que el número de consejeros presuntamente implicados sería muy elevado y provocaría un terremoto en el banco proque condicionaría su actual estructura de gobierno. 

Solo cuatro de sus componentes actuales -Onur Genç, Jaime Caruana, Ana Peralta y Jan Verplancke- habrían sido nombrados después de la detención de Villajero, en noviembre de 2017 y, por tanto serían aptos para servir de dique ante una hipotética oleada de renuncias forzosas. 

El Banco Central Europeo (BCE) mantiene que cualquier consejero imputado, aunque posteriormente sea declarado inocente, pierde su condición de idoneidad para el cargo y esa parece que es la línea roja de Luis de Guindos con el BBVA. En dicha tesitura, el actual presidente del banco, Carlos Torres, podría ser uno de los afectados. Francisco González, ex presidente, también podría ser finalmente imputado por la acción de la Fiscalía. González renunció a su cargo como presidente de honor antes de la junta de accionistas de 2019 para no afectar al banco mientras duraban las investigaciones judiciales. 

Con su adiós, esquivó una tensa reunión, donde Luis del Rivero, presidente de Sacyr durante el intento de compra del banco por parte de la entonces constructora y presuntamente afectado por el espionaje de Villarejo, reveló que contaba con el apoyo de parte de los accionistas del banco y desligó el movimiento de un cualquier intento político de José Luis Rodríguez Zapatero.

Jaime Caruana, segunda oportunidad

Jaime Caruana accedió al consejo del banco en 2018, por lo que quedaría a salvo de una posible imputación y podría perfilarse como posible presidente del banco; después de haber aparecido ya en las quinielas como un candidato, que, en principio, contaría con el visto bueno del banco.

Con su llegada como independiente en marzo del año pasado, se especuló con que era la pieza que buscaba González para preparar su relevo. Caruana, al contrario que FG, era un buen candidato para una presidencia al gusto del BCE, que prefiere que los poderes ejecutivos los mantenga el consejero delegado y que aboga para que los bancos tengan presidentes con responsabilidades institucionales.

Sin embargo, finalmente BBVA optó por un movimiento diferente y mantuvo los poderes ejecutivos del presidencia, que fue traspasada de González a Carlos Torres, hasta entonces consejero delegado y su mano derecha. Si Torres tuviera que dar una paso al lado por la presión judicial, en un segundo intento, Caruana podría ocupar su puesto.

La otra pieza clave es Onur Genç, nombrado consejero delegado del banco el año pasado y que, aunque lleva años formando parte del banco -primero como responsable del turco Garanti y después en Estados Unidos-, no ocupaba un sillón en el consejo de administración.

A pesar de la experiencia del ejecutivo dentro de BBVA, lleva poco tiempo como número dos de BBVA, por lo que asumir todos los poderes ejecutivos podría ser un hándicap para BBVA de cara a los inversores y a los reguladores.

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