Los taxistas, atrapados en la red de las preferentes de los bancos

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El colectivo ha sido víctima de este producto financiero, donde muchos invirtieron lo obtenido por la venta de su licencia

Un grupo de taxistas de Madrid.

en Barcelona, 20 de febrero de 2015 (02:00 CET)

Las preferentes han cazado a muchas personas en España. Como las trampillas que se colocan para pillar a un ratón o el cebo y las redes que lanzan los pescadores, los taxistas se han convertido, también, en un colectivo que se ha quedado atrapado en este tipo de producto bancario.

Se trata de un perfil que encaja con el cliente que buscaban los bancos y las cajas para endosar estos servicios. Tras sucesivas e intensas campañas, numerosos taxistas cayeron en la trampa de invertir lo obtenido por la venta de sus licencias en este tipo de emisiones, que se prometían más rentables que la deuda pública, los depósitos y los fondos de inversión. Sin embargo, lejos de ser así, algunos han visto cómo estos ahorros se iban al traste.

Eran clientes de Bankia

"Hubo una etapa en la que muchos taxistas de Madrid acudieron a nosotros porque eran clientes de Bankia y les pillaron con las preferentes. Vendían la licencia y llegaban a la oficina con la idea de hacer un plazo fijo, pero después les colocaban otra oferta", explican fuentes del bufete Arriaga Asociados a Economía Digital. Bankia fue una de las entidades españolas que más preferentes colocaron, junto con otras como Novagalicia Banco y CatalunyaCaixa.

Pero, ¿cuánto puede valer una licencia? ¿Cuánto pudo perder un taxista? "Ahora, el coste de una licencia oscila entre los 120.000 y los 140.000 euros. En nuestra organización, hay un compañero al que pillaron con lo de las preferentes, pero al final le han devuelto parte de la inversión", detalla un portavoz de la Asociación Barcelonesa de Empresarios y Autopatronos del Taxi.

A por los jubilados

La plataforma de afectados por las preferentes asegura que cayeron en este tipo de servicios todo tipo de personas y colectivos. Entre ellos, los clientes más veteranos, jubilados y de mayor edad. Arriaga Asociados asegura que la media de sus clientes está entre los 70 y 75 años.

"Cuando la gente se jubila busca una vía para guardar y tener su dinero a salvo. Con los taxistas ocurre lo mismo. Nosotros dejamos de tener contacto con ellos una vez jubilados, pero no nos extraña que existan muchos casos. Las licencias varían según la ciudad. Pueden variar entre los 60.000 o 70.000 euros en el caso de Valencia, hasta los 150.000 euros que cuestan en Madrid. Sin embargo, han bajado hasta un 30%. Llegaron a pagarse 200.000 euros por una licencia en la capital madrileña y Barcelona y 120.000 euros en Valencia. Ahora estamos peor para el momento de la jubilación", detalla Santiago Fraile, presidente de la Unión Nacional del Taxi.

Sin noticias de los riesgos

Junto con el bufete Arriaga, el de Navas y Cusí también ha llevado casos de preferentes con taxistas afectados. El año pasado un juzgado de Gavá condenaba a Bankia a devolver 144.000 euros que había invertido un matrimonio formado por un taxista y una ama de casa que defendía Navas y Cusí. Entonces, el juez consideró que la entidad no había informado de una manera clara y precisa que la rentabilidad "sólo estaba en los sueños de grandeza del director de la sucursal". Al final, la pareja conseguía, por fin, cobrar el dinero que había invertido.

"En todos nuestros casos se ha recuperado la totalidad de la inversión. El perfil es, por lo general, gente con los ahorros de toda una vida que cayeron en la compra de un producto que se comercializó como de seguridad sin advertir de los riesgos reales que encarnaba. No se vendieron adecuadamente", subraya Juan Ignacio Navas.

La Asociación Española de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas explica que un taxista o un transportista encaja en la figura de un inversor pequeño que un día optó por colocar sus ahorros en un banco e incluso comprar acciones de la entidad, confiando en que estaban en las mejores manos. Pero, no es oro todo lo que reluce y las oficinas de los bancos, tampoco.  

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