El exconselleiro Javier Guerra: “La transición de la empresa a la política dista mucho de ser un camino natural”

Guerra Fernández, que estuvo al frente de la Consellería de Economía entre 2009 y 2011, en el primer Gobierno de Alberto Núñez Feijóo, considera que la actividad política “debería suponer un equilibrio lógico entre políticos profesionales y profesionales que dedican parte de su vida al servicio público”

Javier Guerra, senador del PP / Partido Popular

Javier Guerra, senador del PP / Partido Popular

“En nuestra sociedad, existe una creciente desafección hacia la política, los partidos y el concepto mismo de político, y en este contexto, la figura del directivo eficaz vinculado al mundo empresarial emerge cíclicamente como una alternativa deseable”. Son las palabras del exconselleiro Javier Guerra Fernández, quien considera que la transición de la empresa a la política dista mucho de ser un camino natural o simplemente viable.

En una entrevista realizada por el proyecto Janus para el semanario portugués Vida Económica el empresario vigués explica que, según su experiencia personal, “existen muchos obstáculos que hacen prácticamente imposible (o muy excepcional) que un empresario desarrolle su vocación política de servicio a la comunidad”. 

El primero de estos obstáculos es el propio “marco regulatorio”. Según explica Guerra, entrar en la política activa exige una extrema precaución con los posibles conflictos de intereses. “Sin embargo, esto se aplica de manera absolutamente irracional e injusta, basándose en la presunción de ‘culpabilidad’, razón por la cual, en muchos casos, las personas se ven obligadas a desprenderse de sus propios negocios, que nada tienen que ver con la actividad política que realizan. Un empresario no entra en política para obtener un beneficio personal. Y quienes lo hacen no son verdaderos empresarios”.

Guerra Fernández, a quien Alberto Núñez Feijóo incorporó a su primer Gobierno en 2009 como conselleiro de Economía —cargo que dejaría dos años después— , señala en la entrevista que la actividad política “debería suponer un equilibrio lógico entre políticos profesionales y profesionales que dedican parte de su vida al servicio público”. 

También menciona como un factor determinante la propia cultura interna de los propios partidos que, “lejos de ser estructuras permeables y puramente democráticas, los grandes partidos operan según lógicas jerárquicas fuertemente condicionadas por el control del líder o la dirección, fomentando carreras prolongadas de lo que yo llamo políticos dependientes, lo que empobrece las experiencias vitales necesarias para gestionar adecuadamente el público”. En este sentido, Guerra considera que para un empresario o profesional que goza de libertad absoluta y está acostumbrado a tomar decisiones con rapidez y autonomía, “las disciplinas ciegas del partido y los equilibrios orgánicos resultan difíciles de aceptar”.

“Creo que la cuestión no es tanto si es posible participar en política activa, sino bajo qué condiciones uno está dispuesto a hacerlo. Créanme: el margen es reducido”.

Relación España – Portugal

Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidade de Santiago, Javier Guerra Fernández (Vigo,1964) también cursó formación de dirección y gestión empresarial en Madrid y California. Antes de entrar en política desarrolló una larga carrera en el sector textil trabajando en empresas como Nike Iberia, Camper o Grupo Alfico. Posteriormente impulsó la firma textil “El Secreto del Mar”, propietaria de la marca surfwear El Niño. Tras su paso por la Xunta mantuvo su actividad en la política viguesa, en el PP local, y en el Senado donde mantuvo el acta hasta mayo de 2023.

El exconselleiro analiza también en su entrevista la relación entre España y Portugal que define como “una combinación de proximidad inevitable y ambición incompleta”. “Son dos países vecinos, algunos dirían hermanos, con profundas afinidades culturales y económicas que, sin embargo, aún no han logrado explotar todo su potencial conjunto dentro del proyecto europeo”. 

La interdependencia entre ambos países, explica Guerra, es evidente en la medida en que España es el principal destino comercial de Portugal mientras las firmas nacionales se encuentran por todo el territorio luso. A pesar de ello, “no existe una visión estratégica compartida que promueva un verdadero espacio económico ibérico; la cooperación existe pero suele ser reactiva más que planificada”. 

Javier Guerra destaca que, aunque existe algún modelo de colaboración puntual como el “modelo ibérico” en el sector energético surgido por la guerra de Ucrania, la relación bilateral está infrautilizada y poco desarrollada con “proyectos ferroviarios limitados, infraestructuras básicas que nunca se materializan y una cooperación que carece de una narrativa ambiciosa que vaya más allá de lo puramente técnico”.

“Nosotros, los 59 millones de ibéricos, debemos plantearnos una pregunta que, en realidad, está en el centro del problema: ¿podemos desempeñar un papel como bloque estratégico dentro de la UE, o seguiremos actuando como dos actores que cooperan solo esporádicamente? En este sentido, la escala importa —y mucho— y una mayor integración ibérica representaría una gran oportunidad para obtener una ventaja comparativa. Existe un enorme potencial, pero no hay (o es escaso y oportunista) un impulso político real ni una visión compartida. Debemos seguir trabajando para lograrlo”.

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