La emoción embarga al presidente de Luckia en el estreno de la nueva sede: «Todo empezó con unas gramolas»
José Collazo, presidente de Comar; Francisco Botas, CEO de Abanca; Tino Fernández, presidente de Altia; o Alfredo Ramos, director de R y MasOrange en Galica, acuden al acto inaugural de la nueva sede del grupo, el legado de José González y su hermano Alfredo para "50 años más" de Luckia
José González, presidente de Luckia, recibe a saudación do presidente da Xunta, Alfonso Rueda / Xunta
No es la inauguración de edificios una práctica especialmente propensa a la emoción, pero sí lo fue el estreno de la sede de Luckia en el polígono de Agrela de A Coruña, el gran proyecto en el que lleva embarcado los últimos años el mayor grupo gallego del sector del juego. El edificio, diseñado por el arquitecto Carlos Rubio, se concibió como un hub tecnológico para una compañía con crecientes necesidades digitales y con la vocación de competir por atraer talento TIC a sus filas. La nueva sede es, en ese sentido, una continuidad del proceso de transformación que acometió la antigua Egasa para hacerse global y contar con una plataforma tecnológica propia para el juego online.
La construcción del inmueble, con capacidad para albergar unos 1.000 profesionales, hunde las raíces de Luckia en la ciudad herculina y constituye el gran legado, o parte de él, de José González y su hermano Alfredo para la siguiente generación. «Un edificio para 50 años», dijo el presidente de la compañía durante su intervención.
La siempre llamativa reunión de conceptos aparentemente alejados entre sí, el edificio más innovador junto a las raíces más profundas del grupo, la vocación más global junto a la apuesta por lo local, dieron pie a un evento que permitió recorrer la trayectoria de Luckia y que estuvo amenizado por el Cuarteto Schubert, que clausuró el acto interpretando el himno gallego. En la jornada participó Antonio Fontenla, presidente de la Confederación de Empresarios de A Coruña y viejo amigo de José González, con el que compartió alguna aventura empresarial. Cuajó un excelente discurso Inés Rey, la alcaldesa de A Coruña. Y mostró su cercanía a los empresarios Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, quien recordó cuando tenía las competencias de juego como vicepresidente del Gobierno gallego y lidiaba con «los hermanos González, perfectamente coordinados».
En el auditorio estuvo Francisco Botas, el consejero delegado de Abanca; Tino Fernández, presidente de Altia, gran proveedora de servicios tecnológicos para Luckia; Alfredo Ramos, director de R y de MasOrange en Galicia; José Collazo, el propietario del otro gran grupo gallego del sector, Comar; Martín Fernández Prado, presidente de la Autoridad Portuaria de A Coruña; o el exconselleiro Antonio Couceiro, presidente de la Cámara de Comercio, entre otros.

En el centro, el empresario José Collazo con el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. A la izquierda, José González, presidente de Luckia, y a la derecha, Alfredo González, vicepresidente
De la gramola al trébol
El presidente de Luckia expresó su deseo de que la nueva sede «sea un punto de encuentro social para el emprendimiento y la innovación», después de anunciar que el edifico albergará también la sede de la Fundación Luckia que, entre otras iniciativas, pondrá en marcha una lanzadera de startups que arrancará en el segundo semestre de este año. Primero, con un piloto para cinco o seis empresas, pero con la aspiración de incubar entre 20 y 30 empresas cada año.
En su discurso recordó que comenzó su trayectoria intentando colocar cinco o seis gramolas en el partido judicial de Ordes y que aquello «era una ruina». La historia es conocida. José González, natural de Xesteda (Cerceda, A Coruña), quería ser piloto de carreras. Con esa pasión se fue a un torneo en Bélgica, donde no pudo participar porque era menor de edad y no llevaba el preceptivo permiso paterno. A la vuelta de aquel viaje pasó unos días con sus primos en París, donde gastó tiempo en una bolera y tuvo su primer contacto con una gramola. De regreso a casa, instaló una en el bar familiar, adquirida a otro conocido empresario del sector del juego, Carlos Vázquez Loureda, y trató de extender el negocio por la comarca. Ese fue el origen remoto de lo que después sería Egasa y ahora Luckia.
Hay otro nombre que suele citarse en la biografía del empresario, aunque no salió a colación en la inauguración de la sede, el del profesor Mariano del Amo, al que vincula su pasión por la lectura y por la educación. «El crecimiento de una empresa solo es posible invirtiendo en el crecimiento de su personal», dijo José González tras apuntar que el grupo imparte 60.000 horas de formación al año para su plantilla.

En este recorrido entre la memoria y el futuro, la voz de González se quebró por la emoción. Fue cuando expresó el agradecimiento a su esposa Lola por el apoyo constante. Y a partir de ahí, con hablar vencido de sentimientos, dedicó un agradecimiento similar a su hermano Alfredo y su cuñada Carmen, así como a sus padres. Recompuesto a duras penas en el devenir de las palabras, el empresario terminó su discurso en gallego asegurando que este nuevo edificio quiere contribuir «a una Galicia más próspera, más abierta y más moderna».