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La patronal de Megasa y Celsa alerta de que el exceso de producción mundial de acero amenaza a la siderurgia europea
La Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid) reclama una reforma ambiciosa de los instrumentos europeos de defensa comercial que permita garantizar unas condiciones de competencia equitativas
El presidente de Unesid, Bernardo Velázquez, y la directora general, Carola Hermoso. Unesid
La Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid) ha alertado en su Junta General de que el incremento de la sobrecapacidad global de acero y el endurecimiento de las políticas comerciales internacionales “están aumentando la presión sobre el mercado europeo y elevando el riesgo de desvío de exportaciones hacia la UE”.
La patronal de empresas como Megasa, Celsa, ArcelorMittal o Sidenor ha reclamado una reforma ambiciosa de los instrumentos europeos de defensa comercial que permita garantizar unas condiciones de competencia equitativas. Entre sus prioridades figuran el refuerzo de las medidas de protección comercial y ampliación a los productos aguas abajo de la cadena de valor del acero, la incorporación del criterio Melt & Pour, la ampliación del alcance del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) a toda la cadena de valor y el fortalecimiento de los mecanismos de control y verificación aduanera para evitar posibles prácticas de elusión.
En este sentido, Unesid también ha defendido una política industrial europea más ambiciosa que impulse la demanda de productos fabricados en Europa mediante criterios de compra pública que favorezcan el acero europeo en sectores estratégicos como la energía, las infraestructuras, la movilidad o la defensa.
“Europa necesita una política industrial real que permita competir en igualdad de condiciones. La descarbonización y la autonomía estratégica no serán posibles sin una industria siderúrgica fuerte y competitiva”, ha señalado Bernardo Velázquez, presidente de Unesid.
Costes energéticos
La patronal ha reiterado que el coste de la energía continúa siendo uno de los principales factores que limitan la competitividad de la siderurgia española y condicionan tanto las inversiones industriales como los procesos de descarbonización.
La asociación ha valorado positivamente las medidas adoptadas por el Gobierno para mitigar el impacto de los costes energéticos sobre la industria, aunque recuerda que algunas de ellas, como la reducción del impuesto sobre el valor de la producción eléctrica o del impuesto especial sobre la electricidad, finalizan el próximo 30 de junio. Por ello, ha solicitado su prórroga mientras persistan las circunstancias excepcionales que afectan a los mercados energéticos.
Desde Unesid confían en que el diálogo abierto entre la industria y las administraciones permita avanzar hacia soluciones estables que refuercen la competitividad de los sectores electrointensivos. Asimismo, consideran que estas medidas deberían consolidarse de forma estructural para garantizar un marco competitivo estable para la industria electrointensiva. Entre sus prioridades figuran el refuerzo del Estatuto del Consumidor Electrointensivo, el mantenimiento de mecanismos que permitan acceder a electricidad competitiva y el incremento de las compensaciones por costes indirectos de dióxido de carbono hasta los máximos permitidos por la normativa europea.
“La siderurgia europea afronta simultáneamente elevados costes energéticos, presión importadora y una creciente incertidumbre internacional. La industria necesita instrumentos eficaces y urgentes para seguir siendo competitiva y continuar invirtiendo”, ha advertido Carola Hermoso, directora general de la asociación.
Los números del sector
Según los datos de la patronal, el 2025 cerró con una evolución moderadamente negativa para el sector siderúrgico español. La producción de acero bruto alcanzó 11,8 millones de toneladas (-0,4%), mientras que el consumo aparente se situó en 13,4 millones de toneladas (-0,5%). La segunda mitad del año estuvo marcada por un deterioro de la actividad, coincidiendo con el aumento de la incertidumbre en los mercados internacionales.
Por su parte, las entregas al mercado descendieron un 1,1%, hasta situarse en torno a 12 millones de toneladas, con unas ventas domésticas estables de 6,4 millones y 3,9 millones destinadas al mercado europeo. En cuanto a las exportaciones, aumentaron un 3,3%, hasta casi 8 millones de toneladas, impulsadas por el crecimiento de los envíos a la UE (+6,6%), mientras que las destinadas a terceros países retrocedieron un 5,1%. Las importaciones alcanzaron casi los 10,4 millones de toneladas, de las que 5,5 millones procedieron de otros Estados miembros de la UE y el resto de terceros países, manteniéndose en niveles históricamente elevados.
“Los primeros meses de 2026 confirman que los riesgos para el sector no han desaparecido. Aunque el consumo aparente de acero se ha mantenido prácticamente estable durante el primer trimestre (-0,1%), apoyado principalmente por la construcción, los fabricantes nacionales han seguido perdiendo terreno. La producción ha descendido un 21,1% y las entregas totales casi un 10%, mientras que las importaciones procedentes de terceros países han continuado creciendo (+2,3%), manteniendo la presión sobre la industria siderúrgica española y europea”.
La asociación ha destacado que esta evolución pone de manifiesto la creciente desconexión entre el comportamiento de la demanda y la situación de los productores europeos, que continúan perdiendo cuota de mercado frente a competidores de terceros países en un contexto de elevada incertidumbre económica y comercial.
Absentismo laboral
La patronal también ha hecho referencia al impacto creciente que el absentismo está teniendo sobre la productividad y la organización del trabajo en las empresas siderúrgicas. En 2025, según sus datos, las bajas por enfermedad común, no laboral, han alcanzado los tres millones de horas perdidas, representando más del 60% del total de horas no trabajadas en el año. Por este motivo, consideran necesario reforzar la colaboración entre Administraciones Públicas y agentes sociales para abordar un desafío que afecta directamente a la competitividad industrial. Pese al complejo contexto económico, la siderurgia española mantuvo en 2025 un empleo directo de 21.720 personas.