El fin del multilateralismo y los escenarios probables

Entramos en una fase de incertidumbre con presencia de un auge en lo referente a las tensiones comerciales, una mayor rivalidad por el control del nuevo tablero geopolítico y una proliferación de conflictos regionales

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El multilateralismo aún no ha muerto, declaró el exprimer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, hace un año. Para la directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, “el multilateralismo está en crisis. No solo es el comercio global: el sistema entero, basado en reglas creadas hace 80 años, está siendo impugnado”. Hasta el momento, el sistema fue creador de un orden global que trajo un periodo de paz y de prosperidad; donde el comercio ha contribuido a expandir progreso, donde se han generado interdependencias y que ha permitido sacar de la pobreza a 1.500 millones de personas. Es evidente que no todos los países se han beneficiado por igual y de la misma manera; pero, la OMC ha contribuido a generar un conjunto de reglas creíbles y estables.

El sistema económico se ha ido ajustando a los desafíos y a las oportunidades que se generan. En la actualidad, prevalece la incertidumbre y la disrupción; y, a pesar de ello, la gran mayoría de los países continúan manteniendo relaciones comerciales entre ellos. Lo que está siendo cuestionado es el concepto de globalización. Desde la pandemia emergen las vulnerabilidades asociadas a las cadenas de suministro; con la necesidad de administrar racionalmente las tierras raras y una apuesta por las energías renovables. Por tanto, el comercio mundial debe rediseñarse a fin de evitar nuevas disrupciones y caer en el proteccionismo.

“Piensen en lo impensable y prepárense para ello”, afirmó Kustalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ante la actual incertidumbre. Los organismos internacionales se fijan en escenarios más que en tendencias a la hora de perfilar el horizonte próximo. En este sentido, todos los informes se centran en definir qué factores o variables podrían sacudir la economía global ante la posibilidad de que los conflictos se prolonguen o se intensifiquen. En la actualidad, llama la atención: un aumento de las tensiones militares; los múltiples ataques a las infraestructuras básicas; y la probabilidad de una variación de opciones sobre que el conflicto se extienda otras zonas. Ante esto, el FMI solicita que los gobiernos refuercen sus defensas económicas y se preparen para posibles shocks externos; que los países se centren en aquello que sí está bajo su control; en fortalecer las instituciones públicas y mantener marcos de políticas económicas sólidas; y en preservar los márgenes de maniobra fiscal y monetaria.

Dado el actual mundo fragmentado y volátil, la resiliencia económica se convierte en la primera línea de defensa. Bajo este panorama, uno de los principales focos de preocupación es el impacto que una escalada de los conflictos podrá tener sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre la inflación global y los bajos niveles de crecimiento; esto es, lo que los economistas denominan la estanflación.

El FMI afronta un crecimiento más moderado tras el ciclo de subidas de tipos de interés para contener la inflación. La combinación de tensiones geopolíticas, mercados energéticos volátiles y fragmentación del comercio mundial, podría añadirse nuevas presiones a una recuperación que se prevé más frágil. La directora del FMI lo expresa claramente al decir que “debemos prepararnos para tiempos difíciles”. Vamos a entrar en un escenario económico más difícil del previsto, debido al fuerte shock energético derivado de la guerra de Irán y las tensiones crecientes en la región del golfo Pérsico.

«El FMI afronta un crecimiento más moderado tras el ciclo de subidas de tipos de interés para contener la inflación»

También, pidió prudencia a la hora de actuar. “No debemos precipitarnos”, indicó, cuando nos sintamos acosados por la urgencia. Quiere llamar la atención sobre las opciones de sobre-reaccionar con subsidios o incentivos fiscales para intentar paliar el impacto del conflicto antes de conocer el alcance real. Argumenta que “las intenciones pueden ser buenas, pero no así el resultado”. La explicación es bien sencilla. La mayoría de las economías ya se encuentran en una situación de deuda insostenible. Además, muchas de estas políticas económicas si no están bien dirigidas, dispararían aún más la inflación, cronificando así el problema. Por tanto, es preciso ser prudente y apostar por la responsabilidad fiscal y acelerar las reformas estructurales que permitan garantizar el crecimiento económico. Las cuentas públicas de los países muestran elevados niveles de deuda y unos márgenes de maniobra fiscal muy reducidos o casi inexistentes. De ahí, el aviso a los bancos centrales a no precipitarse en definir una nueva hoja de ruta en materia de política monetaria.

Entramos, pues, en una fase de incertidumbre con presencia de un auge en lo referente a las tensiones comerciales, una mayor rivalidad por el control del nuevo tablero geopolítico y una proliferación de conflictos regionales. Estas variables definen un nuevo entorno geoeconómico más imprevisible que aquel que dominó las décadas previas a la pandemia. Los riesgos generan convulsiones tanto ideológicas como tecnológicas. Por eso, podemos observar riesgos de distintas modalidades: tensiones geopolíticas; perturbaciones en el suministro de materias primas; interrupciones comerciales; decepciones ante la rentabilidad de la IA; déficits fiscales prolongados; y una acumulación cada vez mayor de deuda.

Los gobiernos deben manejar la capacidad de reaccionar con rapidez ante posibles crisis; deben estar preparados para responder a los riesgos; y deben formalizar y proteger aquellas instituciones internacionales defensoras y garantes del equilibrio, las reglas y normas, y la cooperación.

Las empresas, por su parte, empiezan a perfilar estrategias para absorber el golpe económico con el menor volumen de daños posible. Divisan planes de contingencia ante el efecto dominó que genera una escalada continua del precio de las materias primas, una notable pérdida de competitividad y una disminución de los márgenes empresariales.  Según la CEOE, el 44% de los empresarios españoles está diseñando estrategias de crecimiento ante la incertidumbre del actual contexto geopolítico. Los ámbitos donde se concentran las actuaciones son: a) proyectos de innovación y tecnologías; b) estrategias de internacionalización; y c) nuevas alianzas estratégicas. Y las mayores preocupaciones se perciben en: pérdida de competitividad (41%); incremento coste de materias primas (41%); mayor exposición a riesgos geo-políticos y ruptura de cadenas de suministros (39%) y reducción de márgenes de beneficios (37%).   

Martin Wolf, ex editor del Financial Times, al querer estimar las consecuencias económicas de la guerra en el Pérsico se pregunta cuánto tiempo durará. Argumenta lo complejo que resulta dada la dificultad de saber qué quiere Trump y afirma que “quizás ni el mismo, lo tenga claro”. Por tanto, escudriñar los posibles escenarios se nos antoja difícil. No obstante, es preciso acotarlos según las distintas posibilidades.

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