El pago por navegar o la privatización del mar
Lo queda muy claro es que los analistas y estrategas han minusvalorado el rol que desempeñan los asuntos marítimos: no se dan cuenta del valor estratégico que supone que el 80% de las mercancías y el 70% del valor del comercio mundial de mercancías se efectúe por vía marítima
Los acontecimientos actuales estaban revelando dos tendencias: la lucha por el control y dominio de las tierras raras y la pugna por el control y explotación de los minerales críticos. Sobre estas dos bases los países llevan un tiempo rivalizando y buscando posicionarse de la mejor manera. Ello les hacía apostar por disminuir su dependencia de dichos bienes y lograr acuerdos parciales y beneficiosos para sus intereses a cambio del pago a dicho acceso, de favores comerciales o de nuevos alineamientos políticos. Estos cambios han alterado el status quo anterior y han movilizado las nuevas estrategias geopolíticas de los bloques regionales. La consecuencia final es la actual fragmentación económica global derivada de las dos condiciones mencionadas.
Sin embargo, el nuevo acontecimiento vinculado a la guerra en el Golfo Pérsico introduce una nueva variable: el control y la privatización del mar. Viene a cuento de la actual imposición por parte de Irán de introducir un control y un peaje a los buques que transitan por el Estrecho de Ormuz. Dicho paso permite una vigilancia fácil y se convierte en un potencial de ingresos. El Gobierno de Irán está cobrando a razón de 2 millones de dólares por buque y paso. En la medida que transitan alrededor de 140 buques diarios la suma total asciende a 280 millones/día.
¿Es ilegal o es inaceptable? se preguntan algunos países y empresas. La respuesta es que se está produciendo. Los planificadores militares estadounidenses advierten que las posibilidades de reabrir el estrecho por vía militar no son aconsejables y expresan pesimismo. Lo que deja como opción más realista la posibilidad de un acuerdo negociado. Pero qué sucedería si Irán, aprovechando la geografía y la tecnología, tuvieran pensado en obtener una renta de posición sobre dicho paso y, a la vez, obtener unos ingresos futuros que contribuyeran a cambiar las reglas de juego, concediendo favores a unos e imponiendo castigos al resto de los países.
No hay duda que las actuales pautas de negociación son muy complejas. La introducida por Trump se antoja difícil de entender por su constante cambio de criterio; pero, esta nueva iniciativa de Irán no deja de ser extraña tanto para EEUU como para los países árabes productores de petróleo (fundamentalmente, EAU y Arabia Saudí) en la medida que sus instalaciones petroleras y gasísticas, así como sus plantas desalinizadoras, podrían quedar averiadas y fuera de explotación durante un cierto tiempo, afectando directamente a sus economías y sociedades.
Entonces, ¿se estaría dispuesto a pagar una prima por tránsito?, Las respuestas son amplias y variadas. A lo mejor, los países asiáticos (fuera de la línea de fuego) se lo podrían plantear. Otros, como Japón y Europa, tendrían problemas en aceptar un nuevo precio de la energía. En suma, incertezas e incertidumbre.
Pero lo queda muy claro es que los analistas y estrategas han minusvalorado el rol que desempeñan los asuntos marítimos. No se dan cuenta del valor estratégico que supone que el 80% de las mercancías y el 70% del valor del comercio mundial de mercancías se efectúe por vía marítima y que los puertos sean uno de los eslabones básicos de las cadenas globales de suministro. Lo mismo les pasa a los políticos y a los líderes mundiales a los que todavía no se les ha escuchado mencionar la relevancia del papel del mar en la seguridad y abastecimiento. En suma, si hasta ahora navegar era gratis; dentro de poco habrá que pagar por transitar por determinadas vías y rutas marítimas. Y alguien saldrá beneficiado.