La IA no destruye empleo, destruye la mediocridad

Durante décadas hemos construido estructuras empresariales enormes donde una parte significativa de la plantilla hacía tareas repetitivas, predecibles, automatizables; tareas que cualquier modelo de lenguaje o sistema de automatización puede ejecutar hoy mejor, más rápido y sin pausa para el café

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí? Ochenta mil empleos. En lo que va de año. Solo en el sector tecnológico. Hace unos días lo leía en La Voz de Galicia y, antes de que alguien empiece a rasgarse las vestiduras, necesito que paremos un momento y pongamos los datos encima de la mesa. Porque el dato mata al relato, y aquí hay mucho relato circulando.

Meta ha recortado el 10% de su plantilla global. Microsoft ha lanzado un ERE voluntario que manda a 8.000 personas a la calle. Oracle baraja entre 20.000 y 30.000 despidos. Amazon estudia sumar otros 16.000 a los 14.000 que ya echó en 2025. Nike elimina 1.400 puestos en sus departamentos digitales. Block, la empresa de Jack Dorsey, va a prescindir de la mitad de su gente. Y en España, Capgemini y Ericsson ya han empezado a ejecutar sus propios recortes.

¿Dramático? Depende de cómo lo mires

El Foro Económico Mundial proyecta que la IA eliminará 92 millones de puestos de trabajo en el mundo antes de 2030. Pero también creará 170 millones nuevos. Saldo neto: +78 millones de empleos. Setenta y ocho millones. No es una opinión. Es la proyección de quien tiene los datos. Entonces, ¿de qué estamos hablando exactamente?

De lo que está pasando de verdad

Lo que está ocurriendo no es una destrucción de empleo. Es una depuración de la mediocridad. Durante décadas hemos construido estructuras empresariales enormes donde una parte significativa de la plantilla hacía tareas repetitivas, predecibles, automatizables. Tareas que cualquier modelo de lenguaje o sistema de automatización puede ejecutar hoy mejor, más rápido y sin pausa para el café.

¿Y a quién echan primero? No al talento diferencial. No al que resuelve problemas complejos, al que innova, al que sabe relacionarse con clientes de verdad. Echan al perfil intercambiable. Al que entró en la empresa hace diez años a hacer lo mismo que hacía el anterior y nunca se molestó en aprender nada nuevo. En eso consiste la MEDIOCRACIA: proteger estructuras que perpetúan la mediocridad por inercia.

La IA no crea esa situación. La revela.

El argumento que nadie quiere escuchar

Todas estas empresas —Meta, Microsoft, Oracle, Amazon— tienen algo en común: siguen ganando dinero a espuertas. Meta superó los 62.000 millones de dólares de beneficio en 2025. Amazon registró un récord de ingresos. No están en crisis. Están invirtiendo.

El argumento de Zuckerberg es tan incómodo como cierto: necesitan capital para financiar la infraestructura de inteligencia artificial. Centros de datos, chips, modelos, computación. Y eso cuesta. La tecnología no es un gasto, es la nueva infraestructura competitiva. El que no invierte en ella ahora, en cinco años no estará en condiciones de competir. Lo que ocurre es que para financiar el futuro, hay que soltar lastre del pasado.

Eso es capitalismo. Puro y duro. Y funciona.

Lo que más me preocupa de todo esto

No me preocupan los despidos en Silicon Valley. Esa gente tiene formación, red de contactos y mercado. Se van a recolocar.

Me preocupa la PYME española. La empresa familiar de veinte empleados que todavía lleva la gestión en Excel del 2015, que no ha tocado una herramienta de automatización en su vida y que sigue pensando que la digitalización es cosa de las grandes. Esa empresa no va a tener un ERE. Directamente va a cerrar. Y no porque la IA la haya arruinado, sino porque sus competidores —los que sí se tecnologizaron— le van a comer la tostada.

En España tenemos un problema serio con esto. Seguimos confundiendo adaptación con traición. Como si incorporar tecnología a tu empresa fuera algo sospechoso, algo que solo hacen los que quieren despedir a la gente. Cuando la realidad es exactamente la contraria: las empresas que adoptan tecnología son las que sobreviven, las que crecen y, por tanto, las que más empleo generan a largo plazo.

Lo que hay que hacer ahora

Primero: deja de ver la IA como una amenaza y empieza a verla como lo que es, una herramienta. La más potente que ha existido en la historia empresarial. Si no la usas tú, la usará tu competencia. Y entonces el problema no será la IA: serás tú.

Segundo: invierte en formación. No en cursos de tres horas que te dan un certificado para colgar en LinkedIn. En formación real, aplicada, que cambie cómo trabaja tu equipo el lunes siguiente.

Tercero: mide. Lo que no se mide no se controla. Si no sabes qué procesos de tu empresa son automatizables, no puedes tomar decisiones inteligentes. Empieza por ahí.

Y cuarto: deja de esperar a que el Estado te salve. No va a llegar. Mientras los políticos debaten sobre si regular la IA, el mercado ya tomó sus decisiones. El mundo no espera a que aprobemos una ley.

80.000 empleos en cuatro meses. La cifra asusta si la lees con el titular equivocado. Pero si la lees con datos —con los 78 millones de empleos netos que proyecta el WEF para 2030— la perspectiva cambia. El problema no es la inteligencia artificial. El problema es seguir haciendo las mismas cosas de siempre y esperar resultados diferentes.

Tecnologizarse o morir. No es un eslogan. Es la descripción más precisa de lo que está pasando ahora mismo.

¡Se me tecnologizan!

Historias como esta, en su bandeja de entrada cada mañana.

O apúntese a nuestro  canal de Whatsapp

Deja una respuesta

SUSCRÍBETE A ECONOMÍA DIGITAL

Regístrate con tu email y recibe de forma totalmente gratuita las mejores informaciones de ECONOMÍA DIGITAL antes que el resto

También en nuestro canal de Whatsapp