Primeras impresiones en los cambios en la presidencia de la FED: de Powell a Warsh

A Kevin Warsh, nuevo presidente de la Reserva Federal, se le presuponen actuaciones para bajar los tipos de interés, reducir el balance de la institución y ofrecer menos pistas de sus acciones futuras para evitar distorsiones

Kevin Warsh, nuevo presidente de la Reserva Federal / Europa Press

Kevin Warsh, nuevo presidente de la Reserva Federal / Europa Press

Jerome Powell abandona la presidencia de la Reserva Federal (FED) y es sustituido por Kevin Warsh. La entrada de Powell no fue nada fácil, iba a sustituir a Ben Bernanke, profesor en Princeton y a Janet Yellen, profesora en Berkeley. Entró en 2012, cuando la FED estaba contribuyendo a normalizar la situación heredada de la crisis del 2008/09, con tipos de interés próximos a cero; curvas de Phillips prácticamente planas y necesidad de retirar los estímulos e incentivos.

Una vez pasada dicha fase de normalización monetaria aparece el Covid. La actuación de Powell fue decisiva: descienden los tipos de interés, expande el balance, facilita liquidez y refuerza la comunicación. Con ello, evitó una depresión financiera y laboral; siendo su actuación clave en la recuperación posterior. Más tarde, con un nuevo marco de incertidumbre, Trump exige su dimisión al tolerar inflaciones del 2% y mantener tipos de interés medianamente altos. La coyuntura estaba dominada por shocks de oferta, con reasignaciones sectoriales, cuellos de botella en las cadenas de suministros y cambios en los gastos domésticos. En esta fase de policrisis, la FED se mantuvo inmóvil al entender que estábamos en una economía constreñida por una oferta limitada y estimulada por una demanda pública. La FED, recordando la crisis del 2008/09, no retiró los estímulos y la inflación castigaba a los hogares con menores rentas, convirtiendo a la economía estadounidense en un entorno complejo: inflación del 2% con pleno empleo + quiebras + daños en el mercado laboral.

Si hay algo que sobresale en el mandato de Powell es el hecho de mantener su independencia de criterio al actuar en dos direcciones: desplegar respuestas de expansión y restaurar la estabilidad de precios a costa de manejar los tipos de interés. Su resistencia a las presiones de Trump permitió proteger la política monetaria de la aritmética electoral. Su legado es impecable, salvo en la última interpretación de la fragmentación económica, pero hizo lo que convenía para garantizar el mandato de la FED: lograr la estabilidad de precios y sostener el crecimiento de la economía real.

¿Supondrá un cambio sustancial la nueva presidencia de Warsh? En un primer análisis todo parece indicar grandes innovaciones pues él mismo prometió un cambio de régimen, para reforzar, supuestamente, la credibilidad de la institución. Tres actuaciones que se le presuponen. La primera, intentar bajar los tipos de interés a pesar de que la inflación viene de alcanzar el 3,8% y la rentabilidad de los bonos a 10 años se sitúa en torno al 4,5%. Aunque trate de utilizar otros conceptos y medidas, no es menos cierto que las consecuencias del cierre de Ormuz están elevando los precios y se espera una inflación en torno al 4%, con lo que va a ser difícil implementar recortes significativos.

«Si hay algo que sobresale en el mandato de Powell es el hecho de mantener su independencia de criterio al actuar en dos direcciones: desplegar respuestas de expansión y restaurar la estabilidad de precios a costa de manejar los tipos de interés»

La segunda actuación está relacionada con reducir el balance de la FED. En la actualidad está contabilizado en torno a 6,7 billones de dólares (el 21% del PIB) debido a actuaciones para garantizar una intervención rápida a efectos de paliar los posibles impactos de una crisis financiera. A pesar de una reducción paulatina en los últimos meses, la promesa del nuevo presidente de la FED es efectuarla lo más rápidamente posible liberando esa carga.

«El nuevo presidente de la FED afirma que “influir en los mercados con constantes declaraciones de la FED es tentador, pero contraproducente”

Y la tercera cuestión es la referente a la comunicación. Warsh es partidario de ofrecer menos pistas de sus acciones futuras para evitar distorsiones. Quiere reducir las opiniones sobre previsiones y limitar las conferencias de prensa. Su argumentación es la siguiente “una vez que los responsables políticos revelan sus previsiones económicas, pueden convertirse en prisioneros de sus propias palabras”. Dicha interpretación choca con las actuales comunicaciones de otros bancos centrales que, al contrario de la promesa de Warsh, amplían sus expectativas publicando gráficos de abanico con posibles escenarios inflacionistas para demostrar que un banco central no es un oráculo infalible. No obstante, el nuevo presidente de la FED afirma que “influir en los mercados con constantes declaraciones de la FED es tentador, pero contraproducente”. Sin embargo, se podría contra-argumentar que una política de silencio a veces puede generar tanta volatilidad en el mercado como un exceso de ruido. No obstante, estaremos atentos a sus decisiones.

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