Galicia y las trampas del desarrollo (I)

Primera entrega del análisis recogido en el último informe de coyuntura del Foro Económico de Galicia, que demuestra cómo después de un fuerte crecimiento y convergencia con los promedios europeos llevados a cabo en los últimos años del siglo pasado, a Galicia le cuesta más aproximarse, quedando atrapada en un nivel de renta por debajo del promedio de la UE

Fernando González Laxe, Francisco Armesto y Patricio Sánchez, autores del análisis, son miembros del Foro Económico de Galicia

Fernando González Laxe, Francisco Armesto y Patricio Sánchez, autores del análisis y miembros del Foro Económico de Galicia

Una de las últimas aportaciones en torno al desarrollo regional y a las dinámicas de convergencia de las áreas territoriales es atribuible al trabajo de los profesores Diemer, Iammarino, Rodríguez-Pose y Storper (2022). Afirman que “en los últimos años ha quedado cada vez más claro que no todas la regiones de la UE con un PIB per cápita inferior a la media europea están convergiendo”.

Si procedemos a medir el crecimiento anual del PIB per cápita a lo largo del periodo 2001-2019 respecto al nivel del comienzo de dicho periodo veremos patrones sorprendentes. Subrayan el estancamiento económico a largo plazo en muchas regiones, generando lo que se denomina una Europa a varias velocidades e intensidades.

Las regiones incluidas en la parte superior e inferior de las escalas de ingresos han sido, en general, mucho más dinámicas que otras muchas regiones entre los dos extremos. Así, en un número considerable de regiones europeas los ingresos han experimentado largos periodos de bajo crecimiento, aumentos débiles de productividad, baja creación de empleo e incluso pérdidas de empleo.

De ahí el concepto de trampa de desarrollo, significando que es el estadio en el que una región se ve incapaz de mantener una dinámica de crecimiento económico en términos de ingresos, productividad y empleo; mientras que también mantienen un desempeño inferior al de sus pares nacionales y europeos en las mismas dimensiones. O sea, la trampa del desarrollo se manifiesta cuando una región está atrapada en el desarrollo, si la prosperidad de sus residentes no mejora en relación a sus desempeños anteriores y a las condiciones prevalecientes en los mercados nacionales y europeos.

Cuando se cae en dicho estadio se suele asociar a un estado persistente y estable de bajo desarrollo, que genera un estancamiento de ingresos. Se vincula dicho estadio a fallos institucionales y a un escaso avance de la productividad, por lo que se requiere de shocks políticos o de algún cambio estructural para poder corregir las tendencias e imprimir un sesgo disruptivo positivo.

Las regiones que se encuentran en la trampa del desarrollo tienden a poseer una menor participación industrial en el total de su economía

Muchas regiones europeas se encuentran inmersas en una trampa de desarrollo. Los investigadores citados subrayan que tal situación “es un grave riesgo para el futuro de la UE”; además de constituir una “fuente de costes sociales y de resentimiento político”, en la medida que se quedan atrás, generando una situación de descontento.

La trampa del desarrollo de una región se produce, pues, cuando el crecimiento de su PIB per cápita se estanca tras alcanzar un nivel de PIB per cápita entre el 75-100% de la media de la UE. Aunque, se matiza que quedar atrapado puede ocurrir en diferentes niveles de ingresos, no solo en áreas de ingresos medios. En estas circunstancias, el progreso en los niveles de convergencia para un numeroso grupo de regiones se vuelve complicado. Solo una región europea (Zahodna en Slovenia) de un total de 53 regiones logró alcanzar un PIB per cápita superior a la media en 2019; mientras que en 18 de ellas, principalmente situadas en el sur europeo, cayó por debajo del 75%.

En consecuencia, la trampa del desarrollo tiene lugar cuando los constreñimientos, hándicaps y costes de una región tienden a ser lo suficientemente altos para poder competir con otros territorios, fundamentalmente menos desarrollados; y cuando sus sistemas de innovación no son lo suficientemente robustos para poder competir con los territorios más avanzados. De esta manera, las regiones con trampas en su desarrollo quedan en terreno resbaladizo, en una especie de círculo vicioso, no pudiendo escapar del mismo y con dificultades para lograr un mayor PIB per cápita.

Las características de las regiones atrapadas en la mencionada trampa del desarrollo tienden a poseer una menor participación industrial en el total de su economía; registran una disminución de sus niveles de instrucción y cualificación universitaria; y presentan bajas inversiones en innovación y desarrollo tecnológico. Existe, asimismo, una correlación positiva; o sea, suelen coincidir con regiones de escasa calidad institucional, y entornos no favorables que causan una baja eficiencia de las tareas gubernamentales, contabilizando escasos índices de participación ciudadana y bajos niveles en lo que atañe a la rendición de cuentas.

Diemer et al. (2022) enfatizan en el concepto de trampas de desarrollo distinguiéndolo de la noción de barreras a la convergencia. Lo explican argumentando que los modelos de convergencia describen un estado general de transición hacia un único equilibrio estacionario, que conduce a una reducción de las disparidades en todas las economías (Barro & Sala-i-Martin, 1992). Por el contrario, las trampas del desarrollo forman parte de la familia de conceptos que consideran las posibilidades de las economías de bajos ingresos para ponerse al día respecto a las economías líderes en virtud de la reducción gradual de sus brechas de ingresos y productividad (Abramovitz, 1986; Fageberg, 1994; Fageberg & Godinho, 2006). Es decir, las teorías de las trampas no se basan en un solo camino para explicar el rezagamiento o estrechamiento económico de las regiones; sino que se identifican muchas variedades de trayectorias.

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