A reviravolta

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la celebración de la jornada inaugural de la Conferencia Política del Partido Popular

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la celebración de la jornada inaugural de la Conferencia Política del Partido Popular, a 17 de julio de 2026, en Ibiza, Eivissa, Illes Balears (España) – Germán Lama / Europa Press

Estamos en tiempos de reviravuelta, cambio brusco o vuelco inesperado que, en formato de revés piruetero, acaba en la posición previa, como si de un paso de muiñeira se tratase. A modo de serpiente de verano, un escueto comentario de Rajoy sobre la selección francesa de fútbol provoca un cambio radical en las relaciones internacionales españolas, sobre todo, en las balompédicas. Tanto remar, amigo Albares, para quedar en la orilla.

Fuego amigo

Pues va y resulta que Rajoy, sin dejar de elaborar con esmero una de sus rajoyadas, eso sí, genio y figura, con una mera intención pedagógica, manifiesta y por escrito en una columna, cierta obviedad sobre que los franceses hay unos que sí lo son, y otros que, al menos, no lo parecen, como mínimo en el equipo nacional futbolero; eso no pasaba con la televisión en blanco y negro, cosas del diabólico receptor en color. Claro que, si se mantiene una imagen llamémosle que blanca de los gabachos, esto es, un tanto antigua, muy precolonial, también deberían llevar bigotillo, cantar La Marsellesa y poner pose de apache parisino acodado en la barra de un tugurio del barrio Latino. Ya se sabe, en el fondo, Francia es poco más que París y un jardín grande que limita al sur con la pérfida España y al norte con la aburrida Europa.

Ya lo dijo un jefe de filas de otra época, aquella sí en blanco y negro, un tal Pío Cabanillas, “al suelo, que vienen los nuestros”; o eso dicen, con cierto orgullo, los mentideros peperos. Después de un comentario un tanto inoportuno, aunque sin más, sale en su ayuda, sin necesidad y de manera poco afortunada, un portacóz destacado, para patear el diccionario con saña. Sin hacerle caso a ese tomazo, hoy ya digital, del diccionario de la Real Academia de la Lengua, edición en papel que solo dormitará en la biblioteca de Pérez Reverte, disculpa el inefable Borja Sémper la indocumentada inconveniencia del ex presidente tildándola de una expresión sin mala intención en el “perímetro de una columna sarcástica propia del señor Rajoy”. En ella, en realidad, lo que se dice es que los franceses son de Francia, sin más, como, en su momento ya dijo Rajoy que el vino es el vino y el alcalde, pues eso, es un alcalde.

Con afecto, aunque con cierta sorna, pero sin sarcasmo, Borja, por favor, consulta el tomazo antes de valorar comentarios ajenos. Según el mencionado plomo (hay también versión bolsillo en dos tomos), sarcasmo aparece como “burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”. En contraposición, la ironía (burla fina y disimulada, cuyo tono adecuado es la sorna), resulta más amable, incluso, cosa de los tiempos, divertida. Tildar el comentario de cuatro palabras (“eso sí, sin franceses”) de sarcasmo es, precisamente, hacer un mal uso de la “rivirivuelta” para acabar en el mismo lugar del que, en este caso, te hacen partir, amigo Sémper. Es más, con la indisimulada disculpa incluso añades, seguramente sin pretenderlo, unas gotas más de inquina a lo expresado por el simpar santiagués, siempre invocado su nacimiento equivocadamente en Pontevedra. Hasta en eso hay un poco del espumoso espíritu “rajoyesco”.

La culpa SIEMPRE la tiene Pedro Sánchez

Y no contentos con haber pateado el citado sentido común en su comparecencia, la indocumentada portavocía pepera atribuye al todavía presidente del Gobierno la autoría de bulos y dislates todavía mayores. Que el Partido Popular tiene, entre sus acuciantes problemas, una dificultad extrema en hacerse entender, un problema grave de comunicación, lo sabe hasta el último ujier de Génova.

Esa falta de “empatía comunicativa”, por ser modernos, parte de su propia indefinición como alternativa. Ir siempre a la contra, imitando a Moncloa, que sigue confundiendo partido y gobierno, es lo que tiene; que acabas empatizando, aunque no lo pretendas, tanto con el adversario que lo terminas convirtiendo ya en enemigo a tu altura, pero para todo.

Pues hay que volver a las raíces, pasando del sarcasmo (más bien el sarcasno) a la ironía; y, si ajustamos un poco más y lo apalancamos en lo autóctono, a la retranca. Sí, eso que hacemos en Galicia y que connota a la ironía como sutil y con intención disimulada.

Modelo comunicativo para armar

Aprovechando, muy al caso, y adaptando el título del libro de Julio Cortázar “62/Modelo para armar”, maestro de la ironía argentina, país rival de España en la final del Mundial de futbol de este año 2026, reconstruir el modelo comunicativo del Partido Popular pasa por entender la función de A Reviravolta en la Muiñeira: Como una de las tres partes fundamentales de la estructura del baile, su cometido principal es el de aportar dinamismo y contraste, “actuando como una segunda fase donde el ritmo se acelera, permitiendo a los bailarines exhibir mayor agilidad y virtuosismo a través de giros rápidos sobre sí mismos”. Fin de la cita.

CODA: ¡Y, finalmente, va España y gana el Mundial! Pues ya los estrategas de Moncloa acabarán consiguiendo atribuirle el éxito y “culpabilizar” de ello a Pedro Sánchez. Y, si no lo hacen ellos, no nos preocupemos que lo harán, de alguna manera, los comunicólogos de la calle Génova.

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El humanoide no viene a convivir

Convivir es la palabra amable que se usa cuando no se quiere decir la verdadera; el robot humanoide no viene a compartir pasillo contigo, viene a hacer el turno de noche sin baja, sin convenio y sin que nadie le enseñe

Robot humanoide Figure 03 en la planta de Spartanburg del Grupo BMW

Robot humanoide Figure 03 en la planta de Spartanburg del Grupo BMW – BMW

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí? Hoy he leído en La Voz de Galicia la entrevista a Víctor Alonso Ramos, director de Transformación Digital del CTAG, y titulaban con una frase suya: «Conviviremos con los humanoides». Me he parado a escucharle, porque es de los que saben de lo que hablan, así que vamos a intentar aprender algo.

Donde le doy la razón

Alonso explica el gemelo digital como la reproducción virtual de un proceso para probar cambios y predecir averías sin que cueste dinero ni se rompa nada. Eso es exactamente lo que no se mide no se controla llevado a la fábrica. Pruebas en el ordenador lo que no te atreves a probar en la línea. Y cuando le preguntan por las pymes, no vende humo: dice que la implantación depende del tipo de empresa, de sus necesidades y de su grado de automatización previo.

Ahí está la clave que casi nadie lee. No puedes hacer el gemelo digital de un proceso que ni siquiera tienes medido. Primero sensores, primero datos, primero control. Después, el gemelo. El que quiera empezar la casa por el tejado va a pagar dos veces.

Y su miedo final, que mi hijo no tenga las mismas oportunidades que yo en Galicia, es el mío. Esa frase vale más que el titular.

Donde no me vale el relato

Convivir. Es la palabra amable que se usa cuando no se quiere decir la verdadera. El robot humanoide no viene a compartir pasillo contigo. Viene a hacer el turno de noche sin baja, sin convenio y sin que nadie le enseñe. Lo escribí hace unos días sobre la IA y lo repito con el robot: no viene a ayudarte; viene a sustituir tareas. Decirlo bonito no lo cambia.

El ejemplo del Cunqueiro. Alonso cita los robots que transportan la comida en el hospital de Vigo como presencia robótica en la sanidad gallega. Son robots filoguiados: carritos que siguen un camino marcado. Eso existe desde hace décadas en cualquier planta logística y no tiene nada de humanoide. Mezclar un carrito con un androide sirve para que el lector crea que el futuro ya está aquí. No lo está.

Los números del humanoide. El dato mata al relato, así que vamos al dato. Ningún fabricante tiene hoy más de unos pocos cientos de humanoides trabajando de forma sostenida en un entorno comercial. El propio Musk reconoció en enero que Optimus no se usaba de manera material en sus fábricas. El caso serio es Figure en BMW: una cuarentena de unidades facturadas a unos 25 dólares por hora de robot. Es un piloto bien hecho. No es una revolución.

«Europa tiene los mimbres». Unitree, la china, envió más de 5.500 humanoides en 2025 y apunta a entre 10.000 y 20.000 este año. AgiBot ya supera las 10.000 unidades acumuladas. China fabrica el cuerpo. Estados Unidos pone el cerebro. Europa pone la hoja de ruta y el congreso en Oporto. Hablar de soberanía tecnológica sin una sola empresa europea en la primera fila no es estrategia; es deseo.

El talento. Le preguntan qué cambio traerá en lo profesional y responde que es complejo. Un director de transformación digital que no concreta qué perfiles sobran y cuáles faltan está haciendo política, no tecnología. Yo se lo concreto: sobran los que gestionan sin medir y faltan los que saben leer un dato y firmar una decisión.

La pregunta que importa

El humanoide es, seguramente, la forma menos eficiente de robot. Copiamos el cuerpo humano no porque sea la mejor máquina, sino porque las fábricas, los hospitales y los almacenes están diseñados para humanos y sale más barato copiar al operario que rediseñar la nave. Es una solución de compromiso vendida como el futuro.

Mientras el periódico se pregunta si conviviremos con robots con cara, el empresario tiene que hacerse otra pregunta mucho menos fotogénica: ¿qué proceso de mi empresa cabe hoy en un gemelo digital con lo que ya tengo?

Esa es la que decide quién sigue en el mercado en 2030.

La otra, la de la cara, la decidirán en Hangzhou y en Fremont. Sin preguntarnos.

¡Se me tecnologizan!

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