R.I.PSOE
En la recta final de su mandato el ex presidente y hoy ya casi ex todo José Luis Rodríguez Zapatero bromeó durante la entrega de una condecoración al catedrático José Manuel Otero Lastre señalando que el mejor destino después de la Moncloa era el de “supervisor de nubes acostado en una hamaca”. Pues sí, tenía razón, acabaría sucediendo, sobre todo si el cielo se terminó convirtiendo en caribeño
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es saludado por los militantes a su llegada a la celebración de la Conferencia Municipal del Partido Socialista, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, / Europa Press
Por fin sabemos qué consecuencia tiene contemplar las nubes. En frase ya un tanto olvidada, excretada en septiembre del año 2011, último de su mandato, pero que ahora cobra nueva vida, el ex presidente y hoy ya casi ex todo José Luis Rodríguez Zapatero expresó de manera un tanto naif a qué se quería dedicar después de abandonar la política. Con motivo del otorgamiento de la Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort al catedrático José Manuel Otero Lastres, derivado de un libro de relatos cortos publicado por este con título “Las nubes pueden ser gemelas”, citando a Ramón Gómez de la Serna, significó que “el mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo”. Lastres le auguró que lo conseguiría cuando llegase “al gran paraíso” de abandonar la Moncloa, hecho que ocurrió pocos meses más tarde. Pues sí, tenía razón, acabaría sucediendo, sobre todo si el cielo se terminó convirtiendo en caribeño.
Política Chiripitifláutica
Cuando la televisión era todavía en blanco y negro y los adelantos técnicos no permitían confundirnos gracias a la IA, se idearon programas antológicos que ya no perduran casi en memoria alguna. Uno de ellos, incluido en el formato para infantes titulado Antena Infantil, era “Los Chiripitifláuticos”, una especie de denominación patria del Supercalifragilisticoespialidoso de Mary Poppins. En fin, cosas para niños (y niñas, como no).
El programa, salvífica Wilipedia, obtuvo un éxito inmediato hacia finales de los años 60, con personajes tan divertidos y diferentes como Locomotoro, el Capitán Tan, Valentina, el tío Aquiles o los Hermanos Malasombra (que eran dos, y malos malos de verdad, según soniqueteaba en su canción). Ya en 1970, se convirtieron en un programa propio, desapareciendo Locomotoro, uniéndoseles otros estrambóticos personajes tales como el payaso Poquito, Filetto Capocómico (siempre acompañado por un león de trapo a tamaño natural llamado, como no, Leocadio) y el niño Barullo. Fue el mayor éxito de la televisión infantil hasta la arrasadora llegada de Los Payasos de la Tele.
Los Chiripitifláuticos, invención, también como no, de un argentino llamado Óscar Banegas, hacían y deshacían con naturalidad historias rocambolescas y disparatadas donde cabían canciones como “El reino del revés” o saludos tipo: “Buenos días, su señoría” contestados por el grupo con “Mantantirulirulán”. En fin, surrealismo para criaturas, imaginación desbordada y situaciones absurdas apropiadas para la chavalería. Casi, casi, como la política española de hoy en día, a la que podemos apodar como Chiripitifláutica.
La nada como mensaje
La serie tomó tal carta de autoridad y contó con un enorme predicamento entre los pre púberes, que lo Chiripitifláutico, eso que podemos denominar una “nadáfora”, es decir, una expresión que no significa nada, se convirtió en un término para designar lo maravilloso y extraordinario por extravagante, pintoresco y sorprendente; tanto es así, que lo recoge el Diccionario de la Real Academia española de la Lengua. El término supone la conjunción de lo fláutico, en argentino lo estrafalario y ridículo y lo chiripiti, la locura graciosa que genera carcajada. En fin, no queda otro remedio que repetirse… casi, casi como política española de hoy en día.
La canción más popular del programa, y que como sintonía acompañaba el inicio de la emisión, incorporaba ejemplos de aquello que era chiripitifláutico, asuntos tales como la sonrisa de mamá y de papá, el gesto alegre del bebé, la pajarita de papel, y el más repetido y socorrido: chiripitifláutico es don José. Como programa premonitorio del hoy político, suponemos que se refería a un personaje que bien podría incorporarse a la panoplia de papeles de los originales chiris como el boludo don José Luis Rodríguez Patatero.
Y ahora, con el PSOE, ¿Qué hacemos?
La autoinmolación o “autosacrificio altruista” es una conducta propia de algunas especies animales. La ciencia, a día de hoy, y ello no es de extrañar, encuentra inexplicable este raro, aunque no infrecuente comportamiento. Tal ocurre con las hormigas explosivas o las termitas suicidas cuando defienden sus colonias (comportamiento que se denomina autotisis); en los casos individuales, suele derivar de un proceso largo de depresión o en duelo, mostrándose con ello un comportamiento autodestructivo. Ocurre, con cierta frecuencia, por ejemplo, en algunos cetáceos. Bien sea por defender al colectivo, bien por no aguantar la presión, las conductas suicidas en animales tienen ambas la misma causa: la desorientación.
Un caso de suicidio colectivo durante sus migraciones que se cita con frecuencia es el de los lemmings, unos roedores miomorfos que, supuestamente, se autoinmolan en masa tirándose por los fiordos. Esa teoría es falsa y proviene de un documental que interpretó mal la realidad de estos ratones, cuando cruzaban los ríos en sus transhumancias, ahogándose algunos.
Quizás a la actual situación del PSOE habría que seguir aplicando la letra de la emblemática canción de los Chiripitifláuticos, a modo de epitafio: “Si tú eres capaz de ver un mundo feliz, vivirás mejor, yo ya lo sé. No andes de aquí para allá, con gesto gruñón, se vive mejor con ilusión.” (de la sintonía “Chiriplifláuticos”).