Japón
Hay que apostar por la “IIA”, es decir, una Industrialización Inteligente Avisada, pendiente de lo importante: no convertir nuestras fábricas, una vez compradas, en meros lugares de ensamblaje y nosotros en simples almaceneros
A vicepresidenta Yolanda Díaz na empresa de robótica e intelixencia artificial AgiBot. Ministerio de Traballo
Uno de los grupos musicales más iconoclastas surgido en los años noventa del pasado siglo en España tenía como nombre el no menos singular “No me pises que llevo chanclas”. Imagen viva del estilo que acabaría denominándose “agropop” festivo, fueron autores de la hilarante canción “Japón”, cuyo estribillo insistente refería, “Japón, pero mira que está lejos Japón”.
Pues anda que China…
Aunque no tan lejos como Japón, lo está China. Y parece que se está convirtiendo en un destino codiciado por Europa, tanto en general, como en local. Hasta una renqueante ministra de trabajo se desplazó a la República Popular, muy en consonancia muleta en ristre, y, cómo no, puerilmente vestida de rojo mao. Pero, la verdad, pareciera que el amarillo sea el tono preponderante en la actualidad a la hora de hacer negocios y acuerdos por fuera.
Pero la China de hoy en día nada tiene que ver con las cuestaciones para el Domund, con sus cabecitas amarillas o la sabiduría popular que refiere su alta capacidad para ser engañados. Para nada. Ya el siglo pasado avisó André Malraux en su obra del año 1921 La tentación de Occidente (anda que non chouve dende aquela!), que “el objetivo de China es China”. Refrendado por el ex diplomático Eugenio Bregolat, ex embajador a su vez por tres ocasiones en la China, la primera con Deng Xiaoping, el verdadero ideador de la China moderna, el subtítulo de su obra La segunda revolución china pone de manifiesto su consideración sobre el gigante asiático: claves para entender al país más importante del siglo XXI. Hoy, China tiene cinco veces más PIB que la India, el país emergente por antonomasia.
Engañarse como un europeo
Las tornas han cambiado, y más que van a cambiar. China controla ya, sobre todo en relación a las materias primas, gran parte de África; en Sudamérica tiene inversiones cuantiosas en los sistemas de transporte (de hecho, está realizando un segundo canal en Nicaragua), y cerca del 10% de la deuda americana está en manos chinas. En su momento, los listos europeos, seguros tras una impostada superioridad sobre todo cultural, enviamos las fábricas contaminantes y feas a ubicarse en el país asiático. Aquí nos quedamos con lo limpito, con el I+D+i y salvando el medio ambiente, como baluartes de una civilización antigua y de alcurnia, frente a un país que nos miraba con asombro desde sus más de cuatro mil años de historia. Si algo caracteriza a los chinos en su hacer, es la paciencia, mezclada con perseverancia, disciplina y resiliencia. No en vano construyeron una muralla de más de 21.000 kilómetros de longitud. ¡A ver si la edificaron en vez de servir para evitar la entrada de los bárbaros para prevenir la salida de conocimiento!
Apostar por la “IIA”
Stellantis llega a un acuerdo estratégico con la china Dongfeng; nuestros fabricantes locales de carrocerías las ponen sobre chasis chinos, cuando antes se les despreciaba. Hasta compran constructoras, empresas conserveras, con presencia continuada en los polígonos industriales y, ahora, estamos yendo a pedirles que vuelvan a fabricar en nuestro idílico paraíso lleno de eucaliptos mezclados con especies autóctonas (pero, ¿qué es una especie autóctona? Es como aquello de las “familias bien, de toda la vida”, un atavismo).
Ante la fácil predisposición a la alianza achinada, hay que apostar por la “IIA”, es decir, una Industrialización Inteligente Avisada, pendiente de lo importante: no convertir nuestras fábricas, una vez compradas, en meros lugares de ensamblaje y nosotros en simples almaceneros. En este año 2026, China acaba de adelantar a Estados Unidos como la principal potencia mundial en relación a la inversión en investigación, así como en producción de publicaciones científicas y patentes tecnológicas. Y ahora que ya no tenemos una secular y férrea relación de apenas seis siglos con el “amigo americano”, entonces, ¿para qué nos quieren los chinos? Parece claro, somos un mercado más.
Por ello, y a falta en Europa de una política propia de reindustrialización clara y ajustada, nuestra “IIA” debiera soportarse en el conocimiento de lo que pretendimos hacer en Europa con la industria y que, ahora, China nos devuelve con intereses.
Como bien dice la letra de la canción sobre Japón de Pepe Begines y sus chanclas “Que allí no quiero ir yo, ¡Que no!, ¡Que no!, que no quiero ir a Japón. Ni a China tampoco que está al lao y e lo mismoooo. Y es lo mismo, pero comen ma arró!”. Sabiduría agroflamenca, too muy patrio y cañí.
Posdata: Otra genialidad de los Chanclas es su premonitoria tonada “En China”. Recomendamos vivamente su audición: No Me Pises Que Llevo Chanclas – En China (Videoclip Oficial)