Icho, un japonés heterodoxo

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Deu i Mata, 69 - 95 93 44 33 70 www.ichobcnjapones.com

20 de mayo de 2011 (11:57 CET)

Ana Saura triunfó de forma rápida y sorprendente con su Sakura-Ya, una barra japonesa en la zona de restauración de l’Illa Diagonal. Trataba de llevar a un público más amplio del habitual de los restaurantes japoneses un tipo de cocina que solo se servía en establecimientos de nivel, enfocados en un principio para la incipiente colonia nipona de Barcelona, sobre todo vinculada a las empresas electrónicas y del sector del automóvil con plantas en Catalunya. El éxito le aconsejó introducir cambios, primero con platos para llevar y luego con algunas mesas, tomando algo más de espacio en la codiciada planta sótano del centro comercial.


Cinco años después, en el 2003, inauguró Icho en la parte trasera de L’Illa, con entrada por la calle Deu i Mata. Y lo hizo siguiendo su intuición, que tan buenos resultados le había dado. Un restaurante japonés genuino, pero con incorporaciones mediterráneas, una especie de ósmosis. Contrató al maestro Yukihiko Shidara-Tan para que llevara el proceso. A lo largo de estos años ha ido añadiendo algunas innovaciones, como una barra para los que tienen más prisa y otra para comer ostras acompañadas de sake, del que tiene la oferta más amplia de la ciudad. La clientela básica son ejecutivos de las oficinas de los alrededores, familias, incluso japonesas, lo que siempre es una señal de garantía.

Junto a la combinación de productos del país con los importados desde Extremo Oriente, Icho se caracteriza por sus sushis, nigiris y sashimis de gran tamaño y muy buena elaboración, que hay que tomar con muy poca soja, para que no afecte al sabor del pescado. Tan siente predilección por la escórpora, que la trabaja de distintas maneras, y por el cangrejo rojo de costra blanda con el que prepara un estupendo arroz. También lo sirve como acompañamiento del huevo pochado en un caldo de algas -onsen tamago-, uno de los platos estrella de la casa. Correcta relación de vinos, algo caros, y exuberante carta de aguas de todas partes del mundo, como si el cocinero estuviera sugiriendo que la mejor forma de maridar sus preparaciones es con líquidos de sabores neutros.

El precio medio de la carta son unos 60 euros, aunque el local dispone de varios menús, entre los que el de degustación es el más recomendable para estómagos con buena capacidad.
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