Edadismo y vivienda: el riesgo estructural que amenaza la eficiencia del mercado inmobiliario 

España avanza hacia un escenario en el que uno de cada cuatro ciudadanos tendrá más de 65 años en 2030

El envejecimiento demográfico es uno de las macromagnitudes que más condicionarán la economía española en las próximas décadas. Sin embargo, su impacto sobre el mercado inmobiliario sigue infravalorado.  

La discriminación por edad —el edadismo— no es solo un fenómeno sociocultural: es un factor económico que distorsiona la oferta, altera la demanda, incrementa la vulnerabilidad residencial y reduce la eficiencia del mercado laboral, con efectos directos sobre la capacidad de acceso a la vivienda. 

España avanza hacia un escenario en el que uno de cada cuatro ciudadanos tendrá más de 65 años en 2030, y donde la longevidad se combina con una creciente amalgama socioeconómica entre los mayores. Este contexto exige una lectura crítica: el edadismo no es únicamente injusto; es económicamente ineficiente. 

Fuente: INE, Proyecciones de Población 2024–2074. El gráfico muestra el crecimiento sostenido del peso demográfico sénior, pasando del 20,4% en 2024 al 26,49% en 2035.
Fuente: INE, Proyecciones de Población 2024–2074. El gráfico muestra el crecimiento sostenido del peso demográfico sénior, pasando del 20,4% en 2024 al 26,49% en 2035.

Edadismo laboral: un riesgo silencioso con impacto inmobiliario 

Aún recuerdo cuando, siendo muy joven, en medio de una entrevista para otro banco         -yo ya era un director de oficina con experiencia-, me preguntó el responsable de RRHH si tenía algún inconveniente en que mi subdirector fuera una persona de 50 años. Le dije que no, al contrario, que estaría encantado de contar con su experiencia para aprender de él, que me daría mucha seguridad. 

El reciente informe de InfoJobs revela un dato que debería preocupar a cualquier analista: el 60% de los trabajadores españoles ya no aspira a ascender. No por falta de oportunidades, sino por la percepción de que un ascenso deterioraría su calidad de vida. Este fenómeno, que refleja un agotamiento estructural del mercado laboral, tiene implicaciones directas sobre la movilidad residencial, la capacidad de ahorro y la demanda de vivienda. 

Para los trabajadores sénior, la situación es aún más crítica: 

  • El 64% del talento mayor de 50 años declara haber sufrido discriminación por edad (Programa Generación SAVIA). 
  • Los candidatos sénior tienen un 50% menos de probabilidades de ser llamados a una entrevista (Instituto ISEAK). 
  • Más de 837.000 mayores de 50 años están desempleados, y el 59% es paro de larga duración (Solidaridad Intergeneracional). 

La consecuencia es clara: una parte creciente de la población mayor llega a la jubilación con trayectorias laborales intermitentes, menor capacidad de ahorro y, por tanto, mayor dependencia del alquiler. 

Edadismo en el mercado inmobiliario: una distorsión ya visible 

El sector inmobiliario español presenta ya tres fricciones relevantes vinculadas al edadismo: 

a) Sesgo en la selección de inquilinos 

Los propietarios y aseguradoras tienden a preferir inquilinos jóvenes, bajo la premisa —no siempre fundada— de menor riesgo. Esto genera penalización en seguros de impago para mayores, mayor exigencia documental y rechazo implícito en procesos de selección digitalizados. 

El resultado es un aumento de la vulnerabilidad residencial sénior, especialmente en mercados tensionados como Madrid, Barcelona, Málaga o Valencia. 

b) Crecimiento del alquiler sénior: un cambio estructural 

El porcentaje de mayores que viven de alquiler ha aumentado un 40% en diez años. Este fenómeno rompe el mito del “mayor con piso” y anticipa un cambio profundo en la demanda: hogares unipersonales, pensiones que no crecen al ritmo del alquiler, necesidad de viviendas accesibles y adaptadas. 

El impacto económico es evidente: los mayores destinan más del 40% de su pensión al alquiler en zonas urbanas, lo que reduce consumo, inversión y capacidad de ahorro. 

Fuente: INE (ECH) y Ministerio de Vivienda. El gráfico muestra el aumento del porcentaje de mayores que viven de alquiler: del 8,9% en 2010 al 14,5% en 2024.
Fuente: INE (ECH) y Ministerio de Vivienda. El gráfico muestra el aumento del porcentaje de mayores que viven de alquiler: del 8,9% en 2010 al 14,5% en 2024.

c) Brecha digital y acceso a vivienda 

La digitalización del mercado —portales, scoring automatizado, trámites online— penaliza a quienes no dominan estas herramientas. Según el INE, solo 1 de cada 3 mayores de 75 años usa internet con regularidad. Esto limita su acceso a ofertas de alquiler, procesos de reserva, comparadores de precios, servicios de financiación. 

La brecha digital se convierte así en una barrera de entrada al mercado. 

Senior living, cohousing y flex living: hacia dónde se moverá la demanda sénior 

La Asociación de Espacios Inmobiliarios Compartidos COWORD ha marcado el camino: el envejecimiento no solo incrementa la demanda de vivienda; transforma cómo se vive. 

a) Senior living: un mercado con déficit estructural 

España necesitará más de 200.000 unidades adicionales de senior living en los próximos 15 años. La demanda se concentra en viviendas con servicios, apartamentos asistidos, modelos híbridos entre vivienda, salud y hotelería. 

El senior living no es un producto asistencial: es un activo inmobiliario con retornos estables, baja rotación y creciente interés institucional. 

b) Cohousing sénior: eficiencia económica y reducción de soledad 

El cohousing sénior ofrece ventajas económicas claras: reducción de costes por economía compartida ¿quién quiere seguir viviendo en una vivienda desactualizada e ineficiente energéticamente?, optimización de espacios comunes, menor presión sobre servicios públicos y reduce la soledad no deseada (síndrome del nido vacío). 

En países del norte de Europa representa ya entre el 5% y el 8% de la oferta residencial para mayores. España está en fase embrionaria, pero con un potencial elevado en ciudades medias. 

c) Flex living para mayores: un segmento emergente 

Aunque asociado a jóvenes profesionales, el flex living empieza a atraer a mayores que buscan estancias temporales tras separaciones o viudedad, vivienda puente durante la reforma/rehabilitación, y proximidad a familiares sin compromisos a largo plazo. 

El talento sénior en el sector inmobiliario: un activo infravalorado 

El edadismo también afecta a las empresas del sector. Y lo hace en un momento en el que la industria necesita: visión estratégica, conocimiento de los ciclos inmobiliarios, capacidad de negociación y gestión de relaciones a largo plazo. 

Excluir a profesionales sénior reduce la eficiencia del sector y aumenta la rotación, un coste que muchas compañías subestiman. 

Por eso, llevo más de 20 años luchando contra este fenómeno, contratando mayores de 50 años -la presidenta de un emporio inmobiliario me dijo una vez: “¿dónde vas con esa gente mayor, Roberto?”– quienes me aportan equilibrio a través de la suma con el talento joven. 

Mi experiencia, siempre positiva, sobre los perfiles sénior es que aportan: memoria de mercado (conocen ciclos, burbujas y correcciones para no incurrir en errores del pasado), estabilidad (menor rotación y mayor compromiso), reputación (relaciones consolidadas con clientes e instituciones) y rigor operativo (procesos más sólidos,  menos improvisación), aunque no sean nativos digitales. 

En un sector donde la confianza es un activo, el talento sénior no es un complemento. Es una ventaja competitiva. 

Mi diagnóstico: el edadismo es un riesgo económico, no solo social 

El edadismo genera ineficiencias en el mundo laboral, el sector inmobiliario y empresarial, porque desaprovecha talento clave, reduce productividad y aumenta la vulnerabilidad residencial (menores pensiones vs. alquileres más altos). 

Es por ello, que el sector inmobiliario debería seguir esta receta: integrar talento sénior, diseñar producto adaptado a la mayor esperanza de vida con criterios de accesibilidad y servicios, así como eliminar sesgos en el alquiler. 

El envejecimiento no es un problema. Es una oportunidad económica. El edadismo, en cambio, sí es un riesgo. Y uno que el sector inmobiliario no puede permitirse ignorar. 

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