Hagan el favor de no liberarnos por decreto

El afán de liberación y redención de nuestra izquierda esconde un modelo intervencionista que es la antesala de la sociedad cerrada. ¿La liberación en beneficio del pueblo y su bienestar? Falso. Sigan y vean algunos ejemplos

La coalición entre el PSOE de colorines transformado en un catch-all party y el Podemos retrógrado e iluminado, propicia la charlatanería redentora. Ese empeño en liberar al pueblo y a la clase trabajadora -¿de quién estarán hablando?- y dar satisfacción a ciertos colectivos como ecologistas, feministas, pacifistas, nacionalistas, animalistas, altermundialistas, vegetarianos, veganos, antidesahucios, turismofóbicos lo que cada uno quiera añadir a la lista de agraviados por el capital y el imperio.

¿Qué ocurre aquí? Sin circunloquios: el afán de liberación y redención de nuestra izquierda –el PSOE a remolque de Podemos y otras minorías para no perder la mayoría parlamentaria- tiene consecuencias indeseables. Más: dicho afán –la lección de la Historia- esconde un modelo intervencionista que es la antesala de la sociedad cerrada. ¿La liberación en beneficio del pueblo y su bienestar? Falso. Sigan y vean algunos ejemplos.

El `rider´ pierde su puesto de trabajo

El afán de liberación del trabajador oprimido por el capital ha conducido al Gobierno, de la mano de Podemos, a aprobar la ley por la cual el rider pasa de autónomo –de falso autónomo, dicen- a asalariado. Fantástico. Un auténtica mejora para quienes reparten las mercancías –a pie, en bicicleta, patinete o motocicleta- en una dura jornada laboral.

Pero, no. Resulta que el remedio es peor que circular autónomamente por la ciudad con un contenedor en la espalda. Algunas empresas –aumento del coste- han decidido prescindir de los asalariados, o recurrir a otra empresa que facilite subcontratados, o cerrar el negocio y abandonar España. Más: al rider joven que combina el reparto con el estudio se les presenta el dilema: o lo uno o lo otro. Y el trabajador que busca flexibilidad horaria para compatibilizar empleos, muy probablemente se quede en la calle.

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La ministra de Trabajo, Yolanda Diaz, habla con Pablo Iglesias en el Congreso. EFE

Sí señor: así se libera a los trabajadores oprimidos. Quizá por eso, la mayoría de riders dicen “no” al Gobierno. Y el caso es que la ministra del ramo está muy contenta, porque dice que España es un ejemplo para el mundo. ¡Qué sabrá ella!

¡Nosotros os vamos a subir el salario!

Da igual que un informe del Banco de España afirme que la última subida del Salario Mínimo Interprofesional ha supuesto la pérdida de unos 170.000 empleos. Todo eso da igual, porque la izquierda quiere que se aumente el salario de los trabajadores peor pagados. Una decisión encomiable, sin duda. Pero, perjudicial para los trabajadores a los se quiere aliviar la existencia.

Hay razones de peso para desaconsejar el aumento del salario mínimo más allá de cierto límite. Porque, ello supone desincentivar el afán de superación del trabajador, la contratación de nuevos trabajadores o la inversión de capital. Por lo demás, dicho aumento perjudica a los trabajadores menos cualificados, porque –puestos a contratar a precio alto- el empresario se decide por los mejor cualificados. O lo que es lo mismo, el aumento del salario mínimo perjudica a quienes más necesitan trabajar. Cosas del populismo de izquierdas.

Más empresa pública y más Estado

Resulta que el precio de la electricidad está por las nubes. No es fácil bajarlo, porque depende de distintas variables que ustedes ya conocen y no voy a repetir. Tranquilos. El Gobierno –una parte del mismo encabezado por Podemos y sus lumbreras- ya tiene la solución. Hay que nacionalizar lo que se pueda –más Estado- y crear una empresa pública de electricidad.

La nacionalización ha sido siempre una bandera de la izquierda. Alguna excepción hay: Rodríguez Zapatero dando el visto bueno a la compra de Endesa por parte de la italiana Enel cuyo accionista mayoritario es el Estado italiano. Pero, ¿no habíamos quedado que el eléctrico era un sector estratégico del Estado? ¡Ay, estos socialistas!

Huyamos de la nacionalización: porque, con frecuencia no es competitiva y genera pérdidas que cubre el erario público; porque, suele utilizar los recursos públicos con unos criterios que no corresponden al interés general y sí al interés corporativo de algún sector económico o de alguna casta determinada de funcionarios privilegiados; porque, tiene la mala costumbre -vean las plantillas de las empresas públicas existentes- de contratar a los nuestros y generar empleo artificial. Así se engorda y endeuda todavía más el Estado. Mucho “debe” y poco “haber”.

Y a quien saque a colación el ejemplo alternativo de Barcelona Energía del Ayuntamiento de Barcelona presidido por Ada Colau, se le recuerda lo siguiente: que no se trata de una empresa, sino de una comercializadora que vende energía generada mayormente por una central térmica contaminante, que los precios han subido en la misma proporción que lo ha hecho el mercado mayorista, y que solo ha podido captar –menos de 3.000- un número discreto de clientes.

Unas matemáticas feministas y emocionales y pase usted de curso sin aprobarlo

Seamos serios. Las matemáticas son lo que son y punto. Los inventos se hacen en la cocina y con gaseosa. Los inventos no se hacen en el aula y con las matemáticas. Lo mismo vale para la lengua, la historia, la filosofía, las ciencias naturales, el latín, el dibujo o la educación física. Más: para pasar de curso se deberían aprobar todas las materias objeto de estudio y examen. Sí, he escrito “examen”. Es decir, esfuerzo, disciplina y autodisciplina.

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La nueva ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría. EFE

Cuando se acepta que la educación es la condición de posibilidad de la promoción individual, social, laboral y económica, el soi-disant progresismo apuesta por el analfabetismo secundario. ¿Matemáticas emocionales? ¿Matemáticas feministas? Lo que nos faltaba para hundirnos más en la lista de PISA.

Efectivamente, las familias con recursos tienen la oportunidad de llevar a sus hijos a escuelas concertadas o privadas. Para ellos, sí existe el ascensor social. Por su parte, los hijos del pueblo que quiere liberal la izquierda, seguirán con las dificultades de siempre. ¡Reaccionarios!

El bombero torero recibe una cornada

El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 entiende que el espectáculo de la cuadrilla cómica Diversiones en el Ruedo y sus enanitos toreros es un divertimento “denigrante” que menoscaba la dignidad del colectivo y por eso hay que prohibirlo. Consciente de que ello conduce a la desocupación, promete un plan de reciclaje laboral. Por su parte, los afectados piden libertad para ejercer su trabajo.

El espectáculo del bombero torero, ¿denigra por su apariencia a los enanos que lo protagonizan? Planteado en otros términos, ¿el público se ríe de los enanos por su apariencia y por ello hay que prohibirlo? Si ello fuera cierto –no cabe descartar que haya alguien que efectivamente se ría de la apariencia- quizá sí que podría plantearse la prohibición. Digo, quizá. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los enanos brindan al público, voluntariamente, dicho espectáculo. El detalle: se trata de cómicos que ofrecen el espectáculo que les parece.

Si aceptamos el razonamiento del ministerio podemita, habría que prohibir –lógica de primer orden- las películas de los Hermanos Marx y Charlot. ¿O es que la gente no se ríe del hermano Marx mudo y del Charlot que representa la imagen del hombre desgraciado? Añadan las películas del gordo y flaco en las que se hace burla del volumen de uno y otro protagonista. Por no hablar de los cómicos españoles que en la escena representan al tartamudo o al paleto de pueblo. Obvio: habría que prohibir las películas de Paco Martínez Soria.

Nuestro progresismo con mando en plaza no entiende que el actor cómico suele ser risible y grotesco. El género es así. Cosa que saben muy bien los representantes del espectáculo del bombero torero cuando –en respuesta a la amenaza de prohibición- afirman que el público “se ríe con ellos y no de ellos” más allá de la “estatura”. Concluyen: “estamos decididos a ganarnos el pan como mejor sabemos” y no queremos “subvenciones ni pagas ni falsas defensas. No nos utilicen”. Pregunta: ¿acaso está prohibido el trabajo para quienes miden menos de metro veinte? Y si alguien necesita protección, que lo haga fuera del ruedo. Pregunta: ¿se solicitaría la prohibición si se trata de un espectáculo no taurino?

Los cinco ejemplos sacados a colación responden al Ministerio de la Propaganda –existir, existe- de un Gobierno populista que le ha tomado gusto a la imposición de sus ideas –de ahí, la afición por el Real Decreto- con la excusa de liberar o redimir al pueblo.

Se ruega a los amigos de la sociedad cerrada que no nos liberen ni rediman por decreto.

Miquel Porta Perales