Acotaciones a vuelapluma sobre la investidura fallida. En la imagen, el candidato de Junts per Catalunya, Jordi Turull, ha iniciado su discurso ante el pleno del Parlament asegurando que asume el "riesgo" de ser investido presidente de la Generalitat por

Acotaciones a vuelapluma sobre la investidura fallida

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La CUP volvió a decantar el futuro de Cataluña en una sesión de investidura llena de derrotismo

Carlos Carnicero

Acotaciones a vuelapluma sobre la investidura fallida. En la imagen, el candidato de Junts per Catalunya, Jordi Turull, ha iniciado su discurso ante el pleno del Parlament asegurando que asume el "riesgo" de ser investido presidente de la Generalitat por

Madrid, 22 de marzo de 2018 (22:16 CET)

La CUP ha demostrado otra vez el placer que le proporciona voltear la política catalana. Tienen la mitad de escaños que en la anterior legislatura, pero sigue condicionando los movimientos de los directores del procés.

Hay cosas difíciles de conciliar. Sin duda los actores del escenario del independentismo catalán. Está ocupado por fuerzas políticas no solo disímiles, sino fundamentalmente contradictorias que además manejan un relato pretendidamente épico y algunos además revolucionario. Pero sin ninguno de los componentes esenciales de la épica y la revolución: la posibilidad de ir a prisión hace que se arruguen porque no están dispuestos a ese sacrificio. Son revolucionarios de salón.

¿Alguien se imagina a Marcelino Camacho y a los presos del proceso 1001 diciendo a sus jueces que no sabían lo que estaban haciendo y que si los soltaban no lo harían más?

Lo más esperpéntico es la situación de la exportavoz de la CUP, que se esconde en un paraíso capitalista

Se desdicen, mienten y pretenden engañar abominando de sus principios desesperadamente para salir de prisión o evitar entrar en ella. Algunos de sus caudillos están fugados de la justicia. Lo más esperpéntico sin duda es la situación de la exportavoz de la CUP, grupo antisistema, que se esconde en uno de los paraísos capitalistas del mundo e histórico refugio de fortunas con tradición de opacidad bancaria.

Lo que está ocurriendo, la parálisis política y el esperpento cotidiano, es producto del imposible metafísico de conciliar los intereses de los personajes líderes de esta tramoya. Un trampantojo en que nadie es sincero, ninguno coherente y desde luego anclados todos en la deslealtad como únicos contravalores que les unen.

Reflexiones sobre los componentes del procés

Convergència Democrática de Catalunya fue el partido hegemónico durante más de treinta años. Se institucionalizó en el poder y la corrupción que se practicó en su seno terminó por obligarles incluso a cambiar el nombre del partido. Fue un partido pragmático y negociador hasta que la propia corrupción les empujó en una huida hacia delante a un callejón sin salida.

Dilapidaron su última mayoría absoluta hasta conseguir el sorpasso de Esquerra Republicana de Catalunya. Los despojos de la grandeza de Convergència se refugiaron en el Pdecat, que después se ha desvanecido en Junts per Catalunya, una agrupación electoral cosida personalmente y para sus intereses por Carles Puigdemont.

CDC ha dilapidado la mayoría electoral que le colocaba por encima de ERC

El expresident pretende una legitimidad construida sobre una ficción que ningún pretendiente a rey se hubiera atrevido a formular. Deambula por Europa deshilachando sus pretensiones camino de consagrarse como un juguete roto que nadie tenga en cuenta. A raíz de su fuga, consiguió que la Diputación de Barcelona hiciera un contrato exprés y a medida de su esposa como periodista con un sueldo de seis mil euros para un puesto creado sin ningún otro merecimiento que ser la mujer de un fugado de la Justicia.

En el universo de los restos del naufragio de Convergència anidan los que quisieran eliminar a Puigdemont del escenario y que el partido recuperara el control. Son incapaces de deshacerse del monstruo que han creado.

ERC quisiera tomar la legalidad y la normalidad, pero carece del coraje pedagógico de explicar a quienes ha engañado que la ficción ha terminado, que no tiene más recorrido. Pánico electoral a que el prófugo expresident pueda consolidar su posición en unas nuevas elecciones. Hay ocasiones en la historia que la ensoñación y las emociones arrancan más apoyo cuando el relato falsificado de la historia ha contaminado a quienes se han dejado engañar.

Parte de Convergència es incapaz de eliminar a Puigdemont

La tercera pata de este taburete que aguanta el procés es un partido, movimiento o agrupación anticapitalista. Utiliza la querencia por la independencia de Cataluña solamente como arma de desgaste y desequilibrio del sistema democrático.

Consiguió humillar a la antigua Convergència que aceptó el veto de su líder y candidato a presidir la Generalitat e imponer a otro. Artur Mas designó para sucederle a un alcalde desconocido que llegó al cargo en segundas nupcias con la esperanza de que fuera muñeco manejable.

Ahora, disminuidas a la mitad sus fuerzas parlamentarias pero necesarios para configurar mayoría, los miembros de la CUP gozan del privilegio conseguido para condicionar la vida política de Cataluña vetando las propuestas que reciben erigidos en niños malos y caprichosos de la política catalana.

Jordi Turull leyó en su investidura unos folios desvaídos, demostrando que no se ha parado ni un minuto en construir un proyecto para el bienestar de los catalanes

La investidura fallida de Jordi Turull demuestra, en primer lugar, que todos ellos no tienen el mínimo interés ni la mínima prioridad por los intereses de los catalanes. Por un buen gobierno que mejore las condiciones de vida en Cataluña.

Turull leyó en su investidura unos folios desvaídos con la convicción de su inutilidad y demostrando que no se ha parado ni un minuto en construir un proyecto para el bienestar de los catalanes.

Lo único positivo de la investidura fallida es que ha puesto en marcha el reloj constitucional para unas nuevas elecciones. Y no es poco.

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