La presidenta del Congreso, Ana Pastor, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy

Ana Pastor: la sustituta de Rajoy que pudo evitar el gobierno Frankenstein

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Pedro Sánchez acaricia el lomo de los independentistas para no alterar su decisión de apoyar la moción de censura

Madrid, 31 de mayo de 2018 (21:44 CET)

Cuando Andoni Ortúzar, brillante portavoz parlamentario del PNV, anunció su apoyo a la moción de censura, el universo popular colapsó. Se expandió el sueño o el rumor de que Mariano Rajoy, inexcusablemente ausente toda la tarde de la Carrera de San Jerónimo, iba a presentar su dimisión, para evitar el gobierno Frankenstein e intentar la investidura como presidenta de Gobierno de Ana Pastor.

El rumor tomó tanta fuerza que tuvo que comparecer Dolores de Cospedal para reafirmar que Mariano Rajoy no consideraba la posibilidad de dimitir para parar la moción de censura. Hay muchos que no se atreverían a poner la mano en el fuego.

Sea como fuere, el presidente confirmó su defunción política después de casi cuarenta años recorridos en casi todos los estadios de la vida pública.

Todo fue muy bronco. Excepto el idilio empalagoso que promovió Pablo Iglesias —probablemente, la inolvidable cantante Cecilia se inspiró prematuramente en el líder de Podemos para componer la canción de “novia en la boda, muerto en el entierro— pero Pablo es así, sobreactuado y narcisista. Uno termina por compartir el cariño con el hastío.

Sin programa de gobierno

Las presiones sobre Mariano Rajoy, cuando se conoció el secreto mejor guardado del PNV, se hicieron insoportables, sobre todo al observar el tono conciliador de Pedro Sánchez con los portavoces de Pdecat y ERC. El IBEX 35, en estado de guardia, echó en falta que el candidato Sánchez renovara su juramento ante los portavoces independentistas, sobre su firmeza en no permitir la mínima vulneración de la ley.

Pedro Sánchez les acarició el lomo a los golpistas para no alterar su decisión. Para la historia quedará escrito que el líder socialista llegó a La Moncloa gracias al apoyo del “Le Pen” español y del curita Junqueras. La Bolsa española, a esas horas, ya calentaba motores para un viernes negro. Lo imposible e impensable se ha hecho realidad.

Quien esperaba un programa de gobierno se ha tenido que conformar con un catálogo de buenas intenciones, formulado solo para no espantar a nadie. ¡Antológico!, un presidente de Gobierno va a ejercer con los presupuestos de quien ha derribado y con el apoyo de quien los ha hecho posibles.

El milagro de la alquimia

Si la acción de gobierno es, sobre todo, la aplicación e identificación de un presupuesto, Sánchez ha logrado el milagro de la alquimia de trasmutar las reglas básicas de la gobernanza.  

Pablo Iglesias, perdido en los universos de sus disquisiciones hegelianas, no tuvo un segundo para reflexionar sobre cómo se puede comenzar el asalto a los cielos con los Presupuestos Generales del PP.  De la “bestia“, pelillos a la mar”.

La agresividada de Pedro Sánchez con Albert Rivera fue memorable

Memorable la agresividad ácida de Pedro Sánchez con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. A partir de ahora, dada la indiscreción del secretario general del PSOE con sus conversaciones privadas, nadie le va a confiar un secreto.

La salida del hemiciclo fue un desfile de las plañideras del PP. Salvo que Mariano Rajoy rectifique y dimita de forma sorpresiva, el lunes va a haber colapso en las oficinas del paro. Los cesados populares van a fastidiar los datos del paro del mes de julio. Pero bueno, eso será ya culpa de Pedro Sánchez.

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