Ada Colau y Pedro Sánchez en su último encuentro en Barcelona

Colau también quiere su cuota en el gobierno de Sánchez e Iglesias

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La coalición de izquierdas está condenada a innumerables equilibrios para contentar a Catalunya en Comú, PSC, Izquierda Unida y las federaciones del PSOE

Barcelona, 14 de noviembre de 2019 (04:55 CET)

Aunque la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno ni siquiera está garantizada, el reparto de sillas en el futuro consejo de ministros avanza. Hay asuntos que están claros como las tres vicepresidencias (Carmen Calvo, Nadia Calviño y Pablo Iglesias) y otros que no lo están tanto porque hay muchos actores interesados en ocupar su cuota de poder en el futuro Gobierno, entre otros, Ada Colau y su partido, Catalunya en Comú.

Colau quiere cobrarse la factura con Iglesias después de haberlo apoyado sin fisuras durante el pulso que mantuvo con Íñigo Errejón (Más País) a la hora de articular su candidatura en las generales. La alcaldesa de Barcelona no sólo fue decisiva para frenar a Errejón, sino también en el resultado final de Podemos, puesto que su lista obtuvo más de 500.000 votos y 7 de los 33 diputados del grupo morado. 

Y el precio de la factura no es otro que asumir uno de los tres ministerios que le corresponden a Podemos en la futura coalición con el PSOE. El interrogante es el nombre, aunque dos de ellos suenan con fuerza: el de Jaume Asens, que fue concejal de Participación y Transparencia del Ayuntamiento de Barcelona; y el de Gerardo Pisarello, antiguo teniente de alcalde de Colau.

El problema para Sánchez —y para Iglesias— es que los equilibrios internos de su gobierno de coalición no acaban aquí, sino que apenas comienzan. Hay muchas cuotas que atender en un gobierno llamado a tener al menos 17 sillas de ministros (las mismas que tiene el actual ejecutivo en funciones).

De Colau a Izquierda Unida y al PSC

En el espacio de gobierno de Podemos —que será estanco, sin supervisiones del PSOE— también Izquierda Unida quiere tener su cartera. Iglesias, en realidad, no tiene tanto que repartir, teniendo en cuenta que piensa dejar en manos de Irene Montero uno de sus tres ministerios (Sanidad, probablemente) y que debe cumplir con Colau. Así que solo le queda un ministerio por asignar e Izquierda Unida, liderada por Alberto Garzón, confía en sus fuerzas para asumirlo.

Más equilibrios. En este caso de los propios socialistas. Sánchez también sufre las presiones del PSC, un puntal en su proyecto político. El partido de Miquel Iceta, experimentado, trabaja en silencio sus cuotas de poder y mantiene el guion, incluso puertas adentro, de que la selección de los ministros es "una tarea exclusiva del presidente".

Pero lo cierto es que el PSC aspira a que Sánchez conceda cada vez más protagonismo a su partido antes de las próximas elecciones catalanas. Hasta ahora, Sánchez ha cumplido. Lo hizo cuando promovió a Meritxell Batet (exministra de Política Territorial) como presidenta del Congreso y también cuando intentó que Iceta fuera presidente del Senado. Incluso tras el fracaso de la operación Iceta, Sánchez mantuvo la cuota del PSC colocando a Manuel Cruz al frente del Senado.

El presidente sabe que el PSC no se conforma con las dos presidencias de las Cortes y que los socialistas catalanes quieren al menos un ministro de su influencia. Uno de los nombres en circulación es el de José Zaragoza, que ya se barajó, de hecho, en la anterior formación de gobierno.

Los equilibrios del propio PSOE

Con el PSOE de Andalucía las cosas están resueltas. Sánchez ha hecho suya a María Jesús Montero (ministra de Hacienda en funciones), cuyo peso político está llamado a aumentar. El presidente la tiene por uno de sus principales valores y le atribuye una enorme capacidad comunicadora, por lo que podría ser premiada con la portavocía, ya que, además, es del gusto de Podemos.

El gabinete, claro, no se puede completar sin la guardia pretoriana que ha acompañado a Sánchez desde su ascenso. Ahí estará, sin duda, José Luis Ábalos, a quien el presidente reconoce, sobre todo, su capacidad de trabajo. Adusto en las formas, fiel al líder y fiel al PSOE, Ábalos seguirá en la sala de máquinas.

Faltan piezas para completar el puzzle, pero es difícil, muy difícil, que se vuelva a bautizar el gobierno de Sánchez como el gobierno bonito

 

 

 

 

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