El asesinato de la diputada Jo Cox rompe la campaña del brexit

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La polarización alentada por los tabloides, los excesos del UKIP y la falta de personalidad de Cameron dañan al Reino Unido que se enfrenta a un drama a una semana del referéndum

La diputada laborista Jo Cox, cuya muerte sacude la política británica. / EFE

Barcelona, 17 de junio de 2016 (01:00 CET)

La falta de racionalidad. Los excesos. Una mal entendida pasión en la política, y una tremenda división social. Todo eso puede resultar explosivo y así ha sido. El asesinato de la diputada laborista Jo Cox a manos de un hombre de 52 años, al grito de Britain First, ha roto la campaña del Brexit. De la reacción de los dirigentes políticos y especialmente del premier David Cameron, dependerá ahora la suerte del Reino Unido, a menos de una semana del referéndum.

Jo Cox, madre de dos hijos, de 41 años, fue atacada cuando atendía a sus electores, en su circunscripción de Batley and Spen (West Yorshire). Un hombre de 52 años discutió con ella, le disparó y la apuñalo. El grito de Britain First le delató, porque se trata del nombre de un partido de extrema derecha, creado en 2011 por antiguos miembros del Partido Nacional Británico (British National Party, BNP), venido a menos, y cuyo ideario lo ha recogido el exitoso UKIP, con eurodiputados en Bruselas. La Policía lo detuvo, posteriormente, en Leeds.


El Reino Unido: dos países enfrentados

Se habia jugado con fuego. El UKIP se ha volcado en generar el miedo contra la inmigración, en un país que sufre como ningún otro una gran desigualdad social. The Economist, siempre atento, alertaba de ello en abril de 2013, cuando describía un país que albergaba, en realidad, a dos países: un sur dinámico, centrado en la City, en los servicios financieros, con fuerza turística, inclinado hacia el Partido Conservador, y un norte destrozado, sin industria, sin turismo, que había sido el feudo del Partido Laborista. Cuando no existen referentes, cuando los partidos se mueven por instintos populistas, quien recoge el guante son nuevas formaciones sin escrúpulos como el UKIP.

El eurodiputado del UKIP, Jonathan Arnott, de Shefield, una ciudad al norte de Inglaterra, aseguraba a Economía Digital que la campaña del Brexit ha ido ganando adeptos porque "de cada 100 inmigrantes que llegan al Reino Unido, 96 llegan por cuestiones económicas, y ha llegado un punto en que se debe limitar esas entradas, porque no hay para todos".

Es decir, esos inmigrantes chocan con la situación de una clase social británica depauperada, que, además, se alimenta de la prensa popular, que no tiene muchas manías para publicar que la Unión Europea pone en peligro las pensiones de los británicos, como lleva publicando en los últimos meses periódicos como The Daily Telegraph o The Sun.

Para combatirlo, y pecando de los mismos excesos, Cameron ha defendido lo contrario, que dejar la Unión Europea pondrá en peligro las pensiones, en una muestra, de todos, de que el debate ha dejado de ser racional. El analista Owen Jones lo ha explicado con evidencia empírica en los últimos años.


Las razones del UKIP

Arnott explica como ese desencanto, por las dificultades económicas, ha provocado el ascenso de su partido, y lo compara en repetidas ocasiones, con el efecto de Podemos en España, aunque se trate de situaciones y de discursos diferentes. En cualquier caso, Arnott, en un encuentro reciente en Estrasburgo, explicaba que ya no se trata de buscar el origen del apoyo del UKIP a través del tradicional eje izquierda-derecha, sino de la salida de clases medias que ven un horizonte económico en el Reino Unido muy complicado, pero que apuestan por políticas netamente nacionales, sin la intervención de Bruselas, y con limitaciones a la inmigración.

El asesinato de la diputada Jo Cox lo pone, sin embargo, todo en cuestión. Esos excesos, mostrados en la campaña del UKIP, con agresivos carteles con alusiones a los refugiados procedentes de Siria, han creado un caldo de cultivo peligroso, aunque se pueda tratar de un caso aislado, de un loco desequilibrado. Cox había sido elegida por primera vez miembro de la Cámara de los Comunes el año pasado. Había sido responsable de la ONG Oxfam, y era una eropeísta convencida, que se había caracterizado, además, por su rechazo a una mayor implicación militar en Siria.

En el debate que organizó Economía Digital este miércoles, en Banc Sabadell, sobre el Brexit, Pol Morillas, investigador principal para Europa del CIDOB incidía en una clave que ahora deberán afrontar con mayor determinación los propios británicos. "Pase lo que pase con el referéndum, pero con más motivo si gana el Brexit, el debate interno será enorme, porque se pondrá todo en juego, también la legislación laboral".


La responsabilidad de Cameron

El Partido Conservador, el Laborista, pero también el UKIP, se podrían enfrentar para encarar cómo se negocia con la Unión Europea todos los aspectos que se pusieron sobre la mesa en el Consejo Europeo del pasado mes de febrero.

El mayor responsable es David Cameron. El asesinato de Cox pesará sobre él, aunque se pueda entender que de forma injusta. El Financial Times alertaba de ello este mismo miércoles, antes, claro, de conocer la muerte de la diputada. En un duro editorial constataba que "La apuesta de David Cameron por el referéndum se ha demostrado como un intento inútil para frenar las divisiones dentro de las filas del partido conservador. La campaña ha dividido al país", senaló, desmintiendo, además, como se han encargado de difundir los trabloides, que el Reino Unido contribuye con 350 millones de libras netas por semana al persupuesto de la Unión Europea.


El papel de los laboristas

Dependerá en la semana que resta hasta el referéndum de la reacción del conjunto de la sociedad británica, de cómo interiorice un asesinato, producto de una caldeada campaña, llena de medias verdades o de mentiras rotundas. Cameron, que visitó este miércoles Gibraltar, suspendió su mitin.

Ahora los laboristas también deberán reaccionar. Ha sido el ex primer ministro Gordon Brown quien ha tenido que reaparecer para apostar sin fisuras por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, frente al líder laborista, Jeremy Corbyn, también europeísta, pero que ha preferido mantenerse en un segundo plano, dejando la responsabilidad a Cameron.
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