El expresidente del Govern de Cataluña, Carles Puigdemont. EFE

El equipo de campaña de Puigdemont abronca a su candidato

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Puigdemont se ve forzado a rectificar sus frontales críticas a la UE tras la corrección de su equipo de campaña y del Pdecat

Barcelona, 28 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

En Bruselas. Y desbocado. Carles Puigdemont ha tomado un camino peligroso para su propio partido y para el conjunto del soberanismo, que ha obligado a su equipo de campaña y al Pdecat a abroncarlo para que rectifique.

El independentismo, al margen de la CUP, y a pesar del recorrido de los últimos meses, se ha fijado algunos límites. El más importante es no cruzar la línea del antieuropeísmo, para no convertir el movimiento en una especie de populismo a la británica, que derivó en el Brexit, o a la manera de Trump en Estados Unidos, pese a que haya tomados prestados demasiados tics.

Puigdemont, sin embargo, ha puesto la directa y critica sin contemplaciones a las instituciones europeas, con palabras cada vez más gruesas, en un intento, casi, de matar al padre. Si su partido, la Convergència de Jordi Pujol, se había caracterizado por algún planteamiento fundamental, éste era la apuesta por la Unión Europea, hasta tal punto que el propio Pujol se había encarado con todos aquellos que querían “otra Europa”. Hombres como Carles Gasòliba, históricos dirigentes de CDC, lo han dado todo por construir Europa y establecer estrechas relaciones con las grandes familias ideológicas europeas.

Puigdemont rectifica y considera que el catalanismo siempre ha querido construir Europa

Pero el candidato de Junts per Catalunya asegura que la UE “es un club de países decadentes, obsolescentes, en el que mandan unos pocos, además muy ligados a intereses económicos cada vez más discutibles y donde hay varias varas de medir”.

Tras una oleada de críticas, por parte de todos sus adversarios, pero también de su propio partido, Puigdemont rectificó este lunes, abroncado por su propio equipo de campaña y por el Pdecat, que lo tienen cada vez más difícil porque la estrategia electoral se diseña en Barcelona, con el candidato en Bruselas, dispuesto a utilizar todos los altavoces mediáticos.

La directora de campaña es Elsa Artadi, con otros nombres en el círculo más estrecho, como Josep Rius, Jaume Clotet, Albert Batet, Eduard Pujol y Toni Aira. Desde su propio partido, Marta Pascal, y los diputados Carles Campuzano y Jordi Xuclà, también le han hecho ver que no se puede defender ahora un antieuropeísmo que enlaza con todos los movimientos populistas de derecha en Europa, y los más extremistas de izquierda. Esa frontera no la puede cruzar el catalanismo, ahora reconvertido en independentismo, con el argumento de que los principales responsables de las instituciones de la UE no apoyan un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Puigdemont, alertado por los suyos, y viendo que en Esquerra Republicana se frotaban las manos, --a pesar de las dudas y los giros en el lenguaje de su secretaria general, Marta Rovira-- acabó rectificando, pero de aquella manera. “El catalanismo es indudablemente europeísta, siempre lo ha sido, lo es y lo seguirá siendo”, aseguró en su cuenta de twitter, aunque sin dejar de expresar su malestar, al reclamar “una Europa más integrada, más próspera, más democrática y más comprometida”, sin evitar una coletilla, al pedir más atención al caso catalán: “hay una oportunidad de avanzar hacia una UE más fuerte donde la ciudadanía tenga cada vez más poder de decisión y los Estados tengan menos, porque ese será el verdadero espíritu europeo”.

El equipo de campaña teme cada paso que da Puigdemont, desbocado en Bruselas

Las afirmaciones y las rectificaciones, las constantes idas y venidas de Puigdemont, muestran la voluntad del expresidente de buscar votos en todas direcciones, consciente de que Junts per Catalunya va por detrás de Esquerra Republicana. Con esa apuesta contraria a la UE, al plantear, incluso, un referéndum para poder decidir la salida, como el Brexit, Puigdemont quiere atraer también a una parte de la CUP, para borrar, definitivamente, las señas de identidad que puedan quedar en el Pdecat de Convergència.

La dirección del Pdecat es consciente de ello, y asiste con temor ante todos los movimientos de Puigdemont. Pero tampoco se planta. Sigue la corriente hasta comprobar el peso real de Puigdemont el 21-D, con el objeto de colocar un puñado de alcaldes, que van en la lista, en el Parlament, además de los exconsejeros que siguen en prisión, pero que han pedido ya declarar ante el Tribunal Supremo para tratar de salir en libertad.

Lo que ocurrió este lunes, en todo caso, reflejó esa gran inquietud. Y Marta Pascal, la coordinadora general del partido, tuvo que asumir que, aunque haya cosas en Europa que no funcionan, no ve una alternativa a la UE. “No me imagino a Cataluña sin Europa”, sentenció.

Los viejos se mantienen en silencio, ya no saben dónde quedaron los valores de Convergència

Y en esa misma línea se pronunció el diputado Jordi Xuclà, al defender que Cataluña siga en la Unión Europea –pertenece a ella porque forma parte del Estado español, que es uno de los 27 miembros-- aunque sea “crítico con la dirección europea”. En el caso de que algún día se convocara un referéndum, Xuclà no tiene dudas: “yo haré campaña para, a pesar de todo, destacar los aspectos positivos de la UE”.

La cuestión es que Puigdemont ha ido borrando los rastros de la exConvergència, con una campaña personalista que juega con la idea de votar por él mismo, que se encuentra en Bruselas, pendiente de una orden de extradición por parte de la justicia española.

Pero, ¿qué Puigdemont es el creíble, el antieuropeísta, porque no le dan la razón, o el que rectifica porque los suyos le obligan al temer un castigo electoral?

Los viejos, con Jordi Pujol al frente, se mantienen en silencio. Ya no saben dónde quedó Convergència, o el catalanismo integrador con vocación europea.  

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