El pacto secreto de Mas y Puigdemont

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El ex presidente catalán necesita que su delfín se preste a seguir como candidato del nuevo partido convergente para poder ejecutar su plan 

Carles Puigdemont y Artur Mas en un congreso de CDC en Bellaterra. / EFE

Barcelona, 08 de mayo de 2016 (01:00 CET)

Confusión y agitación. Nunca Convergència Democràtica vivió como ahora un periodo tan agitado. El ex president Artur Mas quiere liderar un proceso que llevará al partido a perder su nombre, sin que se sepa todavía cuál adoptar. Pero necesita la complicidad de Carles Puigdemont. Los dos han sellado un pacto que se podría desbaratar, en función de la dinámica interna del partido.

Por ahora Puigdemont responde: esta semana se ha mostrado dispuesto a ser candidato a la Generalitat si "el trabajo no está acabado en los 18 meses" acordados. No es un salto adelante del actual presidente de la Generalitat. Es su compromiso con Mas, para que a los dos les de tiempo a rehacer por completo el partido, según las fuentes del entorno de los dos dirigentes.

Todo está en función de que el plan de Mas tenga éxito. "No depende de él, pero hará lo posible, y una cuestión definitiva es que se tenga claro que el nombre de Convergència se ha acabado", señala un dirigente del partido.


Centro-derecha-liberal

Mas apuesta por esa fórmula, pero quiere que los hechos le den la razón. Y, de forma perversa, según algunos cuadros del partido, Convergència recupera su nombre para las elecciones generales, y ha retrasado el momento en el que los militantes pueda optar por otro nombre, para que, con unos resultados que no serán buenos, se demuestre que lo que ha significado Convergència "sólo se puede mantener con otro partido, con la entrada de independientes, y con la esperanza de lograr el centro político, ideológicamente escorado hacia el centro-derecha-liberal", apuntan las mismas fuentes.

Para que todo eso fructifique hace falta tiempo. Mas no puede liderar ese proceso si al frente de la Generalitat no tiene a nadie. Y ahí entra Puigdemont, dispuesto a jugar a favor del conjunto de lo que sea, finalmente, Convergència.

El problema, sin embargo, es que Puigdemont desborde el proyecto. ¿Cómo? Hay dirigentes, como Carles Campuzano, diputado en el Congreso, que, al margen de su ascendente, piden desde hace tiempo una total renovación y un acceso al poder de los alcaldes. Puigdemont está en esa línea.


Alcaldes, jóvenes, con fuerza

Asesores de Mas y también de Puigdemont señalan que "lo que podría suceder, y más que un riesgo es una enorme oportunidad, es que los alcaldes tomen el poder, y se salten la generación de los Germà Gordó, Josep Rull o Jordi Turull", aspirantes a la secretaría general de CDC, y piezas, con matices, en el organigrama de Mas. Para probarse en esa carrera, Gordó apoya ahora a Silvia Requena, que se ha presentado a las primarias con Francesc Homs para la elección del candidato a las generales.

En eso sí estará Puigdemont, a quien esos alcaldes ofrecen su colaboración. Se trata de Ferran Bel (Tortosa); Marc Solsona (Mollerussa); Lluís Guinó (Besalú); Marc Castells (Igualada); Jordi Munell (Ripoll) o Pere Regull (Vilafranca), o la alcaldesa de Vilanova y presidenta de la AMI, Neus Lloveras. Es decir, en un determinado momento de efervescencia, el pacto entre Mas y Puigdemont podría quedar en un segundo plano, si se apuesta por una ruptura total con el pasado.

Sin embargo, dirigentes críticos con Mas admiten que ahora mismo "el ascendente de Mas es total, el respeto es enorme, y se irá apostando por el proceso que defiende". Mas "no quiere volver, pero sí pilotar el cambio, como jefe del partido", se insiste. Lo que le podría pasar es que para que Convergència tenga futuro tampoco él esté presente, ni en la segunda ni en la tercera línea.


Lo que sea CDC contra el partido de Colau

El dibujo está trazado. Mas apoya a los sectores más liberales del partido para dotar a la nueva Convergència de "un modelo de sociedad claro", pero lo quiere hacer con muchos matices, para lograr grandes apoyos. En el horizonte de personas como Marc Guerrero, que participa en ese movimiento liberal, o de Santi Vila, que a veces juega y otras confunde a sus compañeros, Cataluña experimentará un cambio con dos grandes fuerzas políticas, lo que sea CDC, y la izquierda que se agrupe entorno a la alcaldesa Ada Colau, con Barcelona en Comú.

Otros partidos, como el PSC o ERC deberán optar, y, a juicio de los dirigentes de CDC consultados, estarán en el flanco izquierda. Los más liberales, con la complicidad de Mas, por ahora, quieren fusionar todos los espacios abiertos, como Llibertat i Democràtica, un ámbito de reflexión en el que participa el diputado Jordi Xuclà; Catalunya Oberta; Von Mises; Llivergència o el Col·lectiu Wilson.


Recelos y dudas

Desde una plataforma nueva, que los englobe, se desea influir en la sociedad, al margen del partido, pero inspirando al partido. Sin embargo, ese es un bonito dibujo que se debe, luego, aplicar a la realidad. Y los propios interesados no lo ven claro.

Algunos insisten en la necesidad de una rectificación, de recuperar el espacio perdido, y de reformular la cuestión independentista, para lograr un partido de centro, moderno, liberal, que compita con garantías ante esa izquierda que se avecina. Uno de ellos es Antoni Fernández Teixidó, encuadrado en esas fundaciones liberales, pero que recela de la posibilidad de que el propio partido ahora se pueda reiventar. Otro dirigente, desaparecido en combate, es Felip Puig, que no participa, por ahora, de las discusiones.


Agitar y ordenar

Mas y Puigdemont, en todo caso, han llegado a un pacto. Uno agita la organización, el otro gobierna y busca cómo alargar el mandato, con la esperanza de ayudar al conjunto, pero, a medida que pasen los meses, con la posibilidad de ser él casi el único referente, con el concurso de la juventud de un buen puñado de alcaldes, la sangre que ahora circula en CDC.

Todo se intensificará cuando se acerque el congreso, marcado para el 8 de julio. Antes, el 21 de mayo, la militancia se deberá pronunciar: o reforma del partido o creación de uno nuevo. ¿Y el nombre? Entre el 21 de mayo y el congreso. Ya se verá. Mas quiere alargarlo, pasa comprobar los resultados de las generales del 26 de junio, donde, conscientemente, ha querido recuperar las siglas, después de que nadie entendiera la opción del 20D, bajo el nombre de Democràcia i Llibertat.
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