El País Vasco va a las urnas con pocas sorpresas a la vista

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El PNV se alejó de las ideas independentistas y abonó el terreno para pactar un gobierno con las fuerzas socialistas. Desde Madrid, se resignan que la elección no aportará cambios al bloqueo político.

El presidente del gobierno vasco Iñigo Urkullu vota en Bizkaia. / EFE

Barcelona, 25 de septiembre de 2016 (10:32 CET)

Casi 1,8 millones de vascos comenzaron a desfilar por los colegios electorales para elegir a su gobierno autonómico, donde el actual lendakari Íñigo Urkullu aspira a revalidar su gobierno por cuatro años más.

Sabe que no podrá obtener la mayoría absoluta, pero no está nervioso: mira con buenos ojos firmar una alianza con el PSE, ya que el PNV podría lograr entre 26 y 29 escaños, y le alcanzaría para gobernar en minoría con los 7 o 10 que podrían aportar los socialistas. Los 15 a 18 que conseguiría Bildu, en caso que quieran realizar una coalición con Podemos (con 13 a 16 posibles escaños) no llegarían a superar al nacionalismo vasco sumado al socialismo.

Urkullu ha seguido con atención la deriva del soberanismo en Cataluña y comprendió que, en su tierra, una estrategia similar sólo aportaría réditos a la izquierda radical y nada a su PNV. Por ello decidió bajar el tono a las reivindicaciones nacionalistas, evitar el choque de trenes con las demás fuerzas políticas, y apostar por una estrategia de concordia que le permita acercarse al socialismo.

Con la candidatura de Arnaldo Otegui prohibida, el radicalismo vasco no ha crecido más allá de sus propios límites, y con la ausencia de un escenario de conflicto, el tradicional discurso constitucionalista del PP tampoco ha influido demasiado.

Pocas esperanzas en La Moncloa

El PP vasco se resigna a una posición residual en la elección, y también tiene poca esperanzas que Urkullu necesite a los populares para ser investido. Si Moncloa aspiró a un cambio de cromos para obtener los apoyos peneuvistas para Mariano Rajoy, la idea ya se ha esfumado.

El socialismo, desde Ferraz, sigue con atención el escenario vasco, aunque las miradas están más concentradas en si pueden lograr la segunda plaza en Galicia. Pero aunque salgan cuartos en Euskadi, que puedan formar gobierno es un buen premio consuelo para Pedro Sánchez, que puede presentar esta carta cuando los barones territoriales le planten cara en el comité federal.

En tanto Podemos quiere recuperar el terreno perdido: había sido el partido más votado en las generales, pero se ha desinflado y ahora tiene la tarea de recuperar al electorado de izquierdas que no comulga con los postulados radicales de Bildu. Entre unos y otros disputarán la segunda y tercer plaza este domingo.

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