Alemania no pondrá fácil la entrega de Puigdemont / EFE
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El Parlament somete a votación la ley de presidencia para congraciarse con Puigdemont a la espera de que el ex president acepte desbloquear la investidura

Barcelona, 04 de mayo de 2018 (04:55 CET)

Si insistimos en el símil, ya recurrente, de que el proceso independentista catalán es un culebrón que ya va por la quinta o sexta temporada, podemos decir que el Parlament cierra este viernes uno de esos episodios de relleno que se meten para distraer la atención sobre el estancamiento en el que ha caído la trama principal.

El episodio en cuestión se titula “reforma de la ley de presidencia”, y es, básicamente, un trampantojo más que no tiene recorrido, porque el gobierno español ya ha anunciado que lo impugnará ante el Constitucional en cuanto se empiece a debatir en el pleno del Parlament. Pero, incluso a sabiendas de esa inviabilidad, Junts per Catalunya (JpC) va esgrimiendo la reforma desde hace más de dos meses como mecanismo para amagar con un supuesto segundo intento de investir a Carles Puigdemont.

Clímax de fuegos artificiales

Lo de hoy, viernes, en el Parlament está diseñado como un clímax a base de fuegos artificiales verbales. La propuesta legislativa llega al debate mínimamente enmendada por JpC tras el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias (CGE), que determinó la semana pasada que la reforma es ilegal. En algún caso, los retoques son de lo más heterodoxos. Por ejemplo, como el Consejo concluyó que la norma vulnera el reglamento del Parlament, se ha añadido un punto en el texto en que se da un plazo de un mes al Parlament para que modifique el reglamento ad hoc, de manera que sea este el que se adapte a la ley, y no al revés.

Lo que no se ha retocado es la previsión de que el Parlament pueda autorizar por mayoría absoluta la investidura a distancia del presidente, pese a que el Consejo concluyó que esa medida vulneraría la Constitución y el Estatut. De hecho, el CGE también determinó que era ilegal aprobar la reforma por la vía exprés, pero la mayoría independentista ha hecho oídos sordos.

Al filo de la desobedienca

La insistencia en someter a votación la reforma acerca al Parlament más que nunca desde las elecciones del 21-D al abismo de la desobediencia que ya marcó los últimos meses de la legislatura pasada, y que el nuevo presidente de la cámara, el republicano Roger Torrent, ha estado evitando desde que arrancó la actual, lo que le ha valido no pocos enfrentamientos con Puigdemont y su núcleo duro.

A Torrent se lo advirtió ayer, jueves, la jefa de filas de Cs en Cataluña, Inés Arrimadas. “Está siguiendo el camino de Carme Forcadell”, le dijo, refiriéndose a su antecesora y comparando la votación sobre la ley de presidencia con el pleno del 6 y el 7 de septiembre en el que se aprobaron las leyes de desconexión.

Los dos miembros que JpC tiene en la mesa del Parlament se han negado a firmar el aviso del Constitucional

De hecho, en un gesto que también evoca otros parecidos que caracterizaron la deriva final de la legislatura pasada, los dos miembros que JpC tiene en la mesa del Parlament se han negado a firmar el aviso en el que el Constitucional recuerda las consecuencias penales que tendría vulnerar las cautelares del propio TC que impiden la investidura a distancia.

La pirotécnica escenificación de este viernes puede entenderse también como un guiño a Puigdemont, que ha estado reclamándole a Torrent un gesto de soberanía, si hablamos en sus términos, que hasta ahora se le ha negado. Una concesión -otra, tras haberle concedido la posibilidad de delegar su voto- a cambio de que finalmente el ex presidente desbloquee la investidura proponiendo al fin un candidato sin cargas judiciales.

Encuentro en Berlín

La cuenta atrás para una investidura que evite unas nuevas elecciones se agota el 22 de mayo, y el calendario empieza apretarse. De manera que tras los fuegos artificiales de la ley de presidencia, los diputados de JpC correrán esta tarde a hacer las maletas para viajar a Berlín, donde mañana sábado está previsto que se reúnan con Puigdemont. Lo que se espera es que el ex president desclasifique este fin de semana sus planes una vez culminado el gesto soberano y certificado el cierre definitivo de la puerta a su teleinvestidura.

Puigdemont esperará al resultado de la consulta que la ANC ha improvisado entre sus asociados

Las apuestas están por una capitulación final de Puigdemont al realismo con Elsa Artadi, su mano derecha, como candidata, pero el número uno de JpC ya ha acreditado de sobras su imprevisibilidad. Y, además, ya ha hecho saber a los suyos que, antes de anunciar nada, esperará al resultado de la consulta que la Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha improvisado entre sus asociados.

La ANC, y con ella el ex president, quiere saber si siguen instalados en el “Puigdemont o nada” y si, en caso de que se renuncie a insistir en esa cantinela, prefieren que se proponga otro candidato a la investidura o unas nuevas elecciones. Así que no, para este fin de semana, no hay apuesta segura. 

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