El rodillo independentista aplasta a políticos y altos cargos

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La administración de Puigdemont y las fuerzas soberanistas avanzan sobre personalidades políticas y organismos que no son tan independentistas como les gustaría

Carles Gasòliba, ex presidente del CIDOB.

Barcelona, 02 de mayo de 2016 (01:00 CET)

Los organismos públicos consorciados y los aparatos políticos son los primeros en recibir, recibir presiones porque los fondos brillan por su ausencia desde hace mucho tiempo. El primero fue el editor Fèlix Riera, ángel caído de Catalunya Ràdio por ser un moderado de Unió Democràtica.

Riera es de los que se quedaron inicialmente en CiU con el Govern de Artur Mas, pero acabó cayéndose en la desvertebración de la federación nacionalista, deglutida por el soberanismo.

En el núcleo duro de Josep Duran Lleida, el desmoche ha sido más lento. Se han ido cerrando puertas y echando pestillos (Ramón Espadaler y otros) hasta llegar al disloque de Josep Sánchez-Llibre, el más sonado. El ex número dos de Duran se ha ido a la asamblea patronal de CEOE.

Será un buen auxiliador para Juan Rosell, patrón de patrones, empeñado en el lobby pero despeñado en las tangentes que rozan los consejos de administración concretos --sin pasar por el accionariado-- con la defensa de los intereses generales.

Sánchez Llibre sabe estar en misa y repicando. El ex dirigente demócrata cristiano se mueve con agilidad en las entretelas mercantilistas de Cuatrecasas, Uría Menéndez, Garrigues, Pombo y compañía, bufetes que incuban los anteproyectos decisivos de cada legislatura.

Olvidará pronto los sinsabores del independentismo a la brava; y contará además con el aporte de Joan Pujol, el secretario de Foment del Treball, la mirada invisible de la economía real.

Avance sobre el CIDOB

Los idus de marzo van con el sueldo de político, pero los relevos más dolorosos de la intransigencia indepe están en los consorcios subvencionados. Hace pocos días que el presidente del Centro Internacional de Documentación de Barcelona (CIDOB), Carles Gasòliba renunció al cargo en desacuerdo con algunos patrones institucionales, que le reclamaban acentuar el perfil soberanista de la entidad.

Gasòliba, que había sido eurodiputado de CiU de 1987 a 2004, ha presidido el CIDOB los últimos cuatro, hasta que el conseller d'Exteriors, Raül Romeva, le ha cercenado el cuello, por detrás, en silencio y a oscuras.

El CIDOB hizo pública una nota en la que se asegura que Gasòliba justitica su marcha "en base a la opinión expresada por patrones institucionales de cara a iniciar una nueva etapa dentro del actual contexto en el que se ponga énfasis en el papel de Cataluña como actor internacional". Gasòliba no es un buen soberanista. Y ya sabemos quien expende ahora los certificados de bondad institucional.

También sobre el IEMed

Al titular d'Exteriors se le va la mano. Ya le ocurrió en el recambio de Roger Albinyana, un soberanista mal situado, que saltó del Departamento al Instituto Catalán del Mediterráneo (IEMed). En apenas dos meses, van dos: un trasvase artificial para colocar al amiguete de turno y un relevo por falta de patriotismo.

Mientras la fiebre baja décimas a marchas forzadas, sus primeros espadas sufren de ubicuidad malhumorada. Aunque el IEMed, bajo el impulso del diplomático Senen Florensa haya tenido una carrera tibia, Romeva no hubiese entrado jamás en casa ajena.

En Catalunya, Florensa ha sido la confusa excepción diplomática del que Joan B. Culla escribió: "el señor Florensa redujo el IEMed a un dócil instrumento de los intereses del Ministerio Exteriores español, y a menudo lo hizo aparecer como una mera sucursal de la Casa Árabe de Madrid.

Romeva no se atrevería con el cuerpo diplomático de carrera. Pero se carga a Gasòliba, gran europeísta de primera hora. Fibrado verticalista de rompe y rasga, el conseller es el Mister Pesc de la independencia. ¿Quién será el siguiente consorcio en caer en desgracia? ¿Ya es el turno de Diplocat, creado para favorecer la diplomacia catalana del siglo XXI?

A cambio de política exterior tenemos sueños de desván y vuelo rasante, "las bambalinas de la vida" que diría Antoine de Saint-Exupéry, el gran piloto desaparecido.

Organismos en la mira

El IEMed es un consorcio en el que participan la Generalitat, el Ministerio de Exteriores y el Ayuntamiento de Barcelona, con una junta de gobierno presidida honoríficamente por Carles Puigdemont. Una gobernanza parecida a la del CIDOB, un objeto de deseo de padrinos altisonantes y mal pagadores, que funcionó muy bien bajo la presidencia de Narcís Serra.

En la práctica, el CIDOB es un mundo de densidad analítica, con investigadores de primera fila, como Yolanda Onghena Duyvewaerdt, Agnieszka Nimarrk, Pol Morillas, Francís Ghiles, Nicolás de Pedro, Carmen Claudín o Luigi Carafa, con Jordi Bacaría al frente.

En el territorio o en el laboratorio, su antena funciona: desde Kirguizstán hasta Tayikistán o Ucrania, pasando por cualquier punto caliente del Asia Central, China o por Kazajstán. El remotismo es un buen espantapájaros ante la intromisión del universo identitario. Pero, claro, relevar a un hombre bueno como Gasòliba, no cuesta tanto.

El antiguo promotor del Institut Català Pro-Europa no es precisamente la alegría de la huerta, "pero les da unas cuantas vueltas a los Afers Exteriors", dicen con recato y anonimato los analistas de la casa. Cuesta poco mover burócratas pero es un poco más difícil anular cabezas.

Los que sobreviven

En el cráter del seísmo catalán pronto quedarán cuatro. De momento refundan los llamados corsos, Francesc Sànchez, Francesc Homs, Laura Costa, Clara Tarrida, y sobre todo, Lluis Coromines, el señor Lobo de CDC, miembros además de la comisión congresual que analiza la encuesta interna del partido para su reformulación.

Alejados paulatinamente del entorno de Josep Rull y por supuesto de ideólogos conspicuos como Felip Puig o de Germà Gordo a los que pronto incluiremos en la lista de descabezados. La política ya no aglutina. Hoy también lo sabe Joan Maria Clavaguera, tras su salida de la plataforma audiovisual por falta de pasión en la defensa de la tierra.

En tiempos de intratabilidad, la política solo mata. En la calle catalana, algo más compleja de lo previsto, la gente solo acepta ya esta pregunta: ¿quién decide qué?

Dos pantallas más y Romeva se las verá con estatalistas, constitucionalistas, independentistas, federalistas e internacionalistas; en similar cantidad. Los ámbitos plurinacionales son de todos: desde el liberal con chambergo hasta del sans-culotte. 

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