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La ANC y Òmnium Cultural se oponen a otro 9N, pero el Govern sólo ofrece “voluntarismo” para que sea un referéndum vinculante y sigue sin preparar nada

Barcelona, 25 de abril de 2017 (07:55 CET)

Cunde el cansancio. Menos movilizaciones, aunque puedan ser más intensas. Pero por algún motivo de gran envergadura. Las entidades indepenentistas plantarán a Carles Puigdemont si diseña un plan B que signifique otra especie de 9N, como ocurrió en 2014. La idea es convocar un referéndum de verdad, cuyos resultados sean vinculantes. Y la ANC y Òmnium Cultural no se prestarán a otra cosa. Esta vez no.

¿Eso supone un problema? El Govern se ha colocado al lado de las entidades, al entender, también, que no puede repetir otro 9N. Pero las cosas no están tan claras. El presidente Carles Puigdemont habla de la necesidad de que el referéndum sea vinculante, pero el ejecutivo catalán no tiene nada preparado, y sabe que cualquier medida que tome sea recurrida por el Gobierno central, que no desea pasar una y que tiene a la Fiscalía vigilante. Por ello, en las últimas semanas, el entorno de Puigdemont ha recuperado la idea de una consulta que pueda ser vehiculada por las entidades cívicas, con la obsesión de votar sí o sí, de ofrecer la posibilidad de votar.

Puigdemont había recuperado la idea de votar, sí o sí, a través de otra consulta

Las entidades soberanistas saben que las movilizaciones serán cada vez más complicadas. Se acerca la que será la sexta manifestación de la Diada del 11 de septiembre, y los ánimos ya no son los mismos. Tanto el presidente de la ANC, Jordi Sànchez, como el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, han comunidado al Govern de Puigdemont que no serán los cómplices de otro 9N. Lo que se pretende, en cambio, es presionar hasta el final a todos los que dudan del referéndum, a los que consideran que si no se logra un pacto con el Gobierno –cosa ya muy clara desde hace meses-- no se debería realizar.

Es decir, las entidades señalan directamente a Els Comuns, el partido de Ada Colau, y al propio Pacto Nacional por el Referéndum, que conduce Joan Ignasi Elena, y que persigue el máximo de firmas posible –recogió durante todo el día de Sant Jordi-- para que en el último instante den apoyo a un referéndum unilateral.

A eso juega Puigdemont, que quiere arriesgarse a otro 9N, pero que concite una participación masiva.

En ese caso, y el apoyo de Els Comuns podría ser determinante, los resultados serán cruciales para el Govern. Es decir, sólo la participación, si pasa la mitad del censo, podría legitimar –a ojos del propio ejecutivo catalán-- la consulta, con lo que –se afirma desde el entorno de Puigdemont-- “ya no sería otro 9N, sino un referéndum vinculante”.

Pero, ¿y el Gobierno central? Todo lo que defiende el Govern de Puigdemont, con el apoyo de Oriol Junqueras, aunque ninguno de los dos está concretando esa voluntad en algo tangible, es un proyecto sobre el papel.

A medida que se intensifique el proceso para convocar el referéndum, el Gobierno de Mariano Rajoy irá estrechando el cerco, imposibilitando las maniobras del gobierno catalán.

El soberanismo señala al partido de Colau como garantía para tener éxito en el referéndum

El hecho es que Puigdemont ya no tiene una conexión tan directa y disciplinada con las entidades independentistas como ocurrió bajo la presidencia de Artur Mas. El cansancio está haciendo mella en todas las plataformas independentistas.

Los partidos que forman parte del gobierno catalán mantienen el voluntarismo. “Lo que nos hemos comprometido a realizar es un referéndum y, por tanto, debe ser vinculante”, señaló este lunes la coordinadora general del Pdecat, Marta Pascal. Y añadió que “el Govern, que es quien tiene la responsabilidad de organizarlo, lo hará”. Pero, ¿hay señales de ello? No, todavía.

El objetivo ahora es forzar la situación, y empujar al Pacto Nacional por el Referéndum a que avale “un referéndum unilateral”, es decir, correr contra un muro y a ver qué pasa.

El portavoz de ERC, Sergi Sabrià, defendió esa misma línea. Todo, claro, sobre el papel. “Si llega el momento, realizaremos el referéndum, con todo el convencimiento, sin pedir permiso”, aseguró, con la mirada puesta descaradamente en el partido de Colau, al esperar que “la pluralidad de fuerzas que se ha visto hasta ahora se mantenga a nuestro lado, y no al lado del estatus quo”.

El Govern insiste en que el referéndum será vinculante, pero no prepara nada

Todo responde, desde el inicio de la actual legislatura, al mismo esquema. El 27 de septiembre de 2015, en las elecciones autonómicas, el sí a la independencia se quedó en el 48%, pero ¿qué defendía Catalunya sí que es pot, el precedente de Els Comuns? Aunque los miembros del partido de Colau, como su mano derecha, Xavier Domènech, insistan en que no son independentistas, se les reclama que abandonen su ambigüedad en un momento de cara o cruz: o cambio o defensa de la actual situación. En caso de haber contado con ellos, se indica, aquel porcentaje hubiera superado ampliamente el 50%.

El dilema está en el campo soberanista, con las entidades cívicas en el disparadero, y las divisiones entre el Pdecat y ERC. Puigdemont ya sabe cuáles son sus límites. La cuestión es si se los saltará pase lo que pase.

 

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