El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izda), y el de la Generalitat, Quim Torra, en julio, en el Palacio de la Moncloa durante su primera reunión

Las heridas en el PSOE tras el ultimátum de Torra

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El PSOE, hasta ahora viento en popa en las encuestas, corre el riesgo de que una sensación de debilidad en Cataluña le haga perder fuerza

Carlos Carnicero

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izda), y el de la Generalitat, Quim Torra, en julio, en el Palacio de la Moncloa durante su primera reunión

Barcelona, 04 de octubre de 2018 (04:55 CET)

El presidente Quim Torra ha terminado las celebraciones del fallido referéndum del año pasado extremadamente debilitado. Pero no por un enemigo exterior. Los Comités de Defensa de la República (CDR) le consideran ahora mismo un traidor. Las bravatas que no están respaldadas por hechos han terminado por agotar la promesa de quienes creyeron que el paraíso de la república estaba al alcance de la mano y que Torra era el Moisés de esa quimera. Ni ha dividido las aguas ni ha iniciado la puerta del paraíso.

Que el presidente del la Generalitat, máximo responsable de las fuerzas policiales en Cataluña, enviara a los Mossos d'Esquadra a sofocar la revuelta del CDR y al mismo tiempo invitara a estos les invitara a presionar más, ha terminado por encolerizar a todos. A manifestantes y policías autonómicos.

Consciente de su debilidad ante la parte más radical de los suyos, Torra lanzó un ultimátum a Pedro Sánchez. Desde la Tribuna del reabierto Parlament le espetó al presidente de España: “Si antes de noviembre no formula una propuesta de referéndum de autodeterminación no podrá garantizar ningún tipo de estabilidad” al Gobierno en el Congreso de los Diputados. Una amenaza netamente defensiva que ni siquiera comunicó previamente a sus socios de ERC, que aunque la han apoyado con la boca chica, no están nada contentos.

Por una vez, Gabriel Rufián apostó por la prudencia. “Las amenazas las carga el diablo”, declaró el diputado de ERC. Lo cierto es que ya Maquiavelo estableció que quien amenaza sin resolución de ejecutarla, pierde credibilidad frente a sus adversarios.

Como este es un estadio poliédrico, merece la pena sistematizar su análisis

Primero. El Gobierno sabía que situaciones como éstas se iban a producir al manejar una negociación imposible porque los términos exigidos son metafísicamente imposibles. Aunque quisiera, Pedro Sánchez no podría conceder un referéndum de autodeterminación que no está contemplado en la Constitución. El diálogo que él propone es sobre autogobierno y el que exige Torra sobre autodeterminación.

Segundo. La amenaza de Torra es creíble porque la estabilidad de un gobierno de 84 es sumamente frágil. Sánchez debe contentar simultáneamente a los vascos y catalanes y a Podemos. Tres apoyos que están en el aire y que no son coincidentes. Cada uno exige su parte.

El PNV también aprieta. El pasado fin de semana sus líderes recordaron, en un tono nada conciliador, que la paciencia tiene un límite. Como casi siempre el PNV no es homogéneo, pero los moderados tienen que contentar a los radicales y frenar una posible expansión de Bildu.

Si Torra propicia la disolución del Parlament, corre el riesgo de una nueva mayoría liderada por Pablo Casado o Albert Rivera

Podemos no puede renunciar a sus exigencias económicas, fiscales, presupuestarias porque es el único antídoto para defender su posición en las encuestas, y ahora mismo está muy comprometido a la baja.

Tercero. Si Torra propicia la disolución del Parlament, corre el riesgo de una nueva mayoría liderada por Pablo Casado o Albert Rivera, que están desando volver a aplicar el 155.

Cuarto. Se trata de un pulso entre dos contrincantes muy debilitados. Torra necesita frenar la ola de rechazo que padece y el añadido de un presumible cansancio de una parte de la población nacionalista moderada que empieza a estar desesperada por la deriva de inestabilidad económica y política en Cataluña. Una encrucijada muy complicada, que además no cuenta con el apoyo incondicional de ERC y con resistencias en el Pdecat, sobre todo en el grupo parlamentario en el Congreso, que quieren apostar por la acción política.

Quinto. El PSOE, hasta ahora viento en popa en las encuestas, corre el riesgo de que una sensación de debilidad en Cataluña le haga perder fuerzas en una parte de su electorado.

La siguiente jugada de Torra también rezuma debilidad. Ayer remitió una carta al presidente de Gobierno exigiendo fecha para una reunión pendiente, para tratar de la autodeterminación. Pero era, probablemente, el primer acto para desmontar la amenaza del día anterior, a la que no se hace mención.

Sánchez y Torra han elegido la vía de “aquí no ha pasado nada”

Aunque la ministra portavoz ha rechazado las amenazas de Torra, en Moncloa se ha elegido un perfil bajo hasta averiguar si la amenaza de Torra es un calentón en un momento en que se sentía amenazado por los suyos.

Se ha elegido la vía de “aquí no ha pasado nada” y siguen manejando la agenda de contactos bilaterales con la Generalitat, recordando que no es buen momento para una reunión en la cumbre.

Dónde flaquea Sánchez

Hay un flanco débil para Sánchez, para el que todavía no se ha formulado una estrategia. La prensa internacional está dando sensación de perplejidad por el incremento de tensión en Cataluña y se empieza a preguntar si el diagnóstico de Sánchez es el adecuado. Quizá el asunto preocupante es la ruptura del pacto constitucional que ha llevado a cabo unilateralmente el presidente de Gobierno.

Casado y Rivera han demostrado desacuerdo radical con la nueva estrategia del Gobierno en Cataluña. Pero recuerdan que no solo no se les pide ayuda sino que ni siquiera les han informado previamente o les han consultado nada. Cuando haga falta el apoyo del bloque constitucionalista, Sánchez tendrá que comenzar por rehabilitar un edificio en ruinas.

Si hubiera que sintetizar una conclusión, sin duda es que la confrontación entre Torra y Sánchez es la de dos líderes seriamente debilitados. Esa quizá sea la mejor baza de cada uno de ellos.

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