Las mujeres autónomas recuperan el nivel previo a la crisis

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Aunque sigue creciendo, la representación femenina en el colectivo es del 35,2%

Una mujer trabaja con su ordenador portátil

Barcelona, 06 de marzo de 2016 (11:55 CET)

Pese a que todavía quede un largo camino para llegar a la paridad, las mujeres autónomas van ganando protagonismo en el mundo de los emprendedores. Su presencia ha recuperado los niveles previos a la crisis de 2008, mientras que los hombres caen en un fuerte descenso, según analiza un estudio de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA).

A un par de jornadas del Día Internacional de la Mujer, este estudio indica que en España hay 1,1 millones de mujeres autónomas, esto es el 35,2% del total. Este número ya superó, en un leve 0,7%, el número que había ocho años atrás. En tanto, los hombres autónomos son un 10,9% menos que en mayo del 2008.

Galicia y Asturias lideran 

Donde hay una mayor presencia de mujeres emprendedoras es en Galicia y Asturias, donde superan el 40% del total. Y la Comunidad Autónoma con menor proporción de autónomas es Castilla La Mancha, con un 30,1%.

Pero la media española es superada por los inmigrantes: según el informe de ATA, el índice de mujeres emprendedoras entre los autónomos extranjeros es del 36,6%.

Si bien el comercio y la hostelería son los sectores más gravitantes, cada vez más hay presencia de autónomas "en actividades científicas, profesionales, técnicas, educativas y en servicios sanitarios", precisa el informe.

Los falsos autónomos

La media española supera al promedio de Europa, que se sitúa en el 31,8%. Pero cabe precisar que muchos autónomos (sean hombres o mujeres) recurren a esta modalidad como la única alternativa de encontrar trabajo, ante la imposibilidad de poder obtener un contrato con relación de dependencia.

Y aunque el estudio no lo recoge, se incrementa el número de empresas que toman empleados en la figura del "falso autónomo", que es una persona que cumple horarios, con funciones asignadas en un espacio concreto, pero que no tiene contrato formal, y está obligado a emitir facturas por su trabajo. De esta manera, la empresa cuenta con su fuerza de trabajo necesaria pero se evita el pago de la cargas sociales.

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