Mas admite que sólo con ERC no va “a ninguna parte”

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DEBATE SOBERANISTA

Corominas, Mas y Rull, en una ejecutiva de CDC./Alberto Estévez

02 de diciembre de 2013 (22:11 CET)

Los rostros de los dirigentes de Convergència Democràtica han comenzado a reflejar una gran preocupación, la de aquel que sabe que está al bordel del abismo, y que no sabe, además, qué salida tomar.

El President Artur Mas no ha podido evitar que en el próximo pleno del Parlament, entre el 17 y 19 de diciembre se pueda poner en cuestión todo su proyecto político. CiU y ERC deberán votar los presupuestos de 2014. Ninguno de los negociadores durante estas últimas semanas pone en juego las cuentas de la Generalitat, pero Esquerra quiere que antes de esa votación se pacte la pregunta y la fecha de la consulta soberanista.

Y, lo que es más preocupante para CiU, Esquerra no piensa ceder, porque ha asumido por completo las tesis de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) que preside Carme Forcadell y que pide una pregunta binaria y clara sobre la independencia de Catalunya.

Baño de realidad

Por ello, la ejecutiva de Convergència Democràtica de este lunes fue un baño de realidad. Tanto que Artur Mas admitió que si CDC se queda sola con ERC, porque Unió Democràtica, o ICV rechazan la pregunta que se plantee sobre la consulta, no se irá “a ninguna parte”. Y esa posibilidad, que el proceso acabe en una enorme frustración, está ahora más cerca que nunca.

La ejecutiva de CDC debatió –es un decir, porque es un partido anestesiado, cuyos dirigentes sólo están esperando lo que diga Mas-- el escenario que se avecina, con la contrariedad de que se haya solapado el debate sobre los presupuestos de 2014 con la fecha y la pregunta de la consulta.

Pero además, y no es algo menor, con la resolución que está pendiente de votarse en el Parlament sobre cómo se traslada la petición en el Congreso sobre esa consulta soberanista.

Por ello, CiU está valorando que el propio Mas avance la cuestión de la pregunta, justo antes de iniciarse el debate del pleno del día 17 de diciembre.

ICV, al límite


La tarea es complicada. Si se trata de una pregunta binaria, con la palabra independencia sobre la mesa, ICV-EUiA no la votará. Tiene a su electorado dividido casi en un 50%, pero también sus dirigentes mantienen dudas. La fórmula por la que se inclinan todos es el federalismo, pero ahora no se trata de ello, si no de decir si o no a la independencia de Catalunya en un referéndum. La fórmula alternativa pasaría por reclamar la votación sobre un estado propio o soberano. Pero aquí Esquerra no quiere subterfugios. ¿Cuál es la salida?

La posición del PSC, fuera ya de esta cuestión, tras la votación de su consejo nacional, ha sido determinante, porque se ha descartado de un proceso que puede seguir perdiendo adeptos. Para ICV-EUiA ha sido un golpe fuerte, porque hasta ahora, como asegura un miembro de la dirección del PSC, “se refugiaban en los socialistas, y todas las críticas las recibíamos nosotros, y ahora están ellos al frente”.

Sí quiero a ERC

La paradoja de todo es que, a pesar de las advertencias de Josep Antoni Duran Lleida, Esquerra sigue moviendo toda la política catalana. Y, a pesar de que ha decidido ir en solitario, junto a Sortu, en las elecciones europeas, con el filósofo Josep Maria Terricabras como candidato, la dirección de Convergència todavía este lunes reclamaba a los republicanos poder formar una candidatura unitaria, casi como un ruego y de rodillas.

Una petición que llevó a Terricabras a asegurar que, aunque lo ve muy complicado, no se podía cerrar todas las puertas a esa posibilidad.

Todo ello llevó al protavoz del PSC, Jaume Collboni, a precisar que “todo está a punto de descarrilar por las prisas de ERC”.

La confesión de Mas

Y, precisamente, Mas defiende esa misma tesis, expresada este lunes en la ejecutiva de su partido, pero también, y en profundidad, en el libro Servir Catalunya. Artur Mas. L'home, el polític, el pensador, de la filósofa y escritora Teresa Pous. En el libro, Mas asegura que no comparte una posible declaración unilateral de independencia, y que esa apuesta –la de ERC-- es contradictoria: “En el fondo tanta prisa significa un poco de desconfianza respecto a la solidez del pueblo catalán, porque si realmente creemos en el proyecto, lo acabaremos tirando adelante”.

Mas añade que es ya “un personaje odiado en algunas partes de España, y, concretamente en Madrid. A mí han intentado hundirme y lo seguirán intentando”.

Puig, el realista

En Convergència, sin embargo, no todos sus dirigentes ven la cosas de la misma forma. Aunque son muy pocos.

Uno de ellos es el conseller Felip Puig, quien sentenció este lunes que sin Convergència “no habrá independencia”. Pero el instrumento, el partido, ha acabado sirviendo, por ahora, sólo a los intereses de Esquerra Republicana.
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