Oriol Junqueras, en primer término, durante el juicio del procés. /EFE

Oriol Pujol muestra el camino a Junqueras para salir de la cárcel

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La concesión de un segundo grado flexible permitiría a los presos independentistas salir de la cárcel y escapar del control de Manuel Marchena

Barcelona, 10 de diciembre de 2019 (04:55 CET)

Las juntas de tratamiento de las cárceles en las que están los nueve presos del juicio del procés propondrán antes del sábado, cuando se cumple dos meses de la sentencia condenatoria, el régimen penitenciario que deberán cumplir. Descartado el primer grado, que es el que reciben los presos peligrosos sometidos a una estrecha vigilancia, las juntas pueden decantarse por el segundo grado –que es el más habitual– o el tercer grado –régimen abierto, en el que solo se va a la cárcel para dormir de lunes a viernes–.

Una vez que las juntas de las cárceles de Lledoners (Barcelona), Les Basses (Girona) y Mas d’Enric (Tarragona) propongan el régimen en el que Oriol Junqueras y los otros ocho presos cumplirán sus condenas, serán los servicios penitenciarios de la Generalitat los que decidirán al respecto.

La Generalitat tendrá dos meses de plazo para tomar una decisión definitiva sobre las propuestas que eleven las juntas de tratamiento. Aunque el tercer grado es el más benevolente, en realidad, la última palabra la tendría el tribunal sentenciador, que es la sala del tribunal Supremo que preside Manuel Marchena.

Por este motivo, a los presos les puede convenir el segundo grado, que los servicios penitenciarios de la Generalitat podrían flexibilizar hasta equipararlo a un régimen abierto. En este caso, los recursos no acabarían en la sala de Marchena, sino en la Audiencia de Barcelona como última instancia.

Además, si la fiscalía recurriese los beneficios penitenciarios al Supremo, eso supone su anulación inmediata. Mientras que si el recurso es ante los tribunales de vigilancia penitenciaria y, finalmente, a la Audiencia provincial, los posibles beneficios se mantendrían hasta que se dictase sentencia.

Las vías Pujol y Urdangarin

Oriol Pujol e Iñaki Urdandarín son dos ejemplos que pueden mostrar el camino para que los presos independentistas salgan pronto de la cárcel. Los dos se han acogido a los beneficios que les brinda el reglamento penitenciario.

Pujol aceptó en conformidad una sentencia de dos años y medio de cárcel por el caso ITV. Al cabo de 57 días, la junta de tratamiento de Brians 2 le concedió el tercer grado.

Ante el recurso de la fiscalía, que consideró que se le dispensaba un “trato de privilegio”, el juzgado de vigilancia penitenciaria revocó su régimen abierto. No obstante, pese a estar clasificado en segundo grado, se le aplicó el artículo 102.2 del reglamento penitenciario. Eso permitió que volviera a salir a diario de la cárcel para continuar con el proceso de “inserción social, familiar y laboral”.

El trabajo de Oriol Pujol

Para conseguir estos beneficios penitenciarios, Pujol alegó que tenía trabajo fuera de la cárcel, que es lo mismo que están buscando los presos del procés. Además, indicó que colaboraba con organizaciones sociales.

Ffuentes de la empresa Ramon Clemente Glass confirmaron a Economía Digital que Pujol sigue trabajando en la actualidad con ellos como “agente comercial”, aunque en calidad de autónomo. Les factura por su trabajo. Esta compañía fabrica frascos para perfumes. Su propietario, Vicenç Pedret, es un exdirigente de la desaparecida Unió que mantiene amistad con Pujol desde que estudiaron juntos en el IESE.

Pujol también trabajó para la sección de compraventa de empresas del despacho de abogados Avalaw. Su función era la de comercial por cuenta ajena. Medió en la venta de pequeñas y medianas empresas aunque las fuentes consultadas desconocen si culminó alguna operación con éxito.

Además, el hijo del expresidente de la Generalitat también ha colaborado ocasionalmente con comedores sociales. Su puesto no estaba en la atención a los usuarios, sino en otras tareas.

Los presos buscan trabajo fuera de la política

Algunos presos independentistas han tomado buena nota de Oriol Pujol. TV3 informó la semana pasada que los exconsejeros Joaquim Forn y Josep Rull estaban buscando trabajo fuera de la política. Ninguno de los condenados puede ocupar cargos públicos porque la sentencia impuesta también incluye la inhabilitación.

A diferencia de Pujol, Urdangarin se  acogió al artículo 177 del reglamento penitenciario para salir los martes y jueves de la cárcel de Brieva (Ávila) para ejercer el voluntariado en el Hogar Don Orione de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Fue condenado a cinco años y diez meses de prisión por el caso Nóos. Accedió a estos beneficios antes de cumplir una cuarta parte de su condena.

Urdangarin está ahora a la espera de que se le conceda el tercer grado. De momento, la junta de tratamiento ha autorizado su primer permiso de cuatro días, si bien el juzgado de vigilancia penitenciaria aún no ha resuelto el recurso presentado por fiscalía.

Los primeros políticos independentistas presos que pueden beneficiarse de permisos son los Jordis, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, que superarán la cuarta parte de los nueve años a los que fueron condenados el próximo enero. El último sería Junqueras, que por su condena de 13 años no le tocaría hasta principios de 2021.

Negociación con el PSOE

En plena negociación por la investidura de Pedro Sánchez, los republicanos podrán exigir que el Gobierno no torpedee los posibles beneficios penitenciarios que reciban los políticos independentistas presos.

Junqueras mantiene las esperanzas de que los tribunales reconozcan su inmunidad como eurodiputado. Eso le permitiría abandonar la cárcel, pero tiene como mínimo otras cuatro vías que le brinda el reglamento penitenciario que para obtener beneficios, incluida la semilibertad.

Aunque la vía más probable sea la concesión del segundo grado, nadie descarta que la junta de tratamiento y, posteriormente, los servicios jurídicos de la Generalitat validen el tercer grado. Fuentes de la Consejería de Justicia informaron a Efe de que, desde 2001, se ha concedido el tercer grado directamente desde el inicio de la condena, sin pasar antes por el segundo, a nueve presos con penas de prisión de duración similar a los líderes del procés.

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