El ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez y el ex presidente de la Generalitat Josep Tarradellas durante una reunión en abril de 1978

Pedro Sánchez cambia el nombre del aeropuerto de Barcelona

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El Gobierno acuerda rebautizar El Prat con el nombre del ex president Josep Tarradellas para dar un golpe de efecto en Barcelona e irrita a la Generalitat

Marcos Pardeiro

Economía Digital

El ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez y el ex presidente de la Generalitat Josep Tarradellas durante una reunión en abril de 1978

Barcelona, 21 de diciembre de 2018 (11:18 CET)

Pedro Sánchez quiere que la reunión extraordinaria del Consejo de Ministros en Barcelona sea recordada por algo más que por los CDR. Por eso, el presidente del Gobierno prepara un golpe de efecto sin más motivo que el de mostrar su sensibilidad con Cataluña: bautizará el aeropuerto de El Prat con el nombre de Josep Tarradellas.

Tarradellas fue presidente de la Generalitat en el exilio (1954-1977) y, sobre todo, fue una figura crucial en la transición española gracias a los pactos alcanzados con Adolfo Suárez. En los últimos años, desde que el proceso soberanista comenzó a adquirir velocidad de vértigo, la figura de Tarradellas ha sido enormemente reivindicada en el conjunto de España y puesta como ejemplo del catalanismo razonable, del seny.

Pues bien, Sánchez ha decidido llevar esta reinvindicación al extremo y conceder a Tarradellas uno de los mayores reconocimientos que un gobierno puede dar a un prohombre: bautizar un aeropuerto en su honor.

La decisión que aprobará este viernes el Consejo de Ministros no ha gustado a los soberanistas, que no tardaron en reivindicar la titularidad de la gestión y en despreciar el gesto del Gobierno. El líder huido Carles Puigdemont se puso a la cabeza de las quejas. "La queja por el aeropuerto no era por el nombre. Era y es por la gestión. Pides la gestión y te imponen un cambio de nombre. Pides decidir el futuro y te imponen el 155", protestó en las redes.

El golpe de efecto tampoco ha sentado bien en la Generalitat, que ha optado por exhibir su indignación ante el anuncio, como hizo con la propia convocatoria del Consejo de Ministros en Barcelona. Y de nuevo alega, se trata que se trata de una cuestión de formas, no de fondo.

El gobierno catalán no tiene nada en contra del nombre escogido, explican fuentes de la Generalitat, que estaba informada de las intenciones del Gobierno. Pero el ejecutivo de Quim Torra pidió al al de Sñanchez que no decidiera el cambio de denominación de forma unilateral, y se remitió a las comisiones de nomenclátor de la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM). Sus peticiones, según su versión, no fueron atendidas.

En el ayuntamiento de Barcelona aseguran que tampoco tenían noticia de los planes de cambio de nombre. Fuentes del gobierno municipal apuntan que verían bien añadir el nombre de Tarradellas pero manteniendo la denominación oficial actual de Barcelona-El Prat.

Aeropuertos con nombre propio

La geografía mundial está llena de aeropuertos con nombre propio y, en concreto, de ex presidentes. El aeropuerto de Barajas, en Madrid, lleva el nombre de Adolfo Suárez desde 2014, cuando falleció. No es ninguna idea original porque la lista es larga: Charles de Gaulle (París), José Martí (La Habana), John F. Kennedy (New York), Eleftherios Venizelos (Atenas), Atatürk (Estambul), Simón Bolívar (Caracas).

Tras la retirada política de Jordi Pujol, se dio por hecho que el ex presidente de la Generalitat acabaría dando nombre al aeropuerto de El Prat. Apartado de la trinchera política desde 2003, su figura comenzó a reivindicarse por parte de amplios sectores. Pero Pujol cayó en desgracia después de conocerse que había burlado a Hacienda durante años ocultando una fortuna en el extranjero y su nombre comenzó a desparecer de plazas, calles, polideportivos y escuelas.

 

 

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