¿Por qué Rajoy esquiva al BCE?

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Moncloa evita el desgaste de los nuevos recortes que implican el uso de los fondos europeos de rescate

Rajoy en la clausura del G20

03 de agosto de 2012 (14:33 CET)

Mario Draghi empujó a España e Italia a solicitar una suerte de rescate blando si quiere que el regulador monetario de la zona del euro, el Banco Central Europeo, también intervenga en el mercado de deuda para dar oxígeno a las economías española e italiana. Pero el presidente Mariano Rajoy se niega a dar el paso.... y tiene sus motivos.

Ambos países insisten en que Draghi atesora la capacidad para cortar de raíz la escalada de la prima de riesgo, que cada día es más exigente en el mercado secundario, y que ése es el papel del regulador monetario: contener a los inversores. En Frankfurt, sede del BCE, están dispuestos a ayudar, pero lo harán como Angela Merkel quiere.

La cancillera alemana sigue imponiendo su criterio a los socios más condescendientes con ambos países y duda de que el banco central pueda contener la hemorragia. Además, la ayuda debería desbloquearse a cambio de más recortes.

La institución monetaria está plegada a los deseos alemanes y no autorizará la salida de un euro hasta que los dos socios pidan ayuda. Levantar la mano implicará, a la práctica, solicitar una suerte de rescate, blando --los recursos irían a la deuda--, aunque total.

Las condiciones

Draghi activará la potencia del BCE con medidas no convencionales de apoyo, pero sólo cuando Europa se asegure el cumplimiento de un paquete de condiciones macroeconómicas. De modo que Merkel, el gobernador monetario y otras instituciones europeas señalan, por el momento, dos alternativas para España e Italia: rescate o salida del euro.

Sin embargo, Rajoy confía en la resistencia de la economía española y en que Merkel cederá a las presiones internas para que intervenga antes de que la moneda única se rompa. Los empresarios alemanes están cansados de que el gobierno del país erosione su principal mercado: el euro. Por otro lado, algunos socios de la moneda única y la propia Comisión Europea son partidarios de un escenario más flexible.

Deberes hechos


Los fondos de rescate, alternativa al BCE pero que por ahora permanecen inactivos (el FEEF o el MEDE), podrían regar el mercado de deuda con la compra masiva de bonos a cambio de cumplir las recomendaciones económicas de la Unión Europea. España ya ha aplicado el paquete de medidas detalladas en mayo de 2012, como la subida del IVA. Y ésta es la primera razón por la que Rajoy no quiere hacer caso a Draghi.

España, a su juicio, ya ha desplegado las condiciones de acceso a los recursos europeos antes de que el dinero llegue. Moncloa espera que el siguiente paso lo dé Europa, y cree gozar con el apoyo de Italia, apuntalado el jueves por Mario Monti, el primer ministro del país transalpino, que también considera que ya se han realizado los esfuerzos necesarios.

El Bundesbank, manda

Sin embargo, los socios europeos apuestan por Draghi y Merkel. La alternativa al BCE es bien vista porqué todos los programas llevan condicionalidad y obligan al país beneficiario a comprometerse por escrito con un plan de reformas y de supervisión, la mayoría de ellas ya implementadas, aunque aún podrían pedir más.

La tesis que se impone aquí es la del Bundesbank. El banco central alemán ha mostrado públicamente su escepticismo sobre la efectividad de la compra de bonos en mercado secundario por parte del BCE.

Desgaste

En el Gobierno español añaden, en círculos privados, un segundo argumento. Además de creer que los deberes están hechos, temen al daño político que un nuevo rescate podría ocasionar en el gobierno y para el Partido Popular. Ambos han defendido que el auxilio bancario no implica condiciones macroeconómicas, aunque la sociedad lo ha interpretado así tras aprobarse a renglón seguido el mayor paquete de recortes de la democracia.

Si Rajoy levanta la mano, se tendría que firmar una memorando de entendimiento (MoE) y entregar el control de la economía española a una troika de instituciones que asegurarían el estricto cumplimiento de la condicionalidad impuesta a cambio de la intervención.
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