Puigdemont evita tocar la fibra nacionalista ante el rey

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En su discurso, el presidente catalán destacó a Barcelona como centro de innovación tecnológica. Y Felipe VI dijo que las administraciones deben trabajar en conjunto para lograr el bien común

Carles Puigdemont y Felipe VI

Barcelona, 21 de febrero de 2016 (21:04 CET)

En el primer encuentro oficial que mantuvieron Felipe VI con Carles Puigdemont las formas se cuidaron con precisión, y el mandatario catalán evitó cualquier mención al soberanismo .

La cena de bienvenida del Mobile World Congress fue el motivo, y el Gran Teatro del Liceu el marco para la gala oficial, donde el rey fue saludando al desfile de autoridades que lo recibieron, como la alcaldesa de Barcelona Ada Colau o la presidente del Parlament, Carme Forcadell.

Justamente, una de las imágenes más esperadas era el saludo del monarca con Forcadell, luego que la Casa Real se negara a recibirla tras la investidura de Puigdemont.

"Queremos ser el Silicon Valley del sur de Europa"

Para recordar que la cena tiene que ver con un congreso de tecnología, Puigdemont aparcó cualquier reivindicación soberanista y centró su discurso de bienvenida en las bondades de Barcelona en particular y de Cataluña en general para los negocios de este sector. En inglés recordó que más de 5.500 compañías tecnológicas operan en Cataluña, y dijo que aspira a que Barcelona sea reconocida "como la Silicon Valley del sur de Europa".

Muy sutilmente, comparó a la historia del Liceu (con su incendio y reconstrucción) con sus objetivos políticos: "su ejemplo nos enseña que más allá de las dificultades de todo tipo, sean sociales, económicas, políticas o de movilidad, no nos resignaremos a las fatalidades ni al determinismo de que no hay nada más que hacer", dijo.

El rey propone trabajar con unidad

Felipe VI, en un discurso en inglés con algunos tramos en castellano y catalán, se mantuvo en la misma línea que abrió Puigdemont, pero con delicadeza, buscó dar un mensaje de unidad para lograr los objetivos.

Dijo que el Congreso Mundial del Móvil y la capitalidad internacional que ostenta Barcelona son "buena prueba" de ello y "un ejemplo de cómo el compromiso entre las diferentes Administraciones impulsa el progreso colectivo y, para las grandes cosas, atiende mejor el interés general de todos los ciudadanos".

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