Los consejeros de Quim Torra tras la toma de posesión del nuevo Govern. Foto: EFE/QG

Quim Torra: 100 días de gobierno, 0 acciones legislativas.

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El gobierno de Torra solo ha llevado al parlamento catalán cuatro proyectos de ley ya aprobados en la anterior legislatura y suspendidos por el 155

Barcelona, 19 de agosto de 2018 (10:53 CET)

El gobierno de la Generalitat está marcado por la inacción política. Quim Torra está muy cerca de cumplir 100 días al frente del Ejecutivo catalán y no ha llevado a cabo ninguna iniciativa legislativa propia. Solo ha enviado al parlamento catalán cuatro proyectos de ley que, a la postre, se arrastraban de la legislatura anterior.

La misma parálisis se instala en el Parlament, que solo ha sacado adelante dos leyes: una para permitir la investidura telemática y otra para modificar una normativa universitaria que ayude a certificar el conocimiento de una segunda lengua.

Los primeros pasos del Govern ya fueron sintomáticos. El empeño de Torra en nombrar altos cargos en prisión preventiva por rebelión y malversación provocaron que los consejeros tomaran posesión 14 días después que el president.

El Parlament no recuperará su actividad habitual hasta octubre

Y así se llegará, como mínimo, hasta octubre. No será hasta dentro de dos meses cuando no se termine el parón estival y se reanude formalmente el curso político. Será el momento en el que el independentismo aprovechará el debate de política general para dar a conocer sus planes.

Es el calendario que centra su atención. Primero con el aniversario del referéndum ilegal del 1 de octubre y, seguidamente, por la reanudación del calendario judicial a los líderes independentistas.

Torra y Puigemont, Puigdemont y Torra

A la vista está, que el gobierno a la sombra de Waterloo tampoco se ha preocupado por la sociedad catalana y no ha dado ninguna orden a Torra de llevar a cabo proyecto alguno, aunque éste haya cumplido con su visita mensual a las dependencias de Carles Puigdemont.

Por ello, la única imagen que Torra ha dejado han sido sus constantes dardos al Rey — amagando con plantarle en varios actos para más tarde recular — y su necesidad de politizar cualquier acto, incluido el homenaje a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils.

La cabeza puesta en las nuevas elecciones

Todo apunta a que la acción legislativa seguirá bajo mínimos. Sobre todo, porque los movimientos partidistas se incrementaran a partir del 27 de octubre, momento en el que Torra podrá utilizar su potestad para convocar unas nuevas elecciones.

Es aquí donde se generan parte de las tensiones entre los dos socios de gobierno, Junts per Catalunya y ERC. Los republicanos quieren una legislatura larga y defienden una hoja de ruta independentista muy diferente.

Torra, por su parte, presiona advirtiendo de que el Govern debe caer si los presupuestos no salen adelante, al mismo tiempo calcula sus intereses electorales y ve que a finales de otoño puede ser el momento idóneo.

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