El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una visita a la base aérea de Los Llanos, en Albacete, el 10 de octubre. Foto: EFE/Manu

Sánchez domina el escenario y el relato; Casado y Rivera el Apocalipsis

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El pacto con Podemos permite a Sánchez construir un relato cerrado, mientras la oposición amenaza con el Apocalipsis pero carece de propuestas

Carlos Carnicero

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una visita a la base aérea de Los Llanos, en Albacete, el 10 de octubre. Foto: EFE/Manu

Madrid, 14 de octubre de 2018 (04:55 CET)

El presidente fue abucheado y sufrió exigencias de convocatoria electoral en los actos del 12 de Octubre. Le gritaban "¡okupa!". Después, cometió, o no, un error de protocolo, colocándose con su mujer, Begoña Gómez, a la derecha de los reyes en el besamanos del Palacio de Oriente. Curioso, la esposa del presidente hizo pellas en el desfile.

Un ujier les conminó a que se retirasen. Y lo hicieron ambos, visiblemente azorados. Se acumulan gestos de cesarismo. Desde el uso abusivo de aviones y helicópteros, hasta los largos viajes por el extranjero, eclipsando, incluso a don Felipe, que apenas tiene agenda internacional.

Proliferan los viajes de Estado, muchos de ellos sin objetivo definido. Pedro Sánchez siente bien lejos de casa. Tal vez porque aquí no pisa la calle. Está encapsulado. Si en eso consiste el síndrome de la Moncloa, el virus le ha atacado fuerte.

Sánchez, los aviones y el presupuesto

El uso abusivo de los posados fotográficos, al comienzo de su llegada a la Moncloa, tuvo que ser tamizado, porque rozó el ridículo.

Pero alguien le ha señalado que le conviene la técnica que siempre ha utilizado la revista ¡Hola!. La exhibición del glamour y del poderío siempre hipnotiza. Y Sánchez está hipnotizando a muchos españoles. Es la fórmula que ha hecho inmortal a Isabel Presley.

El presidente usa el avión para ir a un concierto de rock y el helicóptero para asistir a la boda de su cuñado.

Lo compagina con las bases del presupuesto aparentemente más progresista de la democracia. Un amigo francés me ha indicado que Sánchez ha estudiado la forma de entender la grandeur de François Miterrand. A lo mejor tiene razón, porque al ex presidente francés también se le perdonaron muchos pecadillos.

Sánchez está blindado con la prensa; solo comparece en compañía de un dignatario extranjero

Quizá no confundió el protocolo en el Palacio de Oriente y sencillamente siguió los impulsos de situarse en el centro del escenario, sin darse cuenta que no podía estar por encima del rey. Lo sorprendente es que sus más allegados dicen que es tímido.

Era imposible imaginar que ha llegado hasta donde está. Primero, la victoria en la moción de censura. Luego aguantar con 80 diputados en un hemisferio de especies tan contradictorias.

Ahora utiliza siempre corbata y uno de los trajes iguales que siempre están impecablemente planchados. Está blindado con la prensa, ante la que solo comparece en compañía de un dignatario extranjero. Imposible acordarse de la última rueda de prensa a calzón quitado.

Lo que firmaron Sánchez e Iglesias es un protocolo de gobierno a medio plazo

El pacto con Podemos le ha permitido construir un relato cerrado. A pesar de las trabas de PP y Ciudadanos, bloqueándole la trampa para sortear el Senado con el techo de gasto, ha construido la imagen de tener dinero para todos sus gastos sociales.

Sánchez y Pablo Iglesias lo han vendido muy bien en espera de cuadrar los números en el presupuesto.

Lo que firmaron Sánchez e Iglesias es todo un protocolo de gobierno a medio plazo, más allá de que cuadren los números con las exigencias de Bruselas. En eso tiene una inercia a su favor.  Con la tensión de la Unión Europea con los presupuestos italianos, no es fácil que abran un segundo frente con España.

El adeudo catalán y el discurso cansino del Apocalipsis

El tema catalán lo tiene controlado. Dos dosis de zanahoria y una de palo.

Ha conseguido que muchos españoles acepten la distensión en Cataluña a cambio de aparente mano blanda en temas que pueden presentarse como menores. La sensación que hubo de que el presidente de Gobierno no protegía al rey de las ofensas secesionistas, poco a poco se va amortiguando.

Con el último atropello al rey en el Parlament de Catalunya, anuncia acciones ante el Tribunal Constitucional, pero todavía no las ha ejercido. Nada menos que aprobó la abolición de la monarquía.

Tal vez esté condicionado porque el partido de Iglesias en Cataluña, Catalunya En Comú-Podem, fue quien presentó la moción y naturalmente votaron a favor. Sin ellos, sin los socios de Iglesias, no habría salido adelante. Sorprendentemente, la CUP se abstuvo.

Los logros se presentan como éxitos reaccionarios que boicotean el bienestar de los ciudadanos

La oposición tiene serios problemas para construir un relato alternativo al de Sánchez. En realidad solo tienen un antirrelato. Exhiben el Apocalipsis Sánchez como una amenaza letal para España.

Pero comienza a ser un discurso cansino. Desaceleración económica, rendición ante el secesionismo y abandono de los catalanes no nacionalistas. Escándalos de tesis y fiscales de algunos ministros y reprobación de la ministra de Justicia.

No hay proposiciones positivas. Y los logros, como la oposición al objetivo de déficit, se presentan como éxitos reaccionarios que boicotean el bienestar de los ciudadanos.

También está consiguiendo Sánchez cargar en el déficit de PP y Ciudadanos la eclosión de Vox en el escenario español. Quizá la lógica debiera indicar que Vox progresa precisamente porque Pablo Casado y Albert Rivera no ocupan ese espacio de derecha extrema. Pero, si cuela, vale.

Cs y el PP repiten una y otra vez lo que les molesta pero no acaban de explicar lo que quieren

No tenemos encuestas fiables, porque sin duda las del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no lo son ni lo van a ser mientras siga actuando de comisario político Tezanos.

Pero tampoco parece que haya pagado mucho costo la colonización del CIS, como ha ocurrido con los gatillazos sobre la exhumación de Franco, que tiene toda la pinta de que va a acabar en la cripta de La Almudena, a 200 metros del Palacio Real.

El discurso de Cs y el del PP, con sus matices, no termina de desgastar al Gobierno, porque repiten una y otra vez lo que les molesta pero no acaban de explicar lo que quieren.

Sencillamente amenazan con el Apocalipsis pero carecen de relato.

Los politólogos modernos dicen que así no se puede ganar.

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