El presidente de la Generalitat Quim Torra, durante su discurso tras la entrega la medalla de Honor del Parlamento a la Asociación de Maestros Rosa Sensat por la dedicación de todos los docentes, familias y ciudadanos por mejorar la educación. EFE
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El presidente de la Generalitat llama a la movilización con un discurso empeñado en trazar comparaciones entre la Cataluña actual y la de hace tres siglos

Iván Vila

Economía Digital

El presidente de la Generalitat Quim Torra, durante su discurso tras la entrega la medalla de Honor del Parlamento a la Asociación de Maestros Rosa Sensat por la dedicación de todos los docentes, familias y ciudadanos por mejorar la educación. EFE

Barcelona, 10 de septiembre de 2018 (21:05 CET)

Un llamamiento a "todos los catalanes" a "encontrarnos en la defensa de la democracia y la libertad". En eso ha consistido el mensaje institucional que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, acaba de pronunciar esta noche con motivo de la celebración, mañana martes, de la Diada de Cataluña.

"Democracia" y "libertad" son dos de esas palabras cuyo significado ya ha dejado de ser el mismo para un independentista que para un constitucionalista, cosa que complica sobremana cualquier diálogo. Pero en todo caso, en esos conceptos sitúa Torra "el único terreno fértil sobre el cual puee crecer el bienestar, la justicia, el progreso, la calidad de vida y la igualdad de oportunidades".

El mensaje de Torra busca llegar a un público más allá de sus incondicionales

El beatífico discurso del president, que por su insistencia parece querer seguir instalado en la Cataluña de hace tres siglos, ha transitado por su línea habitual de sobrecarga de soflamas, citas literarias y referencias históricas cocinadas al gusto para compensar el déficit de mensajes políticos claros y de concreciones estratégicas.

El mensaje de Torra busca llegar a un público más allá de sus incondicionales, en el afán soberanista por hacer girar la Diada y sus reclamaciones en torno a planteamientos que puedan suscitar la complicidad de la izquierda no independentista, en especial, el entorno de En Comú Podem. "Nuestro gobierno se ha comprometido a hacer efectiva la república. Una república compartida que tiene que ser de todos los catalanes", ha remarcado.

Paralelismo con la Cataluña de hace 300 años

Pero es poco probable que consiga complicidades más allá de las ya conocidas. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que en otras ocasiones ha sido más ambivalente, ya dejó claro que no asistiría a la concentración convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC), en la que sí está previsto que participen Torra y la mayor parte de los líderes independentistas.

Se entienden las reticencias de los comunes. Pese a sus llamadas a la transversalidad de sus reivindicaciones, Torra ha vuelto a recurrir, otro clásico, al paralelismo entre la Cataluña de hace 300 años y la actual en la misma clave nacionalista en la que transcurrieron los fastos del tricentenario de la caída de Barcelona ante las tropas borbónicas. 

Para el president, los catalanes hoy se encuentran en una encrucijada similar a la de los austracistas que, en 1713, optaron por resistir frente a aquel asedio. "Nos toca decidir si frente a las injusticias, las amenazas, el miedo, la violencia, las cárceles y el exilio nos conformamos a resistimos y avanzamos", ha dicho.

Discrepancias estratégicas

Esa insistencia en la denuncia de la situación procesal de los líderes independentistas de la pasada legislatura es el mínimo común denominador que une a JpC y ERC, y el punto en el que se busca también la complicidad de sectores no soberanistas. Sucede que la escenificación de una supuesta unidad de acción no es tan sencilla de conseguir.

Este mismo lunes, a pocas horas de una Diada que se quiere catártica y unitaria, ERC por un lado y el Pdecat y la ANC por el otro, han vuelto a dejar claras las discrepancias estratégicas del independentismo: si Oriol Junqueras aboga por "hablar claro" y asumir que no hay otra vía que la búsqueda de un reférendum pactado, los neocovergentes y los organizadores de la concentración de la Diada apuestan por seguir esgrimiendo el fantasma de la unilateralidad.

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