| Accidente de tren en Adamuz

El maquinista del Iryo alertó del “enganchón” y pidió cortar la circulación antes del accidente en Adamuz

El audio del centro de control revela cómo el conductor alertó del enganchón, el fuego y la invasión de la vía contigua segundos antes del siniestro

Uno de los vagones del tren Iryo que descarriló, a 20 de enero de 2026, en Adamuz, Córdoba, Andalucía (España).

El maquinista del tren de alta velocidad de Iryo que descarriló el pasado domingo en Adamuz (Córdoba) alertó con antelación de un “enganchón” en la circulación y solicitó el corte inmediato del tráfico ferroviario, según revela el audio de la conversación mantenida con el centro de control de Atocha. La grabación, a la que ha tenido acceso Europa Press y que fue difundida inicialmente por eldiario.es, sitúa al conductor como el primer actor en advertir de la gravedad de lo que estaba ocurriendo sobre la vía.

El contenido del audio, registrado minutos antes del accidente, aporta nuevos elementos a la investigación en curso y abre interrogantes sobre la gestión de la emergencia en los primeros instantes del incidente. El siniestro, ocurrido alrededor de las 19.45 horas, terminó con el descarrilamiento de dos trenes y ha dejado hasta el momento 42 personas fallecidas, además de numerosos heridos.

El tren afectado, identificado como Iryo 6189, cubría el trayecto Málaga–Puerta de Atocha y transportaba a cerca de 300 pasajeros cuando sufrió el incidente en los desvíos de entrada a la vía 1 de la estación de Adamuz, un punto especialmente sensible de la infraestructura ferroviaria.

Un aviso inicial que anticipaba una avería grave

La conversación comienza con una advertencia directa del maquinista, que comunica al centro de control que acaba de sufrir un “enganchón” a la altura de Adamuz. El término, habitual en el argot ferroviario, suele asociarse a un problema mecánico o estructural que afecta al correcto desplazamiento del convoy y que puede derivar en situaciones de alto riesgo.

Desde el puesto de mando de Atocha, la respuesta inicial fue de reconocimiento visual del tren en el sistema, sin que en ese momento se activara una alerta mayor. Pocos segundos después, los operadores solicitaron al conductor que bajara los pantógrafos, una maniobra habitual ante incidencias eléctricas, aunque el maquinista respondió que el tren ya se encontraba bloqueado.

Ese intercambio evidencia que el convoy había perdido capacidad de maniobra, un dato clave que refuerza la tesis de que la situación ya era crítica incluso antes de que se produjera el descarrilamiento definitivo. El conductor insistió en que no podía bajar más los pantógrafos y que el tren no respondía a las órdenes habituales.

La confirmación del descarrilamiento y la invasión de la vía contigua

Instantes después, el maquinista elevó el nivel de alarma al confirmar que el tren había descarrilado, señalando además que estaba invadiendo la vía contigua. Esta circunstancia multiplica el riesgo de colisión con otros convoyes, especialmente en tramos con tráfico bidireccional o alta densidad de circulación.

Desde el centro de control, la confirmación fue escueta, limitándose a dar por recibido el aviso. Sin embargo, el conductor volvió a insistir en la necesidad urgente de detener el tráfico ferroviario en la zona, consciente del peligro inmediato que suponía la ocupación de la vía paralela.

La respuesta desde Atocha fue que no había ningún tren llegando en ese momento, una afirmación que ahora cobra especial relevancia a la luz de los acontecimientos posteriores. Por la vía contigua circulaba un tren con destino a Huelva procedente de Madrid, que acabaría descarrilando como consecuencia del incidente inicial.

Uno de los vagones del tren de Iryo que descarriló, a 20 de enero de 2026, en Adamuz, Córdoba, Andalucía (España).

Fuego a bordo y petición de auxilio inmediato

La conversación revela un nuevo giro dramático cuando el maquinista informa de la presencia de fuego en el convoy, una situación que agrava exponencialmente la emergencia y obliga a activar protocolos de evacuación y rescate. El conductor comunica su intención de abandonar la cabina para verificar el alcance del incendio.

En ese momento, el maquinista solicita explícitamente la intervención de los servicios de emergencia, reclamando la presencia de bomberos y ambulancias ante la existencia de heridos a bordo. Su tono, según se desprende del audio, refleja la urgencia y la gravedad del escenario que se estaba desarrollando sobre el terreno.

Desde el centro de control se limitan a señalar que comunicarán lo ocurrido, dando por finalizada la conversación. Este tramo del audio es uno de los puntos que más debate ha generado, al evidenciar una posible falta de reacción inmediata ante una situación crítica ya confirmada.

El accidente, bajo investigación judicial y técnica

El descarrilamiento se produjo en los desvíos de entrada a la estación de Adamuz, una zona donde confluyen cambios de vía y elementos de alta complejidad técnica. La investigación deberá determinar si el “enganchón” detectado por el maquinista estuvo relacionado con un fallo en la infraestructura, un problema mecánico o una combinación de ambos factores.

Fuentes del sector ferroviario subrayan que el aviso temprano del conductor es un elemento clave para depurar responsabilidades, ya que demuestra que el incidente no fue súbito ni imprevisible, sino que presentó señales previas de alerta que quedaron registradas.

La Audiencia Nacional y los organismos técnicos competentes ya han solicitado toda la documentación, incluidos los registros de comunicaciones, los datos de la caja negra y los informes de mantenimiento de los trenes implicados, así como del estado de la vía en el tramo afectado.

El foco sobre la gestión de la seguridad ferroviaria

El accidente ha reabierto el debate sobre los protocolos de respuesta ante incidencias graves en la red ferroviaria, especialmente en situaciones en las que un tren comunica la pérdida de control y la invasión de una vía contigua. Expertos en seguridad señalan que, ante avisos de este tipo, la detención preventiva del tráfico debería ser automática.

También se analiza el papel de los centros de control y la cadena de toma de decisiones, un aspecto que podría resultar determinante en la investigación. La rapidez en la reacción y la coordinación con los servicios de emergencia son factores críticos para minimizar daños en accidentes de esta magnitud.

Mientras avanzan las investigaciones, el audio del maquinista se ha convertido en una pieza central del caso, al ofrecer un relato en tiempo real de los minutos previos al siniestro. Un testimonio que sitúa la alerta, la petición de corte de circulación y la llamada de auxilio antes de que el accidente alcanzara su máxima gravedad.

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Alba Carbajal

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