Youtube busca un algoritmo aún más adictivo
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Youtube intenta apañar las críticas por el contenido ofensivo con el enésimo documento en el que se compromete a atacar un extremismo que no deja de crecer

Barcelona, 06 de junio de 2019 (11:39 CET)

Cada cierto tiempo Youtube intenta curarse en salud y salir al paso de las críticas que recibe por los contenidos problemáticos que alberga su plataforma de vídeos. El último brindis al sol del portal –una propiedad de Google– es el anuncio del veto al contenido supremacista y al discurso de odio de muchos de sus creadores. No solo es una misión imposible, sino una actuación realmente hipócrita.

Hace dos meses este diario se hacía eco de las declaraciones de una veintena de empleados y extrabajadores de Youtube que revelaron que la empresa permtió que el odio se difundiera a la libre con tal de que las métricas de tráfico se siguieran disparando. Después de que se informara de esto Youtube entró en una deriva moralista para lavarse las manos por el daño acometido. Esa campaña aún no ha terminado.

La última finta de la plataforma de vídeos para apañar las críticas se enfoca en el supremacismo y en cualquier idea que arroje una percepción de superioridad de un grupo demográfico. "Hemos observado de cerca nuestro enfoque hacia el contenido de odio consultando con docenas de expertos en temas como el extremismo violento, el supremacismo, los derechos civiles y la libertad de expresión", dijo la empresa.

"En base a esos aprendizajes, estamos haciendo varias actualizaciones", explicó Youtube. Estas medidas pasan por "eliminar más contenido odioso y supremacista", "reducir el contenido límite y elevar el contenido de voces autorizadas" (como medios de comunicación profesionales, por ejemplo) y "recompensar a los creadores de confianza y reforzar nuestras normas de monetización".

El equipo de Youtube concluyó su mensaje asegurando: "La apertura de esta plataforma ayuda a que la creatividad y el acceso a la información prosperen. Es nuestra responsabilidad proteger eso y evitar que nuestra plataforma se use para incitar al odio, el hostigamiento, la discriminación y la violencia. Estamos comprometidos a tomar los pasos necesarios para cumplir con esta responsabilidad".

Youtube y la brecha entre aspiración y realidad

Sobre el papel las intenciones de Youtube son loables y comprensibles. Incluso es difícil imaginar que haya mala fe o que no está en el interés de una filial de Google proteger a sus usuarios de contenido peligroso. Pero en la práctica este es un asunto no tan sencillo de manejar. Basta con observar lo que ya sucede en Youtube mientras están en pie normas similares contra los mensajes problemáticos.

Justo esta misma semana Youtube se rehusó a tomar acciones contra el youtuber Steven Crowder, acusado de repetir insultos homófobos contra otro de sus creadores de contenido, Carlos Maza. Este periodista del digital americano Vox publicó un tuit que se hizo viral en el que documenta todos los insultos que Crowder le ha dedicado en su canal, sin que quede duda de que se trata de contenido odioso.

Mother Jones informó de que Youtube reconoció que los vídeos de Crowder eran "claramente hirientes" pero que no incumplen sus normas de uso, a pesar de que los téminos de servicio del portal de vídeos dicen que el contenido "hiriente" está prohibido y se contempla como acoso e intimidación cibernética. El mismo nuevo anuncio de los "esfuerzos" de Youtube contra el odio ratifica esta postura, que de teórica no pasa.

En su nuevo brindis al sol Youtube se compromete a detener el flujo de vídeos supremacistas "que justifiquen la discriminación, segregación o exclusión" con base en factores como la edad, el género, la raza, la religión o la orientación sexual. Pero en la práctica, Youtube no hace lo suficiente. Crowder es un youtuber de extrema derecha, y también produce vídeos que tienen millones de visitas (ergo, publicidad).

Claramente molesto por la situación Maza afirmó que "la nueva norma contra la supremacía de Youtube es una broma y un brillanete accesorio destinado a distraer a los periodistas y anunciantes de la realidad, que es que la empresa no hace cumplir ninguno de estos compromisos".

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