Ibiza y Formentera en barco: una ruta de playas idílicas, calas secretas y paisajes de impacto
No hace falta disponer de un yate propio para lanzarse a navegar por las islas Pitiusas, pero sí de una guía para descubrir los rincones más increíbles que solo se descubren desde el mar
Otra perspectiva de Ibiza y Formentera. Foto: Annegret Kammer | Unsplash.
Futbolistas de vacaciones, actores y actrices, celebrities, creadores de contenido… basta abrir Instagram o TikTok para ver idílicas postales de Ibiza y Formentera que combinan encuadres de piscinas perfectas, DJs, clubes y sí, chapuzones que empiezan en la escalerilla de una embarcación.
Porque, más allá del postureo, sigue habiendo rincones llenos su magia y autenticidad que son solo accesibles desde el mar, lugares que desde hace siglos, fascinaron a marineros y pescadores, pero también viajeros de otras épocas.
Si ya te has decidido por unas vacaciones en barco o has reservado un día para recorrer la costa, aquí va la mejor ruta para pasar un día navegando por Ibiza y Formentera entre enclaves naturales, canales marítimos y tramos de costa a los que únicamente se puede llegar por vía marítima.

Ses Illetes: el corazón natural de las Pitiusas
Salgas desde Ibiza o Formentera, si se quiere empezar con las expectativas bien altas, el primer punto de la travesía debería ser Ses Illetes. Si bien es uno de los rincones costeros más conocidos del Mediterráneo, siempre presente en los rankings de publicaciones y usuarios, no es menos cierto que sigue siendo un lugar bellísimo, con su estrecha lengua de arena que parece prolongarse hacia el norte de la isla, rodeada por aguas que cambian de color según la luz y la profundidad declinando todos los tonos de azul imaginables (y no imaginables).

Si a algo podemos dar las gracias de tanta belleza es a las praderas de posidonia oceánica, una planta submarina endémica del Mediterráneo que, formando grandes bosques submarinos, constituye uno de los organismos vivos más grandes del mundo.
Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, estas praderas no sólo actúan como grandes aliadas de la biodiversidad marina, sino que también fijan CO2, producen oxígeno, protegen el litoral arenoso contra la erosión y contribuyen a purificar el agua, lo que las hace responsables de la extraordinaria transparencia de las aguas que han convertido a Formentera en un referente internacional. Precisamente por ello, y para no dañarlas desde la embarcación, es muy importante fondear en boya o recoger el ancla en vertical.

Canales submarinos e islotes en Es Freus y Espalmador
En este mismo entorno se abre el paso natural de Es Freus, el sistema de canales que separa Ibiza y Formentera a través de bajos arenosos e islotes. Además de servir como una referencia visual clave para orientarse en el paso entre ambas islas, es también un corredor natural de tránsito para aves marinas y un área en la que pueden avistarse especies como delfines.
A escasa distancia al norte aparece Espalmador, un pequeño islote integrado en el Parque Natural de Ses Salines, cuyo perfil de dunas, sabinas y litoral apenas ha cambiado con el paso de las décadas. Con apenas un par de construcciones
Desde la embarcación, se distingue perfectamente S’Alga, una playa salvaje -sin servicios como chiringuitos, tumbonas o papeleras- de alrededor de un kilómetro de arena blanca considerada una de las mejor preservadas de Baleares y escasamente ocupada, ya que solo se puede llegar en barco.

Durante generaciones, Espalmador sirvió como refugio para barcos sorprendidos por los cambios de tiempo y actualmente continúa siendo uno de los espacios naturales más valiosos del archipiélago.
Cala Saona: el mejor balcón hacia Es Vedrà
La ruta continúa hacia Cala Saona, una joyita en forma de pequeña bahía en la costa occidental de Formentera. Rodeada por acantilados rojizos y pinares que descienden hasta el mar, en días despejados es posible divisar la silueta de Es Vedrà, un imponente islote rocoso que se eleva más de 380 metros sobre el mar frente a la costa suroeste de Ibiza.

Su perfil ha funcionado durante siglos como punto de orientación para la navegación, y es que, aunque popularmente ha sido asociado a leyendas y relatos de navegantes, Es Vedrà es sobre todo un referente geográfico: una referencia visual clave en las antiguas rutas marítimas entre islas.
La costa norte de Ibiza
El siguiente tramo de navegación revela una Ibiza no tan conocida. Hablamos de la costa norte con su combinación de acantilados, pequeñas calas y pinares que llegan casi hasta el agua, en contraste con las grandes playas del sur, como Ses Salines, Es Cavallet o Cala Jondal.
El norte, por el contrario, es una zona mucho menos urbanizada debido a su orografía más abrupta y a su menor accesibilidad por tierra.

Desde el mar, sin embargo, es posible acercase sin problemas a preciosos enclaves que durante décadas permanecieron aislados por su difícil acceso terrestre como Cala Xuclar, una pequeña calita de arena y grava con aguas cristalinas, o Cala d’en Serra, de unos 50 metros de longitud, con casetas de pescadores y un entorno natural rodeado de acantilados y pinos, así como un pequeño chiringuito.
Precisamente en este entorno se conservan algunos de los últimos escars o varaderos tradicionales de la isla, como se conoce a las estructuras construidas junto a la roca para proteger, sin necesidad de puertos artificiales, los llaüts o embarcaciones de pesca de madera, así como los aperos y las herramientas de los pescadores.
También son visibles pequeños refugios de pescadores excavados o apoyados directamente sobre la piedra, ejemplos de una arquitectura funcional que aún forma parte del paisaje cotidiano de la isla.

Cala Xarraca, Ses Margalides y Cala Benirràs
A poca distancia navegando hacia el oeste se accede a Cala Xarraca, que pertenece al municipio de Sant Joan de Labritja. Totalmente idílica con naturaleza, sus aguas traslúcidas, pinos rodeando el agua, calma y silencio, también aquí es posible ver tradicionales varaderos y es, además, perfecta para el snorkel.
Siguiendo la navegación se llega fácilmente a Ses Margalides, dos pequeños islotes situados frente a la costa noroeste de Ibiza: na Foradada y es Picatxo, rodeados de aguas bellísimas y con un túnel marino que los barcos pequeños pueden cruzar.

Para el atardecer, lo mejor es volver hacia Cala Benirràs, de sobra conocida por las vistas espectaculares al islote Cap Bernat (el ‘dedo de dios’) y sus fiestas de tambores al atardecer, especialmente los domingos, que desde el barco se pueden disfrutar evitando la masificación.