El campo europeo arde 

La voz de los agricultores y ganaderos europeos se eleva reclamando lo que por derecho nos pertenece, pero, al mismo tiempo, lanza un grito desesperado ante un futuro desolador

-FOTODELDIA- Berlín (Alemania), 15/01/2024.- Numerosos tractores bloquean las calles durante una manifestaciónl de agricultores en Berlín, Alemania, este 15 de enero de 2024, tras una semana de protestas en todo el país contra la política agrícola del gobierno federal. EFE/Filip Singer

Numerosos tractores bloquean las calles durante una manifestació de agricultores en Berlín. EFE/Filip Singer

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Los agricultores alemanes siguen con sus protestas, ante el anuncio del Gobierno de Olaf Scholz de eliminar los subsidios al diésel y de introducir un impuesto a los vehículos agrícolas. El conflicto se ha enconado desde que, a mitad del pasado mes de diciembre, se produjeran las primeras movilizaciones en Schweinfurt, en el norte de la región de Baviera.

La última demostración de fuerza del sector ha sido una movilización en Berlín, que finalizó con una imagen icónica alrededor de la Puerta de Brandeburgo. Fuentes gubernamentales estiman que 8.500 personas y 6.000 tractores participaron el pasado día 15 de enero en la manifestación, donde se pudieron leer proclamas como Wir haben die Schnauze voll (Estamos hartos) o Zu viel ist zu viel (Demasiado es demasiado). Las organizaciones convocantes, por su parte, elevan la participación hasta las 30.000 personas. 

El Gobierno, pese a intentar reducir el descontento del sector, ha seguido adelante con su plan. El Comité Parlamentario de Presupuestos ha aprobado recientemente las medidas anunciadas, paso previo para la convalidación por parte del Bundestag de los presupuestos federales, que tendrá lugar a principios de febrero. Esto ha provocado que Joachim Rückwied, presidente de la Deutschen Bauernverbandes (Asociación Alemana de Agricultores) anuncie que “la erupción es inevitable”, tras haber considerado las protestas previas como “un anuncio” de lo que está por venir. Se avecinan semanas claves en la resolución del conflicto. 

No es Alemania el único socio del club comunitario en el que los agricultores se movilizan. Las protestas atienden a razones propias de cada país, pero tienen en común varios elementos: la creciente falta de rentabilidad de la actividad agraria, el descontento ante las exigencias derivadas de la transición verde y la retirada de ayudas, motivada por la necesidad de equilibrar los presupuestos nacionales para sufragar los esfuerzos bélicos de apoyo a Ucrania o reducir el déficit público. 

El campo europeo arde de indignación, relegado a un segundo plano por nuestros políticos, incapaces de calibrar nuestra aportación a la economía y a la sociedad

En Rumanía, agricultores y camioneros llevan semanas protestando por la subida de los impuestos sobre el diésel y otras medidas que entraron en vigor a principios de año, y por el elevado coste de los seguros para los vehículos agrarios. El encarecimiento de los carburantes, de entre 6 y 8 céntimos por litro, ha motivado en las últimas semanas numerosas concentraciones espontáneas. 15.000 vehículos y tractores han intentado protestar en la céntrica Plaza de la Victoria de Bucarest, pero la negativa de las autoridades ha hecho que muchos de ellos se hayan quedado parados en las carreteras que circunvalan la capital. El descontento continúa, porque las primeras conversaciones con el Gobierno de Marcel Ciolacu han fracasado. 

En Francia, se han producido protestas masivas en la zona sur, que han obligado al presidente de la República, Emmanuel Macron, a movilizarse. En primer lugar, ha pedido a los delegados del Gobierno en cada región que se reúnan con los representantes de los agricultores para recoger sus inquietudes. De igual forma, el ministro de Agricultura, Marc Fesneau, se ha reunido con los sindicatos agrarios, anunciando tras el encuentro que el proyecto de ley del sector que debía debatir este miércoles el Consejo de Ministros se paralizará durante algunas semanas, para recoger medidas que den respuestas a las reclamaciones de los agricultores. También está prevista una reunión del primer ministro, Gabriel Attal, con el presidente del sindicato de agricultores FNSEA.  

Si seguimos indagando en las consecuencias del descontento de los agricultores y de otros sectores afines por Europa, encontramos protestas, manifestaciones y cortes de carreteras en Países Bajos, Polonia o Eslovaquia, por citar algunos ejemplos. El campo europeo arde de indignación, relegado a un segundo plano por nuestros políticos, incapaces de calibrar nuestra aportación a la economía y a la sociedad, o de entender la importancia de garantizar en el futuro nuestra soberanía alimentaria. 

¿Y en nuestro país qué? Parece que la ola de descontento de los agricultores también se acerca a España. En algunas organizaciones representativas del sector ya se habla de concentraciones ante la sede del Ministerio de Agricultura el próximo 21 de febrero, mientras que otras se reunirán en las próximas semanas para decidir su estrategia de movilizaciones. 

Más allá de las manifestaciones, hay que centrar la atención en los problemas del sector agrario europeo. La hiperregulación, el coste para los agricultores de la aplicación del Pacto Verde Europeo, la pérdida de competitividad, la política comercial comunitaria que favorece las exportaciones de terceros países en detrimento de las producciones propias, la falta de rentabilidad o la ausencia de relevo generacional, entre otras cuestiones, ponen al campo europeo contra las cuerdas.

La voz de los agricultores y ganaderos europeos se eleva reclamando lo que por derecho nos pertenece, pero, al mismo tiempo, lanza un grito desesperado ante un futuro desolador. ¿Estarán atentos los oídos de nuestros gobernantes o tendremos que seguir gritando hasta quedarnos sin voz? 

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