Florentino Pérez (ACS) se acerca al Gobierno y a la Generalitat catalana con Openchip
ACS negocia su entrada en la empresa de diseño de chips mientras ya colabora con ambas administraciones en la gigafactoría europea
Montaje realizado por Economía Digital.
La negociación de ACS para entrar en el capital de Openchip va mucho más allá de una inversión en una empresa tecnológica. De salir adelante, la operación consolidaría la posición del grupo presidido por Florentino Pérez como uno de los principales socios privados de los grandes proyectos industriales impulsados por el Gobierno y la Generalitat de Cataluña.
La compañía ya participa junto a ambas administraciones en el desarrollo de la futura gigafactoría europea de centros de datos proyectada en Móra la Nova (Tarragona), y ahora busca ganar presencia en otro de los sectores considerados estratégicos para la autonomía tecnológica europea: el diseño de semiconductores.
Aunque ambos proyectos no guardan relación empresarial entre sí, sí comparten un mismo objetivo: reforzar el papel de España dentro de la nueva economía digital.
La coincidencia de ACS en dos iniciativas respaldadas institucionalmente refleja el creciente protagonismo del grupo constructor en una estrategia industrial que trasciende las infraestructuras tradicionales y se adentra en ámbitos como la inteligencia artificial, la computación de altas prestaciones y los chips.

La posible entrada en Openchip supondría un nuevo paso en la transformación que ACS viene desarrollando desde hace varios años.
Bajo la presidencia de Florentino Pérez, la compañía ha ampliado progresivamente su actividad hacia negocios ligados a la transición energética y la digitalización.
El auge de la inteligencia artificial ha multiplicado la necesidad de construir centros de datos, redes eléctricas capaces de soportar su elevado consumo energético y nuevas infraestructuras digitales, un mercado en el que el grupo ya ha identificado una de las principales fuentes de crecimiento de la próxima década.
Ahora, la negociación con Openchip permitiría a ACS acercarse a otro eslabón de esa cadena de valor. La compañía especializada en el diseño de procesadores se ha convertido en uno de los actores españoles con mayor proyección dentro del ecosistema europeo de semiconductores, un sector que Bruselas considera estratégico para reducir la dependencia tecnológica del continente respecto a Asia y Estados Unidos.
La operación, todavía en negociación, reforzaría además la sintonía entre ACS y las administraciones públicas en un momento en el que España trata de posicionarse como uno de los polos tecnológicos del sur de Europa. Esa colaboración ya tiene un exponente claro en el proyecto de la gigafactoría europea de centros de datos de Móra la Nova.
La iniciativa, impulsada por un consorcio en el que participan ACS, Telefónica y Banco Santander, cuenta con el respaldo del Gobierno y de la Generalitat y aspira a convertirse en uno de los mayores complejos europeos dedicados a la infraestructura digital.
El proyecto prevé desarrollar un gran campus de centros de datos alimentado por energía renovable y con capacidad para atraer inversiones multimillonarias vinculadas a la inteligencia artificial y la computación en la nube.
La elección de Móra la Nova responde a factores como la disponibilidad de suelo, el acceso a energía y la capacidad para desplegar nuevas infraestructuras eléctricas y de telecomunicaciones, elementos que se han convertido en determinantes para este tipo de instalaciones.
Tanto el Ejecutivo central como el Govern consideran la iniciativa un proyecto estratégico por su potencial para atraer inversión internacional, generar empleo cualificado y fortalecer la posición de España en la economía digital.

La negociación para entrar en Openchip llega precisamente cuando ACS intensifica su apuesta por este tipo de negocios tecnológicos.
En los últimos meses, el grupo ha anunciado inversiones y proyectos relacionados con centros de datos tanto en España como en otros mercados internacionales, convencido de que la demanda de capacidad de procesamiento seguirá creciendo al calor de la expansión de la inteligencia artificial generativa.
La entrada en una empresa dedicada al diseño de chips supondría ampliar esa estrategia hacia una actividad de mayor contenido tecnológico. Mientras los centros de datos representan la infraestructura física donde se ejecutan los modelos de inteligencia artificial, los semiconductores constituyen el componente esencial que hace posible esa capacidad de cálculo.
Aunque se trata de mercados diferentes, ambos forman parte de una misma cadena industrial que está concentrando miles de millones de euros de inversión en todo el mundo.
Para Florentino Pérez, la operación también consolidaría la evolución de ACS desde un grupo centrado en la construcción hacia una compañía con presencia creciente en infraestructuras críticas para la nueva economía.
La diversificación hacia la energía, las redes eléctricas, los centros de datos y ahora, potencialmente, los semiconductores, responde a una estrategia orientada a aprovechar los grandes ciclos inversores asociados a la transición energética y la revolución digital.
Desde el punto de vista institucional, la negociación refuerza igualmente la imagen de ACS como un aliado de referencia para las administraciones en el desarrollo de proyectos considerados estratégicos.
La colaboración en la gigafactoría de Móra la Nova ya había situado a la empresa entre los principales socios privados del Gobierno y de la Generalitat en materia de infraestructuras digitales.
ACS, con miras a una economía global
La posible incorporación a Openchip ampliaría esa relación hacia otro ámbito igualmente prioritario para la política industrial europea.
Aunque por el momento las conversaciones continúan abiertas y no existe un acuerdo definitivo, el interés de ACS por Openchip confirma la dirección que está tomando el grupo de Florentino Pérez.

Más allá del negocio constructor, la compañía quiere ocupar una posición relevante en los sectores llamados a definir la competitividad industrial de Europa durante las próximas décadas.
Y en ese camino, tanto el proyecto de Móra la Nova como la negociación para entrar en Openchip reflejan un mismo movimiento: la creciente convergencia entre el capital privado y las grandes apuestas tecnológicas impulsadas desde las administraciones.