El corte ferroviario Madrid-Andalucía cuesta más de un millón de euros al día a Renfe, Ouigo e Iryo
El accidente paraliza un corredor clave de la alta velocidad y deja a las operadoras ante el reto de recuperar viajeros, ingresos y confianza
AVE. Renfe. Iryo.
El accidente ferroviario de Adamuz ha sacudido con fuerza uno de los corredores estratégicos del transporte en España, hasta el punto de provocar un impacto económico diario que supera el millón de euros para las tres grandes operadoras de alta velocidad que operan entre Madrid y Andalucía: Renfe, Iryo y Ouigo. El corte total de la línea, activo desde el pasado 19 de enero y previsto hasta el 7 de febrero, no solo ha alterado la movilidad de cientos de miles de viajeros, sino que ha puesto a prueba la viabilidad financiera de un modelo liberalizado que vive de la ocupación y del volumen.
Un corredor clave paralizado durante casi tres semanas
La interrupción del tráfico ferroviario en la conexión Madrid-Andalucía supone uno de los mayores golpes recientes al sistema de alta velocidad español. Se trata de una infraestructura crítica, no solo por volumen de pasajeros, sino por su papel vertebrador entre el centro peninsular y uno de los principales polos turísticos y económicos del país. Durante 20 días, ningún tren de alta velocidad ha podido circular entre Madrid y destinos como Sevilla o Málaga.
El calendario del corte agrava aún más el impacto, ya que coincide con un mes tradicionalmente activo en viajes de negocio y eventos profesionales. Enero, pese a ser temporada baja en turismo vacacional, concentra ferias de primer nivel como Fitur o Madrid Fusión, que generan una elevada demanda de desplazamientos rápidos entre ciudades. La ausencia del tren ha obligado a miles de viajeros a buscar alternativas menos competitivas.
El anuncio del ministro de Transportes, Óscar Puente, fijando el 7 de febrero como fecha de reapertura, ha puesto un horizonte temporal al problema, pero no reduce el daño ya causado. Cada día sin tren supone ingresos que no se recuperan y clientes que pueden cambiar de hábito de forma permanente.
Más de un millón de euros diarios en ingresos perdidos
Las estimaciones realizadas a partir de datos sectoriales apuntan a pérdidas superiores a los 1,1 millones de euros diarios para el conjunto de Renfe, Iryo y Ouigo. En total, el impacto económico directo del corte podría superar los 22,5 millones de euros, una cifra que refleja la enorme dependencia de las operadoras del tráfico continuo y la elevada intensidad competitiva del corredor.
El cálculo se apoya en los últimos datos disponibles de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que sitúan el ingreso medio por viajero en algo más de 30 euros en estas rutas. A partir de ahí, se proyecta el volumen de pasajeros que previsiblemente habrían utilizado el tren durante estas tres semanas, en un contexto de crecimiento sostenido de la demanda.
La liberalización del ferrocarril había impulsado un aumento acumulado de viajeros superior al 15% en 2025, gracias a la entrada de nuevos operadores, la multiplicación de frecuencias y una intensa guerra de precios. Este crecimiento hace que el daño económico sea mayor ahora que en ejercicios anteriores, cuando el mercado era más pequeño y menos dinámico.
Renfe, la más afectada; Ouigo, el impacto más relativo
Por volumen y cuota de mercado, Renfe es la compañía que más está sufriendo el parón, con unas pérdidas estimadas de más de 15 millones de euros durante el periodo de cierre. Sus servicios AVE y Avlo concentran la mayor parte de la oferta y del tráfico en el corredor, lo que multiplica su exposición a cualquier interrupción prolongada.
Iryo, el operador participado por Trenitalia, Air Nostrum y Globalvia, afronta un impacto cercano a los cinco millones de euros. Aunque su cuota es menor, su modelo de negocio, muy apoyado en la alta rotación de plazas y en el crecimiento de frecuencias, se resiente especialmente cuando la infraestructura deja de estar disponible.
El caso de Ouigo es más complejo, ya que el corte ha tenido un efecto colateral inesperado. La operadora francesa atravesaba problemas técnicos en su flota a comienzos de enero, con cancelaciones y retrasos que estaban dañando su reputación y generando costes adicionales. La suspensión total del tráfico ha permitido ganar tiempo para reorganizar trenes y reducir la presión operativa.

Cientos de miles de pasajeros forzados a buscar alternativas
El cierre del corredor ha dejado sin tren a más de 670.000 pasajeros potenciales, según las proyecciones basadas en la demanda trimestral. Muchos de ellos han optado por el avión, el coche o trayectos ferroviarios alternativos mucho más largos, lo que supone una pérdida clara de competitividad para el ferrocarril frente a otros medios.
Este trasvase hacia el transporte aéreo preocupa especialmente a las operadoras, ya que puede consolidar nuevos hábitos de viaje. Las aerolíneas han reaccionado aumentando frecuencias hacia el sur, captando a viajeros que antes elegían el tren por comodidad, precio y sostenibilidad.
Además del impacto inmediato, existe un riesgo reputacional para el conjunto del sistema ferroviario, que había logrado posicionarse como una alternativa fiable y eficiente. Recuperar la confianza de los usuarios será tan importante como restablecer la circulación.
Un coste real aún mayor del que reflejan las cifras
Las pérdidas estimadas no incluyen todos los servicios afectados, lo que sugiere que el agujero económico real será sensiblemente superior. Quedan fuera del cálculo los trenes Alvia e Intercity que conectan Madrid con Cádiz, Huelva o Almería, así como el AVE a Granada, todos ellos claves para la cohesión territorial.
Estos servicios se están prestando con recorridos alternativos de más de ocho horas, con tarifas unificadas y ocupaciones relativamente altas, pero con una rentabilidad muy inferior a la habitual. La ausencia de datos desagregados impide cuantificar con precisión este impacto adicional.
A ello se suman otros problemas en la red ferroviaria, como las restricciones de velocidad en el corredor de Barcelona, que han obligado a indemnizar a miles de viajeros. Todo apunta a que el coste total del episodio podría superar los 25 millones de euros.
Un test de estrés para la alta velocidad liberalizada
El accidente de Adamuz se ha convertido en un auténtico test de estrés para el modelo ferroviario español, basado en la competencia, la alta ocupación y márgenes ajustados. La dependencia absoluta de la infraestructura demuestra que cualquier interrupción prolongada tiene efectos inmediatos sobre la cuenta de resultados.
A pocos días de la reapertura anunciada, Renfe, Iryo y Ouigo afrontan ahora el reto de normalizar el servicio, reprogramar operaciones y recuperar viajeros. El corredor Madrid-Andalucía, epicentro de la llamada “guerra de trenes”, deberá demostrar que sigue siendo el gran motor de crecimiento del ferrocarril en España pese al duro golpe sufrido.