El deterioro de las infraestructuras hunde un 9% la circulación de trenes de Renfe
Las restricciones de velocidad y la falta de mantenimiento reducen servicios y disparan los retrasos en la red ferroviaria
Foto Renfe
El estado de las infraestructuras ferroviarias ha empezado a reflejarse con claridad en los datos de circulación de Renfe, que ha cerrado enero de 2026 con una caída significativa en el número de trayectos realizados. La reducción de velocidades en distintos tramos de la red, aplicada por Adif tras varios incidentes recientes, ha provocado un descenso del 9% en las circulaciones respecto al mes anterior, una cifra que evidencia el impacto directo del deterioro de las vías sobre el servicio ferroviario.
El accidente registrado en Adamuz ha marcado un punto de inflexión en la operativa ferroviaria, al obligar a reforzar las medidas de seguridad y a revisar las condiciones de circulación en numerosos tramos. Estas decisiones, orientadas a prevenir nuevos siniestros, han tenido como consecuencia inmediata una menor capacidad de la red para absorber el volumen habitual de trenes, especialmente en servicios de media y larga distancia.
Los datos internos de Renfe confirman este retroceso en la actividad, al pasar de más de 8.500 trayectos realizados en diciembre a poco más de 7.800 en enero. La diferencia, cercana a las 750 circulaciones menos en solo un mes, refleja un ajuste operativo forzado que afecta tanto a la planificación de servicios como a la experiencia de los usuarios.
Menos trenes y trayectos más largos
La reducción de la velocidad máxima en determinados tramos ha alterado los tiempos de viaje y la rotación del material rodante, lo que impide mantener los mismos niveles de frecuencia. Cada tren necesita ahora más tiempo para completar su recorrido, lo que limita la posibilidad de programar nuevos servicios sin incrementar de forma notable los costes operativos.
Este efecto dominó se ha dejado sentir especialmente en corredores con infraestructuras más envejecidas, donde las restricciones de velocidad son más severas y prolongadas. En estos puntos, el deterioro acumulado de la red obliga a extremar la precaución, aunque ello suponga sacrificar capacidad y regularidad en la oferta ferroviaria.
Desde el sector se advierte de que estas limitaciones podrían prolongarse en el tiempo si no se acometen actuaciones de mantenimiento intensivas. La falta de intervención inmediata no solo condiciona el número de trenes en circulación, sino que compromete la competitividad del ferrocarril frente a otros modos de transporte, en un contexto en el que la demanda de movilidad sostenible sigue creciendo.
La puntualidad, otra gran víctima del deterioro
El impacto del mal estado de las infraestructuras no se limita a la reducción de servicios, sino que se extiende a uno de los indicadores más sensibles para los viajeros: la puntualidad. Los informes de Renfe reflejan un deterioro acusado en los tiempos de llegada, con retrasos cada vez más frecuentes desde los últimos incidentes ferroviarios.
Uno de cada tres trenes ya no cumple los estándares habituales de puntualidad, una cifra que supone un retroceso notable respecto a los meses anteriores. Las restricciones de velocidad y las incidencias en la red han provocado un aumento de los retrasos superiores a cinco y diez minutos, afectando tanto a trayectos cortos como a servicios de largo recorrido.
La evolución de los datos muestra una caída abrupta en los niveles de puntualidad más exigentes, con un descenso cercano a los veinte puntos porcentuales en los trenes que llegan con menos de cinco minutos de demora. Este deterioro se traduce en una mayor incertidumbre para los pasajeros y en una pérdida de confianza en la fiabilidad del servicio.

Incidencias externas y red saturada
El peso de las incidencias ajenas a la propia operación de Renfe se ha incrementado de forma significativa, hasta concentrar la mayor parte de los minutos de retraso acumulados. Problemas relacionados con el estado de las vías, señalización o limitaciones temporales impuestas por Adif explican buena parte de estas demoras.
Este aumento de las incidencias externas pone de manifiesto la fragilidad de la infraestructura, especialmente en una red que soporta un alto volumen de tráfico y que requiere inversiones constantes para mantener unos niveles adecuados de seguridad y eficiencia. Cuando el margen de maniobra se reduce, cualquier fallo tiene un impacto inmediato en la circulación.
La situación es especialmente delicada en la red convencional, donde el envejecimiento de las instalaciones es más acusado y las necesidades de mantenimiento se acumulan desde hace años. La combinación de tráfico intenso y falta de renovación ha creado un escenario propicio para restricciones operativas como las actuales.
Acuerdo sindical y refuerzo de plantillas
En paralelo a este contexto complejo, el conflicto laboral en el sector ferroviario ha quedado en suspenso tras un acuerdo entre sindicatos y el Ministerio de Transportes, que ha permitido desconvocar una huelga prevista para varios días de febrero. El entendimiento alcanzado introduce medidas orientadas a reforzar la seguridad y la capacidad operativa del sistema.
Uno de los pilares del acuerdo es el aumento de las plantillas en Adif y Renfe, con la incorporación de miles de nuevos efectivos en los próximos años. El objetivo es reducir la carga de trabajo, minimizar el riesgo de errores humanos y mejorar la gestión del mantenimiento y la operación diaria de los trenes.
Estas incorporaciones se distribuirán entre áreas clave como conducción, mantenimiento, estaciones y centros de control, reforzando especialmente aquellos servicios más afectados por el aumento de incidencias y retrasos. El refuerzo de personal se considera un paso imprescindible para sostener la actividad mientras se acometen las mejoras en la infraestructura.
Más inversión para frenar el deterioro
El acuerdo también contempla un plan de choque inversor para el mantenimiento de la red ferroviaria, con un aumento significativo de los recursos destinados tanto a la red convencional como a la de alta velocidad. Este refuerzo presupuestario busca revertir años de infrafinanciación y responder a los problemas estructurales detectados.
La inversión adicional prevista supera ampliamente los niveles inicialmente programados, con el foco puesto en actuaciones que mejoren la seguridad, la fiabilidad y la capacidad de la red. La modernización de infraestructuras clave se presenta como la única vía para recuperar la normalidad en la circulación y la puntualidad.
Mientras estas medidas se materializan, Renfe seguirá operando en un escenario de restricciones y ajustes, con menos trenes en circulación y mayores dificultades para cumplir los horarios. El desafío inmediato pasa por garantizar la seguridad sin renunciar a un servicio ferroviario competitivo, en un momento en el que el ferrocarril es esencial para la movilidad y la cohesión territorial.