Brugera, el ignaciano que salvó Colonial

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El nuevo presidente del Cercle d'Economía, coleccionista de arte religioso, ha saneado al grupo inmobiliario y se quitó de encima a Villar Mir

Josep María Cortés

Colonial recupera posiciones en la guerra con Axiare. Juan José Brugera, presidente de Colonial, en una imagen de archivo. EFE/ED/archivo
Colonial recupera posiciones en la guerra con Axiare. Juan José Brugera, presidente de Colonial, en una imagen de archivo. EFE/ED/archivo

Barcelona, 25 de julio de 2016 (01:00 CET)

La cultura después de la devastación. En el paisaje después de la batalla, Juan José Brugera, el presidente de Inmobiliaria Colonial propuesto a la presidencia del Cercle d'Economia, es la imagen del estandarte despojado y limpio del que abusaron Cocteau y Malraux para resumir que "lo vale queda".

En el último capítulo del Titanic del ladrillo, Sacyr y OHL salieron del Ibex para poblar el ciberespacio. Acuciada por los pasivos, el holding de Villar Mir vendió no hace mucho el 5% que le quedaba de Inmobiliaria Colonial y, en aquel mismo momento, los gestores de la empresa catalana hincharon sus pulmones: Colonial perdía (¡al fin!) a Villar Mir, y a la vez ganaba a un socio granítico: el fondo soberano, Qatar Investments Authority, nada menos.

La inmobiliaria ya saneada cuenta con activos valorados en más de 7.000 millones de euros y una facturación promedio superior a los 300 millones. Y además, ahora, Ali Jassim Al Thani, miembro de la familia real de Qatar, se sienta, a la derecha de Juan José Brugera, en el consejo de administración de la empresa en sustitución de los Villar Mir, que ya renunciaron al cargo al vender un 10% para hacer frente a la ampliación de OHL. Qatar es Qatar y, la verdad, a los Barça les vendría bien un seminario de Juanjo.

El coleccionista de retablos

Dicen sus colaboradores que Brugera tiene un sentido franco de la medida. Digamos que hay algo en él del modo de vivir goethiano; es fácil unir arte y bondad, cuando uno colecciona iconos rusos, griegos, armenios, georgianos y de otros países que van desde el mundo eslavo hasta los confines del Asia Menor. Pero hay más: la mayor parte de su colección -200 retablos- la ha depositado en el Museo de la Abadía de Montserrat. Nadie podrá acusar de egoísmo a este servidor de Bizancio. Y es que en nuestro país, ser coleccionista "no es exactamente lo mismo de coleccionar", como observó Jesús Aguirre, aquel ex jesuita y consorte de Cayetana de Alba.

Ahí tenemos a Josep Sunyol y a Vila-Casas, en materia de arte contemporáneo, o a la viuda de Guardans, donando la colección Cambó de arte románico al MNAC (con medio siglo de retraso), del mismo modo que antes tuvimos a Folch Rusiñol (Titán), coloso amasador de arte primitivo. Ejemplos todos del fecundo cruce entre privacidad y cultura.

Si el presidente colecciona íconos, la empresa colecciona joyas, pero urbanísticas. Colonial extiende sus activos, en el número dos de la Place de Palais Royal, a tiro de piedra de la ópera de Garnier, en pleno corazón de París, una galería a la que los coleccionistas bautizaron como el Louvre de los Anticuarios. Ha desbancado a los camafeos y a los silloncitos Luis XVI. Colonial presume ahora de haber puesto una pica en el Flandes de las vanguardias, siempre que el siglo XXI sea capaz de producir algo más que conceptos y collages fotográficos.

Las pujas en Colonial

Brugera es un negociador duro: suaviter in modo, fortitier in re (suave en la forma, fuerte en el contenido), el principio de Aquaviva, que ha guiado a estrategas y hombres de empresa. En los anaqueles de su biblioteca, en el corazón verde de Collserola, conviven Roth, Milosz, Zweig o Canetti. Tal vez se sienta un barón Trotta (La marcha Radetzky) sorbiendo París, como el personaje de Roth quiso reconquistar la esencia de la Viena de Francisco José. La inmobiliaria adquirió un edificio art decó (así le llaman los pedantes al modernismo) de 6.000 metros cuadrados en la avenida Percier y ostenta la propiedaddel edificio sede de la OCDE en la mismo capital francesa.

En los últimos compases de la reflotación de Colonial, Brugera sorteó un triángulo maldito: Villar Mir, su hijo Jr, y su escurridizo yerno, López Madrid, poniendo a salvo la memoria de Josep Piqué, maquillador de OHL y uno de los mejores ex presidentes del Cercle. Huele a proeza. De hecho, el 2016 empezó con buen pie, en el momento en que el magnate Allan Gray, conocido como el Warren Buffet sudafricano, entró en el accionariado de Colonial comprando en bolsa.

Más recientemente, el consejo de la inmobiliaria llevó a la andorrana Maria Reig (patrona del Mandarín, un hotel con rampa invasiva sobre la acera noble del Paseo de Gràcia) a canjear su 4,4% del socio francés SFL por el 2,5% de Colonial y, paralelamente, forjó una alianza con el grupo Finaccess, que ahora ya controla el 8,1%.

El círculo de Brugera

Colonial piensa a medio y largo plazo, dispuesta a convertirse en un gigante. Pero con dos objetivos a corto: ganar tamaño y financiarse a menor coste. Muchos se preguntan cuál es el secreto de Brugera; y no hay otro: las buenas compañías, además de mantener siempre un capital flotante en bolsa, que actúa de barrera invisible y flanquea el acceso a inversores amigos.

¿Dónde aprendió? Camino de Loyola, cercleando en la Casa Arnús, con los Costas, Alberich, Borrel y compañía. Y fichando siempre a los mejores, entre ellos Pere Viñolas, el CEO de Colonial y ex jefe de estudios de la Bolsa de Barcelona, que puso en vereda el desaguisado del llorado Planasdemunt.

Eficacia y principios; lo sabe bien este ignaciano, germinado en la Escuela Universitaria de Terrassa, que presidió Alumni, la asociación de ex alumnos de Esade.

El que será nuevo presidente del Cercle ha salvado el negocio de Colonial gracias, en parte, al dinero de un ex ministro de los años del hierro. Vale lo que pesa, sí. Pero la cultura se transporta como lo hacía Tristam Shandy, no se deja dormir como un valor raíz que mañana será materializado por un precio incalculable. Brugera todavía no es portátil. Y es que un hombre de metro noventa no cabe en una maleta, aunque sea la de Portbou. 

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