Change.org pierde de vista sus orígenes con campañas sin compromiso social

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La plataforma tiene una alta penetración en España donde, además de solicitudes para resolver problemas, se piden firmas para apoyar propuestas extrañas

Ben Rattray, fundador y director ejecutivo de Change.org

Barcelona, 17 de abril de 2016 (01:00 CET)

Uno de cada cuatro usuarios de Internet en España ha puesto su firma –virtual- en Change.org, que por su volumen de seguidores y alcance de sus campañas, es la mayor plataforma de peticiones del mundo. Con nueve millones de adherentes, el país es líder en seguidores en proporción a su población.

La razón del éxito de Change.org es "por la brecha existente entre ciudadanía y políticos", dice Albert Medrán, director de comunicación de esta plataforma. "Los canales formales de participación, como la iniciativa legislativa popular, el referéndum o el derecho a petición no funcionan, y los ciudadanos buscan maneras alternativas para hacerlo".

Como cuando se baja a la calle y se escuchan quejas de todos los colores y calibres, en Change.org también hay propuestas serias y ridículas.

En las primeras, están las 300.000 firmas que permitieron que bajen los precios de los libros de texto, las 364.000 personas que apoyaron al estudiante Cristian González para que pueda desplazarse con su silla de ruedas en los trenes de cercanías, o los 365.000 pedidos que lograron la financiación de una investigación contra el cáncer.

Pedidos ridículos que pretenden ser serios

Pero también hay propuestas que se toman en broma, o que parecen ridículas pero que tienen toda la intención de ser serias.

Emoticono de tortilla de patatas: a Julio Muñoz Gijón le fastidia que entre los emoticones de WhatsApp haya hamburguesas, sushi, espaguetis y patatas, pero de gastronomía española, nada de nada. Por ello propuso que The Unicode Standard incorpore una porción de este plato ibérico entre sus símbolos.

Quitar una muñeca que entrena delfines: la empresa de juguetes Famosa Toy Store retiró del mercado a Nancy, una muñeca que trabaja en un oceanario con estos mamíferos marinos, después que la iniciativa de la Associació Cetácea fuera apoyada por casi 19.000 personas.

Que a Dory la doble Anabel Alonso: cuando Pixar presentó el trailer de Buscando a Dory, a muchos le chirriaba la voz de la nueva dobladora. Y comenzó la campaña para que el doblaje lo vuelva a hacer Anabel Alonso, que había puesto la voz del despistado pez en Buscando a Nemo. Y funcionó: la actriz volverá a encarnar a Doris para el público español.

Una Barbie sin pelo: una campaña intentó que Mattel, la fabricante de la popular muñeca, lance al mercado un modelo calva de Barbie, en apoyo de las niñas y niños que sufren de cáncer, y que vean que ser calvo no es incompatible con la belleza. La empresa no aceptó el pedido, pero sí respondió a la solicitud recordando las acciones solidarias que realiza periódicamente.

Que vuelvan las tazas de Pokemon: por estas incomprendidas razones de marketing, Pepsico decidió dar por terminada la inclusión de tazos de Pikachu y compañía en sus productos como Doritos o Cheetos. Más de 15.000 coleccionistas y seguidores de Pokemon solicitan a la empresa alimentaria que vuelvan a lanzar estos productos.

Una plaza para David Bowie: pocos días después de la muerte del músico británico, comenzó a rodar el pedido para que la plaza de Juan Puyol, en el barrio madrileño de Malasaña, pase a llamarse David Bowie. Ya están cerca de llegar a los 2.000 adherentes, pero todavía el ayuntamiento de Madrid no dijo si aceptaba la idea. Una propuesta similar quiere ser implementada en Murcia, pero da igual que sea una calle o plaza.

También Change.org aceptó propuestas que han tenido repercusión, y que han sido impulsadas en tono de broma, como que el Día de San Valentín pase a llamarse Día de San Bertín (en homenaje al carisma del cantante y conductor Bertín Osborne), que en los colegios se quite la asignatura de religión por la enseñanza del sexo oral, o que el periodista Nico Abad deje de transmitir las carreras de Moto GP.

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